Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

LOS NOMBRES DEL GOCE
-Real: Simbólico: Imaginario-

TEMPORALIZACIÓN DE LA DI-MENSIÓN DEL DICHO

CAPÍTULO V

LA NOMINACIÓN COMO CUARTO

Podemos decir que entre estructura y topología hay una equivalencia, por eso que para orientarse en la estructura no hay como la topología, no hay como el nudo borromeo.

El nudo borromeo tiene como propiedad que se puede comenzar por no importa cuál. También podemos decir que la metáfora del nudo borromeo es impropia, es un abuso de metáfora porque en realidad no hay cosa que pueda soportar lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real.

Al nudo borromeo se lo llama así, pero no sabemos de dónde viene, no es porque alguien que se llamaba así lo descubrió, aunque Carlos Borromeo lo mantenía en su escudo. Está descubierto desde hace mucho tiempo, lo que asombra es que no se lo haya utilizado más, ya que es una manera de asir las tres dimensiones. Tal vez porque los nudos se imaginan mal, incluso la trenza que decíamos es un nudo borromeo siempre que se hagan seis gestos o un múltiplo de seis.

El nudo borromeo nos enseña que el dos no es la adición de dos unos, sino que el dos no se produce sino por la articulación del uno con el tres, por eso se dice que "el número dos se regocija de ser impar" en tanto es engendrado por los dos impares, uno y tres.

Y tres son las identificaciones que Freud distingue en Psicología de las masas y análisis del yo: por el rasgo unario, por amor en tanto la función del Otro del padre y, por otro lado, la identificación histérica, del deseo con el deseo. Podemos decir que son tres que hacen nudo.

Podemos decir que el amor es cosa de dos y el goce es cosa de tres. Lo propio del goce es que nunca puede saberse nada de él. No ha habido discurso sobre el goce. Se ha hablado de sustancia extensa, de sustancia pensante, pero la definición misma del cuerpo es que es una sustancia gozante, y esto no se enunció nunca. Un cuerpo goza de sí mismo, goza bien o mal, pero ese goce lo introduce en una dialéctica donde hacen falta otros términos para que se sostenga en pie: nada menos que el nudo borromeo.

En el amor en cambio los cuerpos tienden a anudarse, no lo consiguen naturalmente, ni siquiera hay huella de nudo en el cuerpo, en la anatomía del cuerpo no encontramos nudos.

El amor no está hecho para ser abordado por lo imaginario, sólo lo real es historia de nudos, todo el resto puede soñarse. El soñar ha llegado a hacer de una función corporal, el dormir, el deseo. De algo que acontece en todos los animales vivientes, aun los que no son seres hablantes, el ser hablante llega a hacer de él un deseo. Y por esto desea no despertarse.

Podemos decir que los nudos no comportan ninguna suposición, como el inconsciente es distinto que un supuesto, decimos que es un saber en vías de construcción.

Es del tres que se introduce lo real, lo cual no impide que el nudo sea singular.

Decíamos que el amor participa de la identificación, que tenía que ver con el Nombre-del-Padre. Y aquella en quien el Otro se encarna, la madre, es la que tiene que traducir ese nombre por un no (Nom y non), el no que dice el padre, lo que nos introduce en el fundamento de la negación, en el fundamento del juicio. Y es por el desfiladero del significante por el que pasa al ejercicio ese algo que es el amor, ese Nombre-del-Padre, que sólo es no a nivel del decir, y que se amoneda por la voz de la madre en el decir, no de cierto número de prohibiciones, sino que esa dimensión del amor, ese Nombre-del-Padre, se sustituye por "nombrar para". Ser nombrado para algo.

Si definimos el deseo del hombre por ser el deseo del Otro, y es ella, su deseo, la que señala a su cría ese proyecto que se expresa por el "nombrar para". Ser nombrado para algo, es lo que se ve proferir, lo que tiene que ver con el Nombre-del-Padre.

El nudo nada demuestra, solamente muestra, muestra lo que quiere decir la ex-sistencia de un redondel de cuerda, en tanto sólo en él reposa el nudo, ya que de otro modo queda loco.

Aquello que nos posee como sujetos es un deseo, y además es deseo del Otro, deseo por el cual estamos alienados desde el origen.

