Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

LOS NOMBRES DEL GOCE
-Real: Simbólico: Imaginario-

DEL SYMPTÔME AL SINTHOME

PRIMER MOVIMIENTO
O
ALEGORÍA DEL OTRO

CAPÍTULO IV

LA LÓGICA COMO CIENCIA DE LO REAL

La lógica no comienza a tomar forma sino a partir del momento en que Aristóteles enuncia que toda a es b, toda b es gama, por medio de lo cual todo a será gama.

Una forma de establecer relaciones entre los dos extremos. Desde el comienzo se advierte que no se trata de lo verdadero sino que lo importante es que algo se articule, gracias a lo cual se introduce como tal lo Real. Se vacían de sentido los términos para reemplazarlos por letras.

Podemos decir que no es azaroso que en el silogismo haya 3 términos, los dos extremos y el medio, en tanto por la cuestión del nudo borromeo sabemos que es preciso que haya tres para abordar lo Real. Sabemos también que Aristóteles no sólo no usó el nudo borromeo sino que imaginó esferas concéntricas, habíamos dicho la esfera de los vivientes y en su interior la esfera de los animales y después, en su interior todavía la esfera o el redondel de los hombres, pudiendo decir que traduce en extensión.

Aristóteles abre la ciencia de lo Real, de lo Real del Tres, y al mismo tiempo demuestra que no llega al tres sino abriendo las cosas por medio de lo escrito en el silogismo, y es vaciando estos términos de sentido al transformarlos en letras, en cosas que por sí mismas no quieren decir nada, como da sus primeros pasos en la lógica, denominada por Lacan como Ciencia de lo Real.

La pregunta que nos correspondería hacer sería qué tiene que ver la lógica con el discurso analítico. Discurso analítico que no está hecho de palabras sino de letras, algo que es del orden de lo escrito. Y respecto a la lógica decimos que no hay otro camino para trazar los caminos de la lógica que el pasar por lo escrito, sabiendo que lo escrito es otra dimensión diferente que la del decir.

Si lo Real sólo se abre por medio de escribir, el agujero que hace para siempre la imposibilidad de escribir la relación sexual como tal, es a lo que estamos reducidos, y sin embargo la realizamos.

Hay trucos donde uno se pierde de manera tal que eso es lo que constituye la metáfora llamada del laberinto: jamás se llega al fin.

Lo Real, habíamos dicho, se determina por el hecho de que de ninguna manera puede escribirse en él la relación sexual.

Respecto al discurso analítico, habíamos dicho que el saber inconsciente es un Real, que hay un saber que por más que ningún sujeto lo sepa sigue siendo Real, es un depósito, un sedimento, que se produce en cada uno cuando comienza a abordar esa relación sexual a la que por cierto no llegará nunca.

La lógica epistémica parte de que el saber es saber lo verdadero mientras que el saber inconsciente es que es imposible saber que se sabe, en tanto el saber que se soporta es que no se sepa que se sabe, es estrictamente inconsciente, imposible de enunciar en la lógica epistémica. Habíamos dicho que el saber se inventa y esa lógica es un saber.

El saber inconsciente no descubre nada, pues no hay nada que descubrir en lo Real, ya que allí hay un agujero. El inconsciente inventa y en la lógica ocurre lo mismo. Y para ver dónde está el agujero es preciso ver el borde de lo Real.

Para todo saber es preciso que haya invención, y esto es lo que sucede en todo encuentro primero con la relación sexual.

La condición para que eso pase a lo Real es la lógica, y es en eso que ella se inventa, y a la vez es el más bello recurso de lo que tiene que ver con el saber inconsciente. Lógica donde no se trata de que p y q sean falsos, sino que NI UNO NI OTRO pueden ser verificados lógicamente de ninguna manera.

Esta Ciencia de lo Real, la lógica, no pudo sino abrirse a partir del momento que se pudo vaciar de sentido a las palabras, para sustituirles letras. Por eso decimos que la letra es inherente a ese pasaje a lo Real. Lo escrito estaba allí para dar pruebas de la fecha de la invención. Y da prueba también de la invención misma. La invención es el escrito y lo que exigimos en una lógica matemática es precisamente un juego de letras.

