Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

LOS NOMBRES DEL GOCE
-Real: Simbólico: Imaginario-

CUESTIONES LACANIANAS O LA FUNDACIÓN DE UN NOMBRE PROPIO

Lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario vuelto
un nombre propio. Fundar un nombre propio
es una cosa que hace subir un poquito nuestro
nombre propio.

J. Lacan

LO REAL COMO SINTHOME DE LACAN I

CAPÍTULO IX

Lo real es imposible quiere decir que la castración forcluida retorna en la alucinación, en tanto la castración es imposible de ser eludida.

Lo real es el mundo exterior tal como es, y en este sentido también es imposible, en tanto toda representación es un agregado, un añadido a lo real, en tanto la condición de lo real es que no se puede entrar a ello y no se une a nada. Lo que conocemos de lo real está regido por lo simbólico y no puede representarse sin lo imaginario, pues es mediante el nudo borromeo que Lacan representa lo real, lo simbólico y lo imaginario, tres redondeles anudados de tal manera que si se deshace uno los otros dos también se deshacen. Lo imaginario es un redondel, lo simbólico es otro redondel y lo real es un tercer redondel. Lo real por definición no depende de lo simbólico ni de lo imaginario, es exterior, por ello imposible.

El nudo borromeo representa la imbricación de lo real, lo simbólico y lo imaginario, es lo que nos constituye con la condición de añadir un cuarto elemento: el síntoma. El nudo borromeo más el síntoma es la realidad psíquica. Cuando el nudo borromeo lo aplanamos sobre la página, es porque nuestro imaginario le da sentido, por eso podemos decir que todo sentido es un aplanamiento, una mentira, en tanto lo único verdadero es el agujero.

Todo esto podemos decir que nos lo permite lo real de Lacan, pero no es lo real que podemos considerar como síntoma de Lacan.

El saber y la verdad no se corresponden, sólo están en relación mediante el sujeto de la ciencia, sabiendo que el saber no es la ciencia. De la verdad como causa la ciencia no quiere saber nada, lo que es la fórmula de su forclusión; por eso Lacan en el libro de La Etica nos acerca a la idea de que el resultado de la ciencia es que sea una paranoia exitosa, un retorno en lo real exitoso.

Respecto al sujeto, para que la verdad sea causa tiene que acontecer la división del sujeto, esa división que se opera cuando el niño se enfrenta a la castración materna, a la ausencia de pene en la madre, a la no existencia del Otro sin marca. Es ahí donde el abismo se abre ante él si no acepta esta verdad, si se produce en lugar de la ausencia de pene la ausencia de saber.

Podemos decir que el saber y la verdad se sustentan el uno al otro. Sin embargo no debemos olvidar que el saber tiene las apariencias de un fetiche que oculta la verdad de la castración, es decir que el saber siempre tiene algo de indecible, siempre tiene los límites de la verdad que por definición sólo puede ser dicha a medias, sólo puede mal-decirse.

En el capítulo anterior vimos que Lacan trabajaba Joyce el Síntoma, en tanto veíamos que lo que eran palabras impuestas y telepatía en un caso clínico, lo que a un sujeto lo mantenía en el psiquiátrico, en Joyce era un arte; por eso decíamos que las palabras impuestas como escritura era el síntoma de Joyce, era lo que anudaba los elementos de su cadena borromea, es decir lo imaginario, lo simbólico y lo real. En cuanto al aspecto de la telepatía Joyce lo descubría en su hija Lucía, algo que consideramos era una prolongación de su propio síntoma.

Respecto a la orientación del nudo borromeo decíamos que dependía de la orientación de lo real, real en lo cual quedaba forcluido el sentido, forclusión que cuando no se producía, y por lo tanto no se producía la ex-sistencia del nudo, esto tenía la consecuencia de que hacía funcionar la forclusión del Nombre-del-Padre.

