Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

LOS NOMBRES DEL GOCE
-Real: Simbólico: Imaginario-

CUESTIONES LACANIANAS O LA FUNDACIÓN DE UN NOMBRE PROPIO

CAPÍTULO XII

CUESTIONES LACANIANAS

Nadie puede nombrar psicoanalista a nadie.
Dar anillos a iniciados no es nombrar:
El analista no se hystoriza más que por sí mismo.
Aun cuando se haga confirmar por una jerarquía.
J. Lacan

Hemos trabajado la cuestión de la neurosis de transferencia, ahí donde el psicoanalista es síntoma (sinthome) para el analizante, eso que le va a permitir su psicoanálisis.

También dijimos que el sujeto tiene que hacer del complejo de Edipo un síntoma (sinthome), es decir del padre un síntoma (sinthome), para que haya Edipo, para que haya Nombre-del-Padre para él.

Para cada sexo el otro sexo tiene que llegar a ser un síntoma, la madre para serlo tiene que ser un síntoma del padre.

Y síntoma es algo del orden de la creencia y está en relación a la verdad.

Una mujer para un hombre es la hora de la verdad, por eso el hombre tiene menos dificultades en afrontar a un enemigo en el plano de la rivalidad que afrontar a una mujer, en tanto ella es el soporte de esta verdad: que hay apariencia en la relación del hombre y la mujer, en tanto no hay relación sexual.

Todo esto nos permite pensar que según qué mujer tenga un hombre así es su síntoma, es decir que el síntoma de su mujer es la prolongación de su síntoma, o bien el síntoma de un hijo es la prolongación del síntoma de los padres.

Todo esto visto en el tratamiento psicoanalítico, en tanto se trata de lo que el síntoma del otro le diga a cada uno. Es decir que es en la escucha analítica que esto se da, es cuando un hombre habla de lo que le pasa a su pareja, es cuando la madre habla de lo que le pasa a su hijo, es cuando pone en juego sus creencias, cuando dice creo que a mi mujer le pasa esto y aquello, creo que a mi hijo le pasa esto y lo otro.

Recordemos cuando Lacan hace el estudio sobre Joyce y se detiene en la cuestión de su hija Lucía, en la creencia que Joyce tiene respecto a su hija Lucía, a la cual denomina telépata, cuando en realidad por la psiquiatría está diagnosticada de esquizofrénica.

Así podemos decir que el síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar. Pero también para ser hijo de esa mujer tiene que ocupar el lugar de sinthome para ella.

Sabemos también que el síntoma está en relación a la verdad, que se define como representante de la verdad. El síntoma puede representar la verdad de la pareja familiar.

Cuando el síntoma compete a la subjetividad de la madre, el niño está involucrado como correlativo de un fantasma. Cuando la distancia entre la identificación con el ideal del Yo y la parte tomada del deseo de la madre no tiene mediación por la función paterna, el niño queda expuesto a todas las capturas fantasmáticas. Se convierte en el objeto de la madre y su única función es develar la verdad de este objeto. El niño realiza la presencia del objeto "a". Satura de este modo, sustituyéndose a ese objeto, el modo de falta en el que se especifica el deseo de la madre, sea cual fuere la estructura especial de este deseo: neurótico, perverso o psicótico.

El niño aliena en él todo acceso posible de la madre a su propia verdad, dándole cuerpo, existencia e incluso la protege de su verdad.

El síntoma somático garantiza este desconocimiento, es el recurso inagotable.

El síntoma respecto a los padres siempre tiene que ver con las funciones del padre y de la madre, y siempre en torno a sus necesidades estructurales. Respecto a la función de la madre en tanto sus cuidados están signados por un interés particularizado, el de la vía de sus propias carencias. En cuanto a la función del padre, en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley del deseo.

Es por todo esto que podemos decir que cuando un hombre habla de su mujer está hablando de su síntoma, o cuando una madre habla de sus hijos está hablando de su síntoma.

Sabemos también que es en el trayecto pulsional que la sexualidad se abrocha al campo del Otro. La zona erógena se liga por un proceso de borde a la pulsación del inconsciente.