Para que ex-sista una construcción cuya consistencia no sea imaginaria, es preciso que ella tenga un agujero, y esto es lo que nos llevaba, en otras clases, a la topología del toro. Este agujero nos despega del pensamiento que hace el círculo, nos despega del pensamiento que aplana y que por aplanar distingue entre el adentro y el afuera. Es por eso que si imaginamos el círculo como cuerda consistente, el adentro y el afuera es la misma cosa. No hay más que un adentro y es lo que imaginamos como el interior del toro.

Hemos estado pegoteados a la esfera y a la cruz, pero cuando un artista dibuja nadie se percata que eso es ya el nudo borromeo, y es un nudo borromeo como el que hemos dibujado hasta ahora. También dos círculos con una recta infinita, , o tres rectas paralelas , que se pliegan en el infinito, hacen un nudo borromeo tan válido como el que dibujamos de costumbre . También puede ser un nudo-doblemente borromeano, el bobo, es decir que pasamos al nudo de cuatro .

Y esto porque toda recta infinita se pliega en el infinito, con lo que hacemos equivalente el círculo y la recta, su equivalencia es hacer nudo; sin embargo también nos podemos preguntar por su diferencia como existencia. La recta ex-siste, se va en su errar hasta encontrar la consistencia, mientras que el círculo se centra sobre el agujero, pero nadie sabe lo que es este agujero.

No hay manera de abordar este agujero que no sea por medio de la topología. Y con las nociones de vecindad y de punto de acumulación, el acento está puesto sobre la discontinuidad, mientras que la vertiente natural de la imaginación es la continuidad. La dificultad natural que hay para cogitar, para pensar, sobre el nudo borromeo, y la facilidad por el contrario que hay para hacerlo sobre la esfera y la cruz, hacen de este nudo el ejemplo de una mathesis fallida. Esta aversión natural manifiesta la huella de la represión primera misma. Hay una falta que es preciso que admitamos que es la ex-sistencia de lo Urverdriingt, o sea la represión primordial, primera, originaria, y fundamentalmente irreductible. Y para poder captar esto es que tenemos lo tan difícil de captar que es la topología.

La idea de reprimido sólo nos conduce a la verdad, la verdad de que no hace relación sexual, a no ser como nos dice el Presidente Schreber que no hay relación sexual más que con Dios, que luego veremos que es La mujer sin tachar. Y es precisamente eso lo que pone en cuestión la existencia de Dios.

Y es por esto que también decimos que el nudo no es más que ex-sistencia, es lo que no ex-siste más que anudado.

A pesar de todo la naturaleza ha probado la existencia de Dios, todo el mundo cree en él, Dios es père-vers, versión hacia el padre. Lacan llega a formular que Dios es inconsciente.

Lacan se pregunta si podemos decir que la consistencia, la ex-sistencia y el agujero se corresponden a lo imaginario, a lo real y a lo simbólico.

Estas categorías no son fácilmente manejables, no son como la resolución tesis-antítesis-síntesis sobre la que Hegel tramaba la historia.

Lo que cambia con la idea de saber inconsciente es la noción de saber que ha dominado la historia desde la Antigüedad.

¿Hay saber en lo real? La vieja historia del saber en lo real la sostiene Aristóteles con la metáfora del alfarero. Una mano divina ha hecho el pote, pero ¿Dios se ocupa todo el tiempo de hacerlo girar? ¿Lo deja girar solo? Estos son los refinamientos del saber.

La cuestión es que el saber no está supuesto sino en una relación con lo simbólico, el cual se encarna por un material significante, pero ¿qué es un material significante? Los Nombres-del-Padre, es eso, lo simbólico, lo imaginario y lo real, son los nombres primeros, en tanto que ellos nombran algo. Recordemos el Dios Padre de la Biblia consagrado a dar nombre a cada uno de los animales.

El falo es lo que da cuerpo a lo imaginario, es por eso que Lacan en su estadio del espejo habla de un júbilo en el niño o niña, pasando su mano sobre el lugar donde es la ausencia de falo, que no acontece en los demás animales, y que tiene que ver con el falo, anuncio de la prematuración y más tarde del pudor. El falo es pues lo real sobre todo en tanto que se lo elide.

Y aquí Lacan matiza que el falo no es la ex-sistencia de lo real, que hay un real que ex-siste a ese falo, que se llama el goce, pero es más bien su consistencia, es el concepto de falo. El acento especial que el ser hablante pone sobre el falo, es que el goce le ex-siste, y ése es el acento propio de lo real, lo real en tanto que ex-siste.

