Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

LOS NOMBRES DEL GOCE
-Real: Simbólico: Imaginario-

PRÓLOGO

Hay un saber que se contenta con comenzar siempre,
eso no llega a nada.

Cuando algo comienza surge la diferencia. Comenzar a existir para algo escrito, en todos los casos incluye su publicación. Publicar forma parte del texto. Por eso que tendríamos que demarcar la textualidad como un territorio diferente a textual o texto.

En ningún caso se trata de llegar sino de estar en camino.

Los nombres del goce o lo Real con lo Simbólico y con lo Imaginario, quiere decir, entre otras cosas, que el goce está en el anudamiento que lo Real produce como tercero, entre lo Simbólico y lo Imaginario, siendo siempre ese goce imposible de ser realizado, simbolizado o imaginarizado.

Del Sympôme al Sinthome, es un título que nos permite a-pensar; pensar con el "a" , pensar con el vacío que el psicoanálisis ha generado como propio, y así pensar la clínica que lleva por nombre psicoanalítica, como clínica de lo Real, en tanto es el psicoanálisis el que nos ayuda a discriminar entre una clínica de lo Real y una clínica del Superyó, entre una clínica del Sinthome y una clínica del Symptôme, entre clínica de la Palabra y clínica de la enfermedad.

La función topológica del borde a la que nos vemos abocados cuando decimos psicoanálisis no es otra que la que nos separa definitivamente de la psiquiatría; esto quiere decir que nunca más nos dejaremos arrastrar por los derroteros de la Enciclopedia Médica, ni huiremos por las encrucijadas de una precipitada psicologización de la cuestión analítica.

Cuando decimos que la verdadera enfermedad del hombre es el lenguaje, queremos decir que si no hacemos del lenguaje nuestro sinthome, no seremos sujetos hablantes y su con-secuencia: sujetos deseantes.

Cuando Lacan nos dice que el inventor de la palabra síntoma es Marx, que Marx habla de síntoma en la sociedad y Freud de síntoma en la cultura, también nos dice que Marx es el inventor de la sociabilidad social y Freud de la sociabilidad cultural. Después de Marx nadie puede eludir, nadie puede dejar de estar atravesado por el significante sociedad, mientras que a Freud lo podemos considerar el inventor de la cultura; esto quiere decir que después de Freud ya nunca nos abandonará esa función de lo imposible que funda.

La cultura es una cuestión de la existencia del Nombre-del-Padre y la no-existencia de La Mujer, podemos decir que la cultura es la con-secuencia de estos significantes funcionando en lo Real. Decimos que lo que es del orden de la existencia o no-existencia es del orden de lo Real, mientras que producir agujero es del orden de lo Simbólico y la consistencia es del orden de lo Imaginario. Lo imposible tiene ex-sistencia real, consistencia imaginaria y produce agujero simbólico, por eso que funda realidad.

La textualidad de un análisis lleva los límites de la transferencia y eso no es ni la relación imaginaria, ni la relación simbólica, sino esa puesta en juego con lo real, de lo simbólico y de lo imaginario. Para ir más allá de la consistencia imaginaria y el agujero de lo simbólico, es necesario que lo real produzca en ese a-nudamiento el verdadero agujero, ese nombre del vacío que nos sostiene como sujetos del deseo inconsciente.

Este libro nos permite viajar sostenidos por ese vacío universal, vacío que va más allá del orificio de un agujero y más allá de la ausencia de una presencia.

El inconsciente no se despierta nunca, inconscienteamos todo el tiempo.

Este libro no muestra nada pero en él "algo se muestra". Y esto es que no hay objeto que sostenga al sujeto del inconsciente, sino ahí donde el objeto siempre activo subvierte al sujeto, ahí cuando el objeto tiene consistencia amalgámica, ahí donde suscita el deseo, manteniéndose en esa posición donde un significante representa a un sujeto, un sujeto supuesto por un significante, ahí donde no era, para otro significante, ahí donde ya es sujeto dividido. Por eso decimos que no es suficiente la ausencia, es necesario la división, y que sea del orden de lo necesario quiere decir que no cesa de escribirse, cada vez que sea necesario alcanzar la única libertad, posible e imposible, del ser humano: ser sujeto psíquico, sujeto dividido.

