Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

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CONFERENCIA SEMANAL

LABERINTO III
EL LABERINTO ROTO

LOS MITOS Y EL OBSESIVO

En la historia del sujeto el valor de las teorías infantiles de la sexualidad y demás actividades del niño están estructuradas alrededor de la noción de mito. Estas elucubraciones de los niños juegan un papel muy importante incluso en la determinación del tipo de sintomatología del sujeto. Así vemos en El Hombre de las Ratas desarrollarse bajo la teoría infantil de parto anal una equivalencia entre niños y ratas.

Las teorías infantiles tienen carácter de mito, y el mito es algo que se presenta como una suerte de relato, ya se trate de un mito religioso, folclórico, etc. Un mito se puede tomar bajo diferentes aspectos estructurales, por ejemplo podemos decir que tiene algo de atemporal, se puede definir su estructura en cuanto a las configuraciones que él define. Se puede también tomar bajo su forma literaria. Pero en conjunto diremos que tiene carácter de ficción, pero una ficción con cierta estabilidad que no es maleable a tal o cual modificación, y cuya invariable es la noción de estructura. Como la verdad tiene estructura de ficción, y siempre tiene una relación singular con la verdad, por eso que mito y verdad no pueden estar separados. Decimos que la verdad tiene estructura de ficción y estas verdades o esta verdad, este aspecto del mito se presenta con un carácter de eficacia inagotable por estar más cerca de la estructura que de cualquier contenido o dato.

Lo que está estructurado, lo que da la categoría mítica, es un cierto tipo de verdad que marca la relación del hombre, no con la naturaleza, que siempre en relación al hombre es desnaturalizada, tampoco en relación al ser que nos haría desembocar en la filosofía, sino la relación del hombre con los temas de la vida y de la muerte, de la existencia y la no existencia, del nacimiento, muy especialmente de la aparición de lo que no existe aún y que está particularmente ligado a la existencia del sujeto mismo y es su ser sujeto de un sexo, y muy especialmente del suyo propio. En esto el niño emplea fundamentalmente su actividad mítica.

Etnográficamente los mitos apuntan no tanto al origen individual del hombre como a su origen específico, como la creación del hombre, la génesis de sus relaciones nutricias fundamentales, la invención de los grandes recursos humanos, el fuego, la agricultura, la domesticación de animales.

Se ha llegado a aislar tal o cual elemento como la unidad de la construcción mítica, que denominaremos mitemas, con lo cual al descomponer los mitos se percibe una sorprendente unidad entre los mitos más alejados, aún cuando esté lejos de la analogía facial del mito.

Por ejemplo decir que un incesto y un crimen son dos cosas equivalentes es algo que en un primer abordaje, en un cara a cara, no se nos ocurriría, pero se muestra si se comparan dos mitos, o dos etapas del mito, por ejemplo lo que ocurre en dos generaciones diferentes.

Así vemos el crimen situarse en el mismo lugar por esta operación de transformación reglada por un número de hipótesis estructurales de cómo debe ser trabajado el mito.

Esto nos da una idea de la instancia del significante como tal, su impacto propio, algo que en sí mismo no significa nada pero que porta todo el orden de las significaciones, algo que donde mejor se muestra es en el mito.

Algo que está articulado por un sujeto pasa a otro sujeto en el estado de verdad recibida, donde está en juego la creencia, donde hay una sugestión implicada concerniente a la autenticidad de la construcción de la que se trata. Se trata de una construcción recibida por el sujeto. Los elementos culturales de organización simbólica del mundo son algo que por no pertenecer a nadie, es algo que debe ser recibido, aprehendido.

Así es de padre a hijo que se transmite lo que luego en el hijo va a funcionar como orden imaginativo, como carácter para inventar.

Incluso podemos pensar que según el carácter de la interrogación del padre las construcciones del hijo serán más o menos prolíferas. Pero estimulada o provocada por una pregunta, la productividad del niño o, en el caso de analista paciente, del paciente, la proliferación se manifiesta según sus propias estructuras.

Hay una necesidad estructural que preside la construcción de cada uno de los mitos infantiles, incluso su progreso y su transformación, sabiendo que no es el contenido lo que importa, sino que por ejemplo todo niño pasará por el complejo anal y por el complejo de castración, esto es algo que se puede preveer, es decir el niño pasará por estas constelaciones y por las resoluciones de las constelaciones.

A veces ocurre que el sujeto avanza en sus conocimientos pero de una forma que reniega de ellos, donde se produce la intersección de lo simbólico y lo real pero sin intermediario imaginario, por lo que queda excluido en el tiempo primero de la simbolización. Es por esto que un sujeto puede tener acceso a la realidad genital y quedar como letra muerta para su inconsciente donde sigue reinando por ejemplo la teoría sexual de la fase anal. Este sujeto, nos dice Freud, de la castración no quiere saber nada en el sentido de la represión, con lo cual se produce una forclusión, una abolición simbólica.