Como sujetos nos caracterizamos no sólo por no tener ninguna esencia, sino por estar calzados en un cierto nudo, y como sujeto supuesto por ese nudo. Como sujetos no es solamente la esencia lo que nos falta, es decir el ser, sino que nos existe todo lo que hace nudo. Y decir que esto nos existe no quiere decir que existamos allí.

Podemos decir que lo Real mismo es tres: el goce, el cuerpo, la muerte, en la medida en que están anudados, anudados solamente por ese impasse inverificable del sexo, que se vehiculiza por el discurso analítico.

Un triángulo geométricamente hablando tiene tres lados, sin embargo topológicamente tiene un lado.

Decimos que una topología es la que permite captar cómo unos elementos que no están anudados dos a dos pueden sin embargo hacer nudo. Y llamábamos nudo borromeo a lo que se constituye de tal modo que al sustraer, al romper uno de los elementos que lo constituyen todos los otros son igualmente desanudados de cada uno. Esto puede hacerse para un número de ellos tan grande como pueda enunciarse, y no hay límites para esta enunciación. Es por esto que puede soportar el término de no-relación sexual, en tanto que se soporta esencialmente de una no-relación sexual de pareja.

Esto nos lleva a preguntarnos si es que el nudo en cadena basta para representar la relación de pareja.

Lacan por medio de dos toros ilustra la relación de la demanda y el deseo, un toro que entra en el agujero de otro, con lo cual quería decir que la demanda y el deseo están anudados.

Sabemos también que lo que hace la diferencia de los sexos se sitúa a nivel celular, a nivel cromosómico, por su homocigotismo XX y su heterocigotismo XY, pero nunca se sabe de antemano, hay que esperar a que el genotipo se manifieste como fenotipo.

Es por esto que siguiendo con la cuestión del número dos que decíamos con Gide que se regocija de ser impar, y esto porque nada realizaría el dos si no hubiera el impar, el impar en tanto que comienza en el número tres, pero lo que no se ve inmediatamente es para qué es necesario el nudo borromeo.

Podemos decir que con el nudo borromeo no tenemos necesidad del microscopio, para saber que el amor es odioamoramiento, que el amor no se preocupa del bienestar del otro como enuncia San Agustín.

Nudo borromeo que no se trata de una figura, ni de una representación, sino que es de lo real de lo que se trata, y este límite sólo es concebible en términos de existencia. Por eso podemos decir que el amor se obstina en todo lo contrario del bienestar del otro. Es por eso que querer el bien de alguien y querer estrictamente lo contrario es lo que nos sugiere la idea de una sinusoide.

 

 

No hay consistencia que no se sostenga por el nudo, es en eso que se impone por el nudo la idea misma de real.

Lo real está caracterizado por anudarse, nudo que todavía está por hacerse, mientras que el inconsciente se soporta de lo siguiente: que el nudo, no solamente uno lo encuentra ya hecho sino que uno se encuentra hecho por este acto por el cual el nudo está ya hecho.

Para Lacan no hay otra definición posible del inconsciente. El inconsciente es lo real, es lo real en tanto que está agujereado, y es la no relación sexual la que hace agujero en un punto del ser hablante. El ser hablante no está extendido, pero es como el moho, tiene tendencia a la expansión.

Podemos decir entonces que el inconsciente es lo real en tanto que está afligido en el ser hablante por la única cosa que nos asegura agujero, es decir lo simbólico, pues sólo el significante hace agujero. Es por eso que el nudo no es un modelo, lo que hace nudo no es imaginario, no es una representación. No hay afinidad del cuerpo con el nudo, el nudo no es modelo, es soporte, no es la realidad, es lo real. Si hay una diferencia entre la realidad y lo real es el nudo quien la demuestra.

Lo que en los demás animales denominamos instinto en el ser hablante lo denominamos pulsión y esto nos indica que los demás animales saben instintivamente hacer el amor mientras que el ser hablante no es seguro que lo sepa por instinto, lo sabe pero por otra fuente.

Lacan nos dice que en vez de hablar de realidad psíquica (para Lacan fantasma), como es una palabra que lleva a suponer demasiadas cosas, prefiere hablar de realidad operatoria.