Podemos decir, entonces, que el psicoanálisis en todos los casos va más allá de los derechos del hombre bajo la óptica de la filosofía que se reduce a la libertad de desear en vano (Kant) y la libertad de morir (Hegel).

En definitiva, podemos decir que deseamos que este libro, más que sostener algo, sea capaz de sostenerse en el campo cuyos límites impone el psicoanálisis freudiano.

Queremos, más que inventar el psicoanálisis, dejar que el psicoanálisis nos invente a nosotros, única manera de pertenecer al campo. Por eso que más que tratar de encontrar la verdad del psicoanálisis en nosotros, no dejamos de trabajar sino para encontrar un lugar en el psicoanálisis. Para nosotros, más importante que pretender que el psicoanálisis nos pertenezca, es no dejar de pertenecer a la historia del psicoanálisis.

LOS AUTORES

DEL SYMPTÔME AL SINTHOME

PRIMER MOVIMIENTO
O
ALEGORÍA DEL OTRO

CAPÍTULO I

INTRODUCCIÓN

El objeto tiene carácter de agalma para el ser humano. Además está apresado en la doble alteridad que padece el sujeto que se relaciona simultáneamente con el otro imaginario y con el otro simbólico, que le permite una relación permanente con el semejante y con el objeto "a", que es a lo que se reduce el Otro después de la castración, en tanto se instaura el falo como significante de la falta en el Otro. Después de la operación de castración el sujeto queda en relación al significante .

(S<>D), fórmula de la pulsión y en relación al objeto (S<>a), que será la fórmula del fantasma, es decir, lo que va a regir el principio de realidad.

El inconsciente es deseo del Otro, en tanto es como Otro que deseamos.

¿Qué me quieres?: Pregúntate por tu deseo. Desea. Como lo que no quiere.
Estatuto de la cadena significante en el inconsciente y la pulsión como tesoro del significante en el inconsciente (S<>D).

Demanda por el todo, pero no va a haber nada que responda. Queda el corte, que permanece y distingue la pulsión de la función orgánica. Zonas erógenas y objeto. Los objetos no tienen imagen especular, no tienen alteridad.

El objeto, dijimos, pasaba de tener un uso como objeto a tener un carácter completamente gratuito, donde lo que importa es su cosidad como objeto, sin precio, cambiando el registro del valor. Este más allá, esa producción de objeto como Cosa, introduce al objeto en el campo del deseo.

Hay un momento en la historia del niño en el que el niño entra en la dialéctica del tener o no tener, de la presencia y la ausencia, donde ingresará a la palabra que nombrará la presencia y la ausencia de cualquier objeto real que entre en el espacio vital. El niño entra en relación con su semejante, que en principio será ese Otro, aquel que lo puede todo, aquel que hace que el objeto tenga un valor como objeto de satisfacción y otro valor como objeto de don. Es decir, entra en el juego de la demanda amorosa.

Que el objeto se transforme en cosa no quiere decir que se trate de la Cosa, pero va a ser en el campo de la Cosa donde vamos a encontrar el objeto, debiendo ser el objeto reencontrado. Que haya sido perdido es su consecuencia, pero retroactivamente. Es rehallado sin que sepamos que ha sido perdido más que por estos nuevos hallazgos. Podríamos decir: Encuentro luego buscaba.

Es la lengua lo que civiliza el goce, la lengua lo lleva a su efecto desarrollado, aquel por medio del cual el cuerpo goza de objetos, el primero de los cuales, el objeto "a", es el objeto mismo, del cual no hay ninguna idea, a menos que se rompa ese objeto, en cuyo caso sus trozos son identificables corporalmente, y como fragmentos del cuerpo, identificados. Solamente por medio del psicoanálisis este objeto constituye el núcleo elaborable del goce, pero esto depende de la existencia del nudo.

Sabemos que no hay Otro más que al decirlo y que es imposible decirlo completamente, sabemos que hay una Represión originaria y primordial, un inconsciente irreductible, por eso que decirlo no solamente se define como imposible, sino que introduce la categoría de lo imposible.