También decimos que el inconsciente ex-siste, es decir que condiciona lo real, lo real de este ser que llamamos ser hablante. El nombra a las cosas para el ser hablante, ser que aun siendo una especie animal difiere de los demás de una manera singular.

Un animal es lo que se reproduce; sin embargo el ser hablante además está parasitado por el bla-bla, por eso Lacan nos dice que tal vez sea distinto el que sabe que habla que el que sabe que habla y no se lo propone expresamente, que incluso hay algunos seres hablantes que saben que hablan pero sueñan con no ser los únicos, que todo su trabajo lo dedican frenéticamente a descubrir el lenguaje en los delfines, en las abejas, etc. Esto es siempre un sueño; en otros tiempos, nos dice Lacan, el hombre soñaba que había al-menos-un Dios que hablaba.

Después llegó la lingüística que distingue el nombrar, el dar nombre, el consagrar una cosa por un nombre hablante, lo distingue, decimos, de la comunicación, es decir la nominación, no es la comunicación. Es ahí que la habladuría se anuda a algo de lo real.

Platón ya se había dado cuenta que le hacía falta lo tercero de la idea, es decir lo imaginario, la imagen, pues si no era así no había posibilidad de que las palabras se peguen a una cosa. No llegó al punto de enunciar el nudo borromeo pero es porque el azar no se lo había suministrado; por eso la idea hacía para él la consistencia de lo real. Sin embargo al no ser en su tiempo la idea más que lo nombrable, con el discurso universitario se dedujo de ello el realismo del nombre. Algo que Lacan diferencia del nominalismo de lo real, es decir al creer que uno pone cualquier nombre para designar lo real.

Lacan marca que los analistas permanecemos en el pensamiento, y que lo que ha dicho acerca de la tradición conserva todo su valor, por lo que nos dice que el al-menos-un Dios, el verdadero de verdad, es él el que le ha enseñado al ser hablante a hacer nombre para cada cosa, el nombre del nombre-de-nombre, de nombre-del-Padre (el no-incauto-erra). Con esto nos dice que lo real ex-siste al sentido, pues Lacan lo define como el efecto de la lengua sobre la idea, es decir sobre lo imaginario supuesto por Platón al animal hablante entre otros, entre otros los animales-en el cuerpo (ánimas en el cuerpo) o diablos en el cuerpo, como queramos (cuerpos hablantes).

Todos estamos en la debilidad mental y un débil mental vale lo que otro, esto referido a que todos podemos creer en la identidad, es decir en que A es A. Esto lo muestra también Aristóteles hablando de la idea de asno, para decir que el asno es un asno, y que no hay Asno mayúsculo, el asnototelea, él también.

Lo real es lo expulsado del sentido, es lo imposible como tal, es la aversión del sentido, es también la versión del sentido en lo que no es el sentido, en lo real a secas. Esto justifica llevarlo hasta la elaboración del cuantificador. Ex-siste una x para la consistencia ideica del cuerpo, la que a ese cuerpo, lo reproduce. Ella ex-siste a lo simbólico en tanto que lo simbólico gira en redondo alrededor de un agujero inviolable, sin el cual el nudo de los tres no sería borromeo. Esto es lo que quiere decir el nudo borromeo, que el agujero de lo simbólico es inviolable.

Para demostrar que el Nombre-del-Padre no es nada distinto de este nudo, no hay otro modo de hacer que suponer desanudados los redondeles.

¿Cómo anudar estas tres consistencias independientes? Hay una manera que es la que Lacan llama el Nombre-del-Padre, que es lo que hace Freud, lo cual nos permite concebir la función del Nombre-del-Padre, que es dar nombre a las cosas, con todas las consecuencias que eso comporta, incluido el gozar (nudo de cuatro).

La pregunta de si el nudo borromeo implica un orden o es un todo concebible, nos lleva a pensar que el orden es indiferente de todos los efectos del nudo, por lo que no se trata de identificar los redondeles, pues es en tanto que tres redondeles que soportan la idea de lo simbólico, de lo imaginario y de lo real.

Con el Nombre-del-Padre Lacan nos remite a su prototipo. Dios es la mujer vuelta toda, pues ella no es toda o es no-toda, pero en el caso en que ella existiera por un discurso que no fuera de la apariencia (semblante), tendríamos el , el Dios de la castración. Esto es un anhelo, un anhelo que viene del Hombre, un anhelo que existe de las mujeres que ordenarían la castración. Lo terrible es que no lo hay, que no existe la mujer, la mujer toda, no implica, contrariamente a la lógica aristotélica, que haya quien ordene su castración. Sin embargo ellas dicen, mejor dicho Rabelais las hace decir: Guardad esto, que es lo más amado.