Forclusión que en Joyce no se produce en tanto el síntoma de la escritura, el romper y descomponer, de lo cual hace un arte, es lo que anuda los elementos de la cadena; podríamos decir que se ha producido la forclusión del sentido por la orientación de lo real, por eso no funciona la carencia paterna.

Desde el surgimiento del psicoanálisis en el horizonte de las ciencias conjeturales sabemos que uno no se reconoce jamás, en tanto hay lo inconsciente. Cuando se reconoce, es sólo en lo que tiene, jamás en lo que es. Y éste es el primer paso del psicoanálisis.

En cuanto a lo que es, refiere a la cópula por el verbo ser, en tanto el lenguaje tiene una inclinación por la cópula, decimos que es de vueltas sinuosas, totalmente vejiga, es decir oscura, y esto es una metáfora, pues si tuviéramos una pista de real la luz no es más oscura que las tinieblas, ni las tinieblas menos oscuras que la luz.

La metáfora cópula es la manera como procede el inconsciente. No da sino trazos, y trazos que se borran ellos solos; además todo uso del discurso tiende a borrar tanto el discurso analítico como los otros. Lacan dice a los que le escuchan que ellos mismos sólo piensan en borrar los trazos de su discurso, discurso que cobra su status a partir de hacer apariencia del objeto "a", es decir, cuando el objeto "a" ocupa el lugar de agente o de apariencia:

El hombre se pone en lugar del desecho, lo mismo que el psicoanalista, pues es necesario pasar por ese desecho para poder reencontrar algo que sea del orden de lo real.

Y Lacan nos dice reencontrar porque no se reencuentra, no se hace más que girar en redondo, por eso decimos que no hay progreso sino marcado por la muerte, hacer con ella una pulsión, por eso decimos que la pulsión de muerte es lo real en tanto que no puede ser pensado sino como imposible, es decir cada vez que muestra algo, es impensable.

Abordar este imposible no puede constituir una esperanza, puesto que este impensable es la muerte y lo que da fundamento a lo real es que la muerte no puede ser pensada.

En cuanto a la historia, es el más grande de los fantasmas y detrás de la historia (la historia de los hechos en los cuales se interesan los historiadores) está el mito.

Joyce tenía un gran desprecio por la historia y la califica de tormento, tormento nos dice cuyo carácter es dejar caer sobre nosotros los grandes males que nos hacen tanto mal; sin embargo cuando testimonia del síntoma de Dublin no encuentra otra solución que escribir Finnegan 's Wake, un sueño que como todo sueño es un tormento, y es el mito Vico el que sostiene Finnegan's Wake, es un tormento pero un tormento atemperado y el soñador no es, en él, ningún personaje en particular, es el sueño mismo.

Y es por esto, por ser el sueño, que podemos decir que hay en Joyce un deslizamiento hacia Jung, hacia el inconsciente colectivo, haciendo del inconsciente colectivo un síntoma.

Lo que avanza es el síntoma, síntoma que no se puede hacer nada para analizarlo. Lacan se pregunta si un católico es analizable, como ya antes se había preguntado si un japonés es analizable.

La , que también puede ser la primera letra del término fantasma; esta letra sitúa las relaciones de lo que Lacan denomina función de fonación. Ésta es la esencia de , una función de fonación que se encuentra siendo sustitutiva del macho llamado hombre como tal. El significante de la falta en el Otro, , es otra cosa. No es con eso que el hombre hace el amor, el hombre hace el amor con su inconsciente y nada más.

Respecto a si los japoneses son analizables, Lacan refiere al erotismo donde la mujer fantasmea matar al hombre, algo que impide el reencuentro. El instrumento con el cual se opera para la copulación es para poner el encuentro, que no es lo mismo tampoco que el que se trata en , que marca que no hay Otro, que hay que distinguirlo de donde hay suplencia, es decir del Otro como lugar del inconsciente que Lacan dice que es como (con) eso que el hombre hace el amor, en el sentido de que como eso es el compañero.

La barra en , dice que no hay Otro que respondería como compañero, siendo toda la necesidad de la especie humana que no hay Otro del Otro. Eso es lo que se llama Dios y que el análisis desvela que simplemente es La mujer.