También sabemos que el sujeto es aquel que habla, no para decir sentidos, no para significar, sino para significarse, es decir que el sujeto cuando habla desaparece, en el acto de decir se borra, desaparece en el Otro, podemos decir que el sujeto dice y diciendo, deviene sujeto y desaparece. Antes del acto no era y después del acto ya no es. El sujeto ex-siste fuera de la cadena, pero en relación a ella. El sujeto está sometido a la repetición incesante de significantes, es decir al principio del placer, y también está sometido al significante fálico que es el que determina y ordena esa repetición, es decir repetición del placer y repetición de la renuncia al goce, repetición de los signos y repetición significante.

Sabemos también que cualquier goce supone el objeto "a" y que el plusgoce lo es en relación con la ausencia de goce, podemos decir que el objeto "a" es su condición.

El objeto "a" separa el goce del cuerpo del goce fálico. Y es en el plusgoce que se conecta todo goce, ya sea fálico, J<j, ya sea goce del Otro, JA.

Que el goce fálico se torne anómalo con respecto al goce del cuerpo nos permite pensar el fuera-del-cuerpo del goce fálico. El cuerpo se introduce en la economía del goce a través de la imagen del cuerpo. La relación del hombre con su cuerpo es imaginaria, por eso siente que todo otro ocupa su lugar, podemos decir que el hombre está enfeudado en su imagen. Pese a esto, pese a que le gusta tanto mirar su imagen, el hombre está más cerca de sí mismo en su ser que en su imagen en el espejo. En cada uno hay algo que se ama más aún que a su propia imagen.

En cuanto "a", el síntoma se define a partir de lo real, decimos que la existencia del síntoma está implicada por su posición misma en el nudo de lo imaginario, lo simbólico y lo real, que el complejo de Edipo es, como tal, un síntoma, que es en tanto que el Nombre-del-Padre es también el Padre del nombre como todo se sostiene.

El síntoma como lo que permite a lo simbólico, lo imaginario y lo real, mantenerse en conjunto.

Lo que no es imaginable se puede escribir, es decir se puede imaginar topológicamente. Así Lacan escribe "a" en el punto central del borromeo, y escribe la función del sentido en lo imaginario y también en lo simbólico, también otras dos funciones definibles respecto al punto central, que son dos goces; el goce fálico y el goce del Otro, que se escribe con J, debido a que en francés goce es Jouir.

Freud enuncia Inhibición, síntoma y angustia, siendo la inhibición asunto del cuerpo, es decir de función, y en los seres hablantes inhibición en tanto que no se puede imaginar, algo que en lo simbólico se detiene. Algo que parte de lo imaginario y que se produce en lo simbólico. La angustia como algo que parte de lo real pero que se produce en el cuerpo, en lo imaginario. Y el síntoma como lo que se produce en el campo de lo real. Síntoma, término que no debe buscarse en Hipócrates sino que es Marx quien lo introduce, como lo que no anda en lo real, pero es Freud quien lo particulariza como la forma de cada sujeto de gozar de su inconsciente, en tanto que el inconsciente lo determina. Deja de ser síntoma social para ser síntoma particular. Así los síntomas particulares tienen tipos. El síntoma del obsesivo no es el síntoma de la histeria.

En el síntoma se cree, por eso Lacan se pregunta a propósito del nudo borromeo ¿creo en él ? y nos dice que cree en él, en el sentido que eso le afecta como síntoma, que se trata de dar a eso en lo que se cree, otra forma de credibilidad.

Este nudo aunque aparece como imaginario, en tanto ha sido imaginado, es totalmente real, y nos permite concebir un espacio otro, más allá del adentro y el afuera, el exterior y el interior, un espacio topológico.

Todos estamos sometidos al principio de realidad, o sea al fantasma.

Nos preguntaremos acerca de lo que tiene que ser la interpretación para no ser lo que alimenta al síntoma con sentido.