Nos dice que hay personas muy serias que se ocupan del sueño en el animal; por supuesto no pueden saber si el animal sueña, pero saben que tienen toda la apariencia de ello, por lo cual uno puede suponer que tienen ideas, lo que no quiere decir que las nombren. Pero no es lo importante saber si una mosca o una rata sueñan, uno puede imaginárselo, porque todos somos un poco ratas (rat), todos estamos fallados (raté), y los experimentadores lo están un poco más que otros, están ratificados, son unos hombres-de-las-ratas.

Estos hombres-de-las-ratas de la ciencia se excitan alrededor de la idea de que el sueño no está ahí para proteger el dormir, como nos dice Freud, pero es que Freud dice que en el ser hablante, no en la rata, Freud no experimenta con ratas, nos dice que el sueño protege, no la necesidad, sino el deseo de dormir.

Cualquiera puede imaginar la necesidad de dormir, pero Freud dice que protege algo que se llama un deseo. Y un deseo no es concebible sin el nudo borromeo.

Recordemos que Lacan nos dice que el perro hace miau miau y el gato guau guau, es una metáfora que eleva el signo a la función de significante y a la realidad a la sofística de la significación. Por esto que no hay acción que no se enraíce, no en la palabra, sino en el cuá-cuá. Sólo el inconsciente permite ver cómo hay un saber no en lo real, sino soportado por lo simbólico, concebible no en el límite, sino por el límite, como estando hecho de una consistencia exigible por el agujero, e imponiéndolo por este hecho.

Lo simbólico gira en redondo, pero no consiste más que en el agujero que hace. Todo lo que se ha dicho del instinto, no quiere decir más que esto. El cuerpo quiere decir consistencia, el inconsciente, en una práctica, da cuerpo al instinto. No hay más que el inconsciente para dar cuerpo al instinto.

El discurso de Lacan está fundado sobre un agujero, el constituido por lo simbólico. Un agujero basta para anudar un número indefinido de consistencias, y eso comienza en dos, por lo cual el dos no se soporta sino por el agujero fundamental del nudo.

La pareja es desanudable, a menos que esté anudada por lo simbólico. Pero esta pareja desanudable el análisis demuestra que está anudada, a pesar de todo, por el agujero, por la prohibición del incesto. Hay quien ha llegado a emerger esto en mitos; así los hindúes dicen que cuando uno se ha acostado con su madre, debería ir con su propio rabo entre los dientes, después de habérselo cortado, claro está. Pero no tenemos que considerar el hecho de la interdicción del incesto como histórico: lo es, por supuesto. Para el psicoanálisis la interdicción del incesto no es histórica, es estructural, porque está lo simbólico. Esta interdicción consiste en el agujero de lo simbólico para que aparezca, individualizado en el nudo el complejo de Edipo, el Nombre-del-Padre, el Padre como nombre, y no como comienzo, sino el padre como nombrante.

"Soy lo que Soy", eso es un agujero, el Padre como nombre, eso comporta la interdicción del incesto, y eso se propaga del lado de la castración, como los griegos nos lo muestran en sus mitos. Ellos levantan una geneaología fundada sobre el padre, Urano, Cronos, etc., hasta el momento en que Zeus, tras haber hecho mucho el amor, se desvanece ante un soplo. Pero hay que hacer un paso más para comprender el lazo de la castración con la interdicción del incesto. El lazo es lo que Lacan llama la no-relación sexual. El Nombre-del-Padre quiere decir que puede haber en el nudo borromeo un número indefinido de redondeles. El punto vivo es que todo reposa sobre uno, sobre uno en tanto que agujero, que comunica su consistencia a todos los otros. Por esto que Lacan nos dice que haber hablado de Los Nombres-del-Padre nos hubiera embrollado, que fue mejor que lo retomara como Los no-incautos erran, pues no pueden sino errar, porque cuantos más haya, más se embrollarán, y se felicita de no haber sacado uno solo.

Lo mismo que cuando le piden responder a lo que constituía en la Escuela un cartel, eso que parte de tres más uno-en-más, lo que en principio hace cuatro y da como máximo cinco gracias a lo cual hace seis, pero no hay que olvidar la identificación, pues Lacan desea la identificación al grupo, pues es seguro que los seres humanos se identifican a un grupo, cuando no lo hacen están fallados, están para encerrar. Pero no dice a qué punto del grupo tienen que identificarse.