En el libro XI del Seminario Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Lacan nos habla de la libido como puro instinto de vida, de vida inmortal, de vida irreprimible, de una vida que por otra parte no necesita de ningún órgano, de vida simplificada e indestructible. Y de esto son los representantes todas las formas enumerables del objeto "a". Los objetos "a" no son más que sus representantes, sus figuras. El pecho, como equívoco, representa bien la parte de sí mismo que el individuo pierde al nacer, y que puede servir para simbolizar el más recóndito objeto perdido.

Esto esclarece la relación del sujeto con el campo del Otro. El sujeto comienza en el lugar del Otro, en tanto es el lugar donde surge el primer significante. La relación con el Otro hace surgir lo que representa la laminilla, es decir la relación del sujeto viviente con lo que pierde por tener que pasar por el ciclo sexual para reproducirse.

De aquí la afinidad esencial de toda pulsión con la zona de la muerte. El inconsciente se abre y se cierra porque su esencia consiste en marcar el tiempo en que, por nacer como significante, el sujeto nace dividido. El sujeto, es ese que justo antes como sujeto, no era nada, y que apenas aparece como fijado como significante. Por eso decimos que S1 es el significante que representa a un sujeto para S2, es decir otro significante, sujeto que no es ni S1 ni S2, sino , sujeto dividido, sujeto deseante, sujeto del inconsciente.

Así vemos a Lacan en la presentación de enfermos, colocarse en el lugar de S2, marcando expresamente que él espera que le hable a él. Hábleme, déme...conseguirá decírmelo..., No veo por qué no decirme..., etc, o bien la repetición de las últimas palabras de una frase no siempre inconclusa, frases de sostén que abren una interrogación sobre la presencia de lo no-dicho en lo que se dice no. Así como ¿en uno de sus poemas? ¿tuvo un problema sentimental? o bien frases como Continúe..., Tómese su tiempo..., etc... Se desarrolla un interrogatorio que no sugiere asuntos de qué hablar, se advierte que lo esencial no pasa por los contenidos comunicados, aunque no carezcan de importancia. También aparecen reticencias en el diálogo, esas que tienen una función en el diálogo, como ¿es angustiante hablar conmigo? ¿acaso tiene la sensación de que no entiendo nada de todo este asunto suyo? Otras veces las intervenciones son del tipo: "No soy muy receptor, porque es evidente que vacilo en su sistema. Las preguntas que le he hecho prueban que era justamente de usted de quien deseaba más explicaciones...".

Averiguar las relaciones que mantiene con lo que dice, averiguar cuál es la fuente de su enunciación enunciada, averiguar si cree en lo que dice, si duda, si está convencido, si se trata de una sensación, de una experiencia o de una esperanza, si de un sueño nocturno o despierto, averiguar cuáles sus reflexiones sobre las "palabras impuestas", cuál el de las hipótesis explicativas.

El enfermo va dando cuenta de las diferencias entre las palabras sin sentido que se le imponen, las sensaciones telepáticas, etc.

Lacan caracteriza a este caso que presenta como psicosis lacaniana, pues finalizada la entrevista Lacan comenta: "Esto es una psicosis lacaniana...", emplea su nombre para llamar a esta psicosis, psicosis que emplea sus términos como nombres propios, en tanto esto es lo que la caracteriza, que no hay nombre del nombre, sólo hay "palabras impuestas", y sabemos que el nombre propio es siempre impuesto, lo impuesto por excelencia.

Lacan nos dice: "Lo simbólico, lo imaginario y lo real... se han convertido para mí en lo que Fregue dice nombre propio. El único nombre propio en todo esto es el mío. Es la extensión de Lacan a lo simbólico, a lo imaginario y a lo real, lo que les permite a estos tres términos consistir".

El adjetivo lacaniano con el que Lacan caracteriza a estas psicosis responde a la imposibilidad de representación del nombre propio, y al valor de nombre propio que adquieren las representaciones imaginarias.

Lacan nos habla de la jerarquía del nombre propio en la estructura transferencial.

La dimensión del síntoma es que eso habla, habla incluso a aquellos que no saben escuchar, no dice todo, incluso a aquellos que lo saben.