No hay modo de pensar que no sea mediante el lenguaje. Por eso que es diferente la idea de pensamiento puro de Descartes, como pensamiento en extensión, para lo que es necesaria la idea de espacio cartesiano. Pero también podemos pensar el espacio por medio del nudo borromeo.

No hay ninguna necesidad del espacio para saber que había gente que tallaba piedras, y después las izaba a lo alto de las pirámides, y no lo hacían con caballos, que no hacían nada hasta que no se inventó el collar. Por eso que esta gente que arrastraba por sí misma todas estas cosas hubo de ser la cuerda y el nudo lo que surgió como su primera geometría.

Los matemáticos se dieron cuenta que el nudo borromeo era una trenza de la especie más simple.

El nudo borromeo nos permite pensar que el punto no es el encuentro de dos rectas sino el encuentro de tres dimensiones.

Es del mal-estar en la cultura que procede toda nuestra experiencia. El cuerpo contribuye a ese malestar, incluso el miedo proviene de nuestro cuerpo. La angustia sitúa en otra parte nuestro cuerpo, es el sentimiento que surge de esa sospecha que nos asalta por reducirnos a nuestro cuerpo. La angustia no es el miedo a cualquier cosa con que el cuerpo pueda motivarse. Es un miedo del miedo.

Si se alimenta el síntoma con sentido se le da continuidad de subsistencia.
En cambio, en la medida en que algo se estrecha en lo simbólico con el juego de palabra, equívoco, el cual implica la abolición del sentido, todo lo que concierne al goce, especialmente al goce fálico, también puede estrecharse.

La vida misma se estructura a partir de un nudo. Y no hay representación natural del nudo.

La representación, incluyendo el preconsciente, se separa del Goce del Otro (JA). Goce del Otro en cuanto para-sexuado, goce para el hombre de la supuesta mujer que no tenemos que suponer porque la mujer no existe, pero para una mujer, en cambio, goce del hombre que él, lo es todo, es incluso todo goce fálico; este Goce del Otro, para-sexuado, no existe, no podría existir excepto por intermedio de la palabra, la palabra de amor, amor a nuestro prójimo y no a nuestra prójima. En este Goce del Otro, es donde se produce lo que muestra que así como el goce fálico está fuera del cuerpo, así el Goce del Otro está fuera del lenguaje, fuera de lo simbólico, pues es a partir de la letra que tenemos acceso a lo real.

Sabemos de lo imposible del Goce del Otro, es por eso que uno se muere, porque en ningún caso dos cuerpos pueden constituir uno. No hay reducción al uno.

En lo referente al Goce del Otro, no hay más que una manera de llenarlo, y es en el campo donde nace la ciencia, a partir de Galileo, y la fórmula de la velocidad que hace que hayamos podido formular la gravitación. El porvenir del psicoanálisis es algo que depende de lo que ocurra en lo real.

Hay, entonces, tres dimensiones del espacio habitado por el hablante, y esas tres dit-mansiones, casas del dicho, se llaman: lo Simbólico, lo Imaginario y lo Real. No es un espacio cartesiano, no es como las coordenadas cartesianas, pues éstas corresponden a la vieja geometría. Se trata de otro espacio definido por estas tres dimensiones, se trata de un espacio cuyos puntos se determinan de otra manera. Sus puntos se determinan por el calce de los redondeles de hilo. Si tomamos tres redondeles de hilo, unidos mediante la propiedad borromeana, donde si cortamos uno los otros dos no estarían ligados, donde antes de ser tres los dos permanecen separados, y que además cumplen la condición de que pueden calzarse de manera que queden inseparables. Hacen falta tres redondeles para determinar un punto, y estos tres redondeles son consistentes y equivalentes.

El nudo borromeo permite soportar la práctica analítica. Cada uno teje su nudo.

En Aristóteles también se plantean tres, pero como círculos concéntricos.

Para Lacan se trata de tres bien diferentes: lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real, y lo Real es lo que se determina por el hecho de que de ninguna manera puede escribirse en él, la relación sexual.

Hay una imposibilidad de escribir como tal la relación sexual. Si lo Real se abre por medio del escribir, el agujero que hace para siempre la imposibilidad de escribir la relación sexual como tal, es a eso que estamos reducidos, en cuanto a esa relación sexual, y sin embargo la realizamos.

Lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario no se distinguen sino por ser tres. Es a partir de esa triplicidad que el hombre comienza a tomar la idea de que un nudo sirve para algo.

El hombre accede al único Real, que es el "3" y sabe, sabe que habla para no decir nada, que habla para obtener efectos. Para la mujer se trata de ser de acuerdo a la norma del hombre que consiste en que él sabe que hay imposible.

La verdad no se descubre, se inventa y eso es el saber.

Qué es lo que sostiene el nudo borromeo, o la cadena borromea, en tanto para que haya nudo tiene que haber mínimo tres (también hay borromeo generalizado, es decir con más de tres redondeles de hilo y con la propiedad borromeana). Lo que lo sostiene es lo que Lacan denomina efecto de nodalidad, que nombra por primera vez en el seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales para hablarnos de la pulsión, donde habla del tiro al arco y dibuja un circuito de ida y vuelta de la pulsión que contornea al objeto "a". En el nudo borromeo cada uno de los tres sostiene a los otros dos, o mejor dicho a los tres, es la estructura borromeana quien los sostiene, que es una nada que cuenta, es ese efecto de nodalidad que nos permite pensar algo que no es representable y que no puede ser agotado por ninguna máquina, es decir que es en sí mismo una máquina, una máquina que tenemos al alcance de la mano. Una máquina que funciona, que permite hacer recorridos, y que como en la interpretación de un chiste, cuando se ha interpretado no se ha agotado la estructura sino que se ha apagado la chispa, así la estructura borromea no se agota jamás, aunque no se pueda representar y aunque desanudado no se encuentre nunca lo que les mantenía unidos.

La nodalidad como una máquina que no se agota, que está en el espacio estructurando el espacio de tal manera que no se agota, y no puede agotar el espacio. Se trata no sólo de observar cómo de estas máquinas se puede aprender algo sino que es necesario hacerlas funcionar.

Para hacer un nudo borromeo es necesario y suficiente que sean tres redondeles, pero se puede hacer un nudo tan largo como queramos, pudiendo distinguirse un primer redondel y un último. El último es el que sostiene toda la cadena. Al servirnos de redondeles de hilo para componer estas cadenas borromeas, ilustra algo que tiene relación con la serie de los números. En ambos podemos pensar la función del sucesor, del n+1, que tiene valor estructurante del número entero, aunque no obstante suponemos al comienzo uno que no sea sucesor de ninguno, el cero.

El nudo es otra cosa, y la función del más-uno se especifica como tal. Si suprimimos el más-uno, no hay más serie. Si suprimimos el uno-entre-otros, los otros se liberan, cada uno como uno. Por eso que decimos que Uno no es un número, aunque la serie de los números está hecha de unos.

Hasta el siglo XX no se esboza la teoría de los nudos, por eso que podemos decir que esta teoría está en la infancia.

Para Lacan cada inconsciente es un contable, hace las cuentas y no se encuentra en ellas nunca, se pierde en sus cuentas, por eso que hay al menos un nudo. Este nudo es lo reprimido originario, primordial. Manipular el nudo no nos dará nada de lo reprimido, puesto que este reprimido es el agujero, sin embargo se trata de familiarizarnos con ello. Está excluido que este nudo lo sepamos, sin embargo la historia testimonia que la geometría ha pasado por todo, ha cogitado cubos, pirámides, diversas formas de sólidos, sin embargo tenía a mano la cuerda, sin la cual no podía medir los campos, cuerdas a las que nadie había prestado atención hasta que llegó, en esta época moderna, la teoría de los nudos. Nudo borromeo destinado a mostramos que la existencia es por su naturaleza ex-sistencia, lo que está ex. Es lo que da vueltas alrededor de lo consistente y hace intervalo.

En Freud lo imaginario, lo simbólico y lo real no se sostienen, están puestos uno sobre otro, y añade un cuarto redondel que anuda las tres consistencias a la deriva, ya esta cuarta consistencia la denomina Realidad psíquica, que para Freud es el complejo de Edipo.

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