Sin embargo este no-toda no implica que ninguna diga lo contrario, es decir: No lo guardéis. Ellas simplemente, no dicen nada, en tanto que la-toda, de la que dice Lacan que es Dios. La-toda si ella existiese.

No la hay para llevar la castración para el otro, y esto al punto que el falo, ella se lo querría. Nada más falogocéntrico que una mujer, salvo que ninguna de ellas, no toda, lo quiere (el falo). Ellas quieren de eso cada una, es el salmón del sueño de la bella carnicera. El salmón ahumado, ella lo quiere a condición de no servirse de él, ella no lo da sino en tanto no lo tiene, es incluso la definición del amor, dar lo que no se tiene, que es el amor de las mujeres, en tanto que una por una, ellas existen. Ellas son reales, incluso terriblemente. Ellas no consisten sino en tanto que lo simbólico ex-siste, es decir el inconsciente. Es por eso que ellas ex-sisten como síntoma del que este inconsciente provoca la consistencia, en el campo aplanado de lo real. Esto es lo que hay que llamar realmente, a la manera de lo real, es decir a la manera en que se imagina en lo real el efecto de lo simbólico.

Lacan señala que los que supusieron a la mujer irreal fueron los que se denominaron surrealistas, pero que ellos mismos son síntomas, síntomas de la post-guerra de 1914, pero síntomas sociales. Su idea de suplir a la mujer que no existe como La, los volvía a meter en los carriles del Nombre-del-Padre, del padre en tanto que nombrante, del que Lacan dice que es un aparato surgido de la Biblia, y del que es para el hombre una manera de salvar su ropa fálica, salir del apuro.

El hombre está afligido (de falo) por un falo que le barra el goce del Otro.

Le haría falta un Otro del Otro para que el cuerpo del Otro no sea para el suyo semblante, apariencia, para que no sea tan diferente de los animales como para no poder, como todos los animales sexuados, hacer de la hembra el Dios de su vida.

No hay para lo mental del hombre más que semblante de poder. Lo real es el sentido en blanco, el sentido blanco por lo cual el cuerpo hace semblante, semblante del que se funda todo discurso, en primer lugar el discurso del amo que del falo hace significante 1, S1. Lo que no impide que si en el inconsciente no hubiera una muchedumbre de significantes para copular entre ellos, no habría ninguna posibilidad de que la idea de un sujeto, de un paterna del falo cuyo significante es el Uno que lo divide esencialmente, se manifieste. Gracias a lo cual él se percata de que hay saber inconsciente, es decir se percata de la copulación inconsciente, de donde proviene esta idea loca: saber hacer semblante a su turno.

Sólo los significantes copulan entre ellos en el inconsciente, pero los sujetos paternáticos que resultan de ello bajo forma de cuerpos son conducidos a hacer otro tanto, a copular, pues algo les indica que no pueden hacer más que chuponear el cuerpo significado Otro. Para gozar de él habría que hacerlo pedazos. El Otro cuerpo no carece de disposición para eso, puesto que ha nacido prematuro, y el concepto no falta, sadomasoquismo, algo que sólo puede soñarse, por el inconsciente naturalmente, puesto que es la vía de la que hay que decir que es peliagudo llamarla real. Rey, un nombre más, que recae en el asunto del Nombre-del-Padre. Un nombre a perder, como los otros, a dejar caer a perpetuidad.

La biología indica otro tanto, pues la copulación es meiótica, es a nivel cromosómico, y eso es lo que les lleva a copular, pues no pueden hacer nada más.

Los Nombres-del-Padre, los asnitos-del-Padre, seminario que Lacan piensa que si le hubieran dejado dar, habría producido alguna asnada más, algo que hubiera producido otras gargantas psicoanalíticas, pero los analistas, que querían serlo, los que estaban en lista de espera, entre bastidores esperaban entrar en la Sociedad Internacional y en la de Anna Freud, lo cual no dejó insensible a Lacan, pero tampoco pudo impedir que él perseverara en su errar, por eso que aconseja guardar a buen recaudo la disciplina psicoanalítica.

Errar que viene de Real, de R, erre, errar.

El porvenir del psicoanálisis depende de lo Real, del errar.

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