Y se habla de Discurso del Amo cuando el significante amo, S1, está en cierto lugar; de Discurso Universitario cuando cierto saber, S2 ocupa también ese lugar. De Discurso de la Histeria cuando el sujeto, , en su división fundadora del inconsciente se sitúa allí, y por último, cuando está ocupado por el plus goce hablamos de Discurso Analítico.

La demanda de análisis no es solamente el hecho de ir a la consulta de un psicoanalista, tiene que haber una demanda particular para que pueda considerarse demanda de análisis, en tanto sólo hay inconsciente particular, no hay inconsciente colectivo. Si no se produce la demanda particular se puede indicar al sujeto que vuelva a llamar, que interrumpa por ahora su intención de comenzar, que lo haga más adelante, o bien en la misma entrevista hacer una escansión y decir: comencemos de nuevo. Si se produce la demanda de análisis quiere decir que el sujeto pone al psicoanalista en el lugar del Otro, pueden comenzar las entrevistas preliminares. El sujeto quedará determinado por la demanda, por eso el sujeto es aquel que la demanda determina.

Todo comienza cuando el sujeto llama por teléfono, pero las entrevistas preliminares se denominan preliminares cuando el tratamiento está en marcha. No hay entrevistas preliminares sino cuando el tratamiento ha comenzado, entrevistas preliminares que pueden durar meses e incluso años. Lacan decía: No le proponga diván, siga trabajando con él en entrevistas preliminares. Y podemos considerar que hay preliminares respecto al diván y preliminares desde la perspectiva del fin de análisis. Y esto porque el fantasma que soporta el deseo del analista es el fantasma de fin de análisis.

Se puede distinguir el objeto "a", de las especies de objeto "a" y de las representaciones clínicas de objeto "a", pues no es lo mismo el objeto "a", que el seno, el excremento, la mirada, la voz, y que -fi (-j). Podemos decir que la pulsión se da un objeto en función de la zona erógena, incluso puede tomar su nombre de la zona erógena, y se habla de pulsión oral, pulsión anal, pulsión escópica, pulsión invocante... en las cuales va implícito las especies de objeto "a". Mientras que el objeto "a" hemos dicho muchas veces que no es más que una letra.

Freud plantea la noción de fantasía o fantasma en Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad, trabajo de 1908; plantea que la histérica en el ataque histérico representa a los dos protagonistas de la fantasía sexual subyacente; así, nos dice Freud, la histérica sujeta con sus manos sus vestidos, como si fuera objeto de una violación sexual y con la otra mano intenta desnudarse, como si fuera el hombre agresor; podemos decir que la histérica con una mano acepta la relación sexual y con la otra la rechaza. Sin embargo en el Manuscrito M nos dice que el fantasma tiene que ver con las cosas oídas y que el sueño reactiva las cosas vistas, donde queda el fantasma relacionado con la voz.

En Lacan no se habla de fantasma fundamental sino de estructura del fantasma. En Pegan a un niño Freud plantea una interpretación formal del fantasma, mientras que Lacan plantea la estructura del fantasma en la fórmula donde relaciona el sujeto del inconsciente y el objeto "a".

La noción de sujeto inconsciente no está formalizada en Freud aunque la podemos leer en el trabajo sobre el Fetichismo de 1927 y la Escisión del yo en el proceso de defensa de 1938.

Con la escucha del psicoanalista se participa en la creación de una realidad psíquica, y realidad psíquica es el nombre que Lacan da al fantasma. El fantasma es la forma, la estructura que toma la realidad psíquica; por eso podemos decir que según el fantasma de un sujeto así será su realidad psíquica. En el esquema R, llamado esquema de la realidad, podemos ver que está sostenida por la estructura del fantasma.

Se puede decir es realidad psíquica y se puede decir es fantasma; de ello podemos hablar en términos topológicos y en términos de discurso.

En cuanto a lo real, para el psicoanálisis es el agujero que hace el hecho de que no hay relación sexual; por eso que el objeto de deseo de la histérica no es homosexual, con lo cual quedaría como posible la relación sexual, sino que es el vínculo entre el hombre y la mujer.

El analizante habla porque hay escucha analítica. Tanto analista como analizante tienen que ocupar un lugar que los determina como tales.

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