La que no existe, y la única manera que permite suponerla La mujer es que, como Dios, ella sea ponedora. El psicoanálisis nos permite darnos cuenta que todavía el mito La, hace toda salir de una madre sola, es decir, Eva; sin embargo no hay sino ponedoras particulares y eso quiere decir el significante de que no hay Otro del Otro.

Lacan nos dice que todo podría decirse de otro modo, tratando de hacer locurasofía, algo menos siniestro que el libro llamado de la Sabiduría de la Biblia, la cual aconseja leer, algo que los católicos no hacen a menudo. Se dice que durante siglos el catolicismo consistió en impedir a los tenientes leer la Biblia, para fundar la sabiduría en la falta.

LO REAL ES SIN LEY

Cada uno habla para sí, si el inconsciente tiene un sentido.

Lacan inventó lo que se escribe como real, pero no basta escribirlo, muchos lo hicieron antes que él, sino que ese real Lacan lo escribe bajo la forma de ese nudo borromeo que es una cadena. A uno de esos tres elementos mínimos, lo llama real.

Esos tres elementos encadenados hacen metáfora, no es nada más que metáfora de la cadena. La metáfora de algo que no es sino número se llama cifra. Hay maneras de trazar las cifras, la más simple es la que llama trazo unario. Hacer trazos, puntos, basta para indicar un número. Recordemos el cazador y las muescas que va haciendo por pieza cobrada.

La energética misma no es más que una serie de números de donde se extrae una cantidad constante, y cuando Freud se refiere a ello, no hace de ella sino una metáfora, en tanto sabemos que no hay una constante que ligue el estímulo a la respuesta, ni una idea de energética psíquica.

En la metáfora de la cadena borromea Lacan inventa esta idea de real, pero no es una idea que se sostiene. La idea reducida a su valor analítico, es la idea que viene cuando se está acostado.

Haber enunciado bajo la forma de una escritura lo real tiene el valor de traumatismo, en el sentido de forzamiento de una nueva escritura que, por metáfora, tiene un alcance simbólico, forzamiento que no es del tipo de los que florecen espontáneamente del simple hecho de lo que hace sentido, es decir de lo imaginario.

Esto permite recordar que reminiscencia y rememoración no es lo mismo. Freud distinguió las dos funciones. A la reminiscencia uno se imagina que se la rememora.

La rememoración es algo que forzó, gracias a su idea de impresión, en tanto que suponía que las cosas se imprimían en el sistema nervioso. Sin embargo después de El Proyecto, lo que Freud sostiene como lo inconsciente siempre supone un saber, y un saber hablado. El mínimo que supone el hecho que el inconsciente puede ser interpretado es que sea reductible a un saber.

Este saber exige el mínimo de dos soportes que se llaman términos al simbolizarlos por letras; por eso Lacan la escritura del saber la soporta en S2, mientras que la función soportada en S1, es representar al sujeto conforme a la realidad (realidad que para Lacan está hecha de significantes, por eso S1 será el significante que representa al sujeto para otro significante).

Realidad que nada tiene que ver con lo real de Lacan, en tanto la instancia del saber que Freud remodela bajo la forma de inconsciente, es algo que no supone lo real de lo cual se sirve Lacan.

Lacan vehiculizó muchas cosas freudianas, incluso a la cuestión de la Cosa la tituló La Cosa Freudiana, pero, en lo que se llama lo real, inventó algo que se le impuso.

Lo real aporta el elemento que puede mantener juntos lo simbólico y lo imaginario, es decir, a cosas que son tan extrañas entre sí, y es por eso que lo real lo considera como nada más que su síntoma.

Es la manera de Lacan de llevar la elucubración freudiana, en segundo grado, de llevar el síntoma mismo a segundo grado. Si Freud hizo un descubrimiento, se puede decir que lo real es la respuesta sintomática de Lacan. Aunque reducirla a ser sintomática es también reducir toda invención al síntoma.

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