El punto de partida de todo nudo social se constituye de la no-relación sexual como agujero, no dos, al menos tres. Incluso si no son más que tres, eso hace cuatro. El más-uno está ahí como lo muestra el esquema, y es retirando uno de ellos, real, que el grupo será desanudado, lo que constituye la prueba de que el nudo es borromeo, y que está bien constituido por tres consistencias mínimas.

De tres consistencias no se sabe nunca cuál es la real, es por eso que es preciso que sean cuatro, el cuarto es lo que, por este doble bucle, soporta lo simbólico de eso para lo cual está hecho, a saber el Nombre-del-Padre. La nominación es lo único de lo que estamos seguros que haga agujero. Y es por eso que para el cartel Lacan da la cifra cuatro como el mínimo.

La consistencia, en el nudo, está en todas partes, ella es la base.

Tres que consisten y no hacen nudo, es el triskel. El triskel no es un nudo, Sólo se inscribe por la consistencia, y Freud ha llamado a eso rasgo unario. Él no podría decir mejor los componentes del nudo. Freud dice que no hay amor sino por lo que, del Nombre-del-Padre, hace bucle de los tres del triskel. Es el Nombre-del-Padre que del triskel hace nudo. Este triskel, tres fusiles hacen haz, , Soportándose de a tres los unos a los otros, eso nos saca de la cruz, aunque hay cruces que hacen triskel también. Es en tanto que el triskel existe que puede haber identificación. ¿Identificación a qué? A lo que es el corazón, el centro del nudo, donde situamos el objeto "a". Este objeto domina eso de lo que Freud hace la tercera posibilidad de identificación, la de la histérica, al deseo del Otro.

RSI, es porque son tres que hay una de ellas que es lo real, pero ¿cuál de los tres merece el título de real ? Es el número el que determina el sentido. El número 3, hay que demostrarlo, como lo que en sí es lo real, es decir lo imposible.

Demostración que entraña una gran dificultad, pues lo que se quiere demostrar sobrepasa el decir, pues es exigible que sea imposible, condición exigible para lo real. Existe como imposible.

Pero es preciso demostrarlo, no solamente mostrarlo. Y demostrarlo resulta de lo simbólico. Y en lo simbólico hay lo que no se imagina, el agujero. Agujero que tiene que ver con el círculo, pero el círculo no es más que la consecuencia del agujero.

Para que el nudo sea borromeo, no es suficiente que sea nudo, es necesario que cada uno de los elementos anudados sea liberado por la ruptura de uno entre ellos, es decir que no es cualquier agujero el que vale sino aquel que cumple la propiedad borromea.

Es al entrar en la figura del nudo que encontramos otra manera de figurar la no-relación de los sexos: dos círculos en tanto que no anudados. Cada uno en su manera de girar en redondo como sexo no está al otro anudado. Eso es lo que quiere decir la no-relación de Lacan.

Lacan señala como cosa curiosa que el lenguaje haya adelantado, anticipado, la figura del nudo, llamando nudo a lo que une al hombre y la mujer.

Con ello caemos en la nominación que en el nudo borromeo era el cuarto elemento, un cuarto redondel que anuda los tres planteados como desanudados. El tres impone no distinción sino identidad entre los tres términos de lo simbólico, lo imaginario y lo real. Por eso que para dar cuenta de ello Lacan nos habla de ex-sistencia, de consistencia y de agujero. De la ex-sistencia hace el soporte de lo real. Lo que hace consistencia es del orden imaginario, y para lo simbólico queda el agujero. Sabiendo que no cualquier orificio es un agujero. Pues en lo simbólico surge algo que nombra, y eso no es algo que se ve sino que se cree. Pero la nominación no se limita a lo simbólico, no basta para soportar la función del Nombre-del-Padre, su función no es solamente dar el nombre común a los animales y las cosas, también debe ser interrogado a nivel de lo real.

Es entre esas nominaciones, nominación de lo imaginario como inhibición, nominación de lo real como angustia y nominación de lo simbólico como síntoma, es entre esos tres términos que Lacan se interroga sobre el Nombre-del- Padre en el libro XXIII, El Síntoma.

Otras Conferencias

 

C/ Princesa, 13 - 1º Izq. 
28008 Madrid - Telf.: 91 758 19 40
actividades@grupocero.info