Si Freud nos dice que para que el orden simbólico nos constituya, en tanto no se puede concebir como constituido, deberemos pasar por el proceso de la creación simbólica de la negación en relación con la Bejahung (afirmación), querrá decir que será necesario que simbolicemos imaginariamente lo real, como condición primordial para que de lo real venga algo a dejarse ser. Pues lo que no es dejado ser en esa Bejahung, lo que no ha llegado a la luz de lo simbólico aparece en lo real, lo que no se produce como castración, lo que es sustraído a la posibilidad de las palabras, se alucinará como castración. Esto lo podemos ver en el recuerdo alucinatorio del dedo cortado en el Hombre de los Lobos, o en los fenómenos del «déjà vu» o «déjà raconté», o bien en el acting-out, fenómeno donde el sujeto actúa.

El sujeto no debe forcluir ninguno de los pasos del proceso donde el objeto a se produce, en tanto el nudo hay que serlo aunque luego sólo se trate de parecerlo. No se trata de tener una idea del ser para parecerlo, sino que se trata de un objeto del que no hay ninguna idea, sin embargo tiene que ser operante en lo real. Y lo real dijimos que es lo que siempre vuelve al mismo lugar. Lacan nos dice que es justamente lo que no anda, lo que no cesa de repetirse para entorpecer la marcha de lo imaginario. Es por eso que no lo podemos instituir como imaginario sino más bien como lo que hace obstáculo a lo imaginario. Es por eso que no hay manera de alcanzar lo real por la representación. Por eso decimos que el símbolo de la serpiente no es exactamente del falo sino de lo que falta en su lugar.

Decíamos que era la ausencia del goce la condición para que se produzca el objeto a como plus de goce. Se tiene que producir el nudo de lo real, lo simbólico y lo imaginario para que se civilice el goce, es decir que es como sujeto hablante que el cuerpo va a gozar de los objetos.

Decimos que lo real siempre se vuelve a hallar en el mismo sitio, está en el mismo sitio esté o no esté allí el hombre. Decimos que el lenguaje preexiste al niño, es por eso que en un principio el lenguaje forma parte de lo real, por eso que será cuando pueda simbolizar que puede conocer lo real, y lo que no entre en lo simbólico va a irrumpir bajo la forma de lo visto o lo oído, lo ya visto, lo ya contado. Es por eso que decimos que el hombre piensa con ayuda de palabras y que la palabra tiene función creadora, es ella la que hace surgir la cosa misma. No su forma, ni su realidad, sino que hace que la cosa esté allí, aun no estando allí.

Es por eso que decimos que la interpretación psicoanalítica es del orden significante. También decimos que el sexo y la muerte en tanto dimensiones de lo real no tienen inscripción en el inconsciente. Por eso decimos que el saber se detiene ante el sexo. Hay una imposibilidad de conocer lo concerniente al sexo, no puede ni decirse ni escribirse, eso no cesa de no escribirse. Y esto es lo imposible mismo, lo real mismo, en oposición a lo posible que es lo que no cesa de escribirse. El hecho de habitar el lenguaje deja trazos, y hay cosas que están cerradas para siempre en el inconsciente, para siempre como un agujero no reconocido.

Decimos que el mito del asesinato del padre primordial, el padre de la horda primitiva, es para Freud el episodio con que se inicia la cultura, en tanto después de muerto la interdicción del goce se instala como ley, es entonces cuando los hijos obedecen, en un a posteriori, es cuando se genera el sentimiento de culpa que creará los dos tabúes fundamentales del totemismo, que coinciden con los dos deseos reprimidos del Edipo, asesinato e incesto.
En el seminario «La relación de objeto y las estructuras freudianas», Lacan se interroga sobre este mito y nos dice que la muerte es necesaria para que los hijos se prohíban a ellos mismos el asunto, que este padre mítico habría sido muerto para demostrar que es inasesinable, en tanto es muerto para ser conservado. Todo el sistema totémico y las religiones van a ser un intento de reconciliación con el padre y de apaciguamiento de la culpa.

En «El malestar en la cultura» Freud plantea que el sujeto en los primeros años de su vida desarrolla angustia frente a la agresión de la autoridad externa, teme perder el amor y la protección y la consecuencia es que se instala la renuncia pulsional para conservar el amor. Será en la declinación del Edipo que Freud planteará que interiorizada la autoridad se instaurará el superyó por lo que la angustia se presentará ahora frente a ese lugar, angustia frente a la conciencia moral, que es equivalente al sentimiento de culpa, Lacan llega a decir que la culpa es una variedad tópica de la angustia y que ambas se encuentran de forma consciente o inconsciente tras todos los síntomas.

Va a ser en el segundo tiempo, cuando se instaura el superyó que surge la necesidad de castigo, en tanto el superyó está en relación con el Ello y por lo tanto tiene acceso a los deseos prohibidos del sujeto, por eso que pensar mal o el actuar no son diferentes para la moral En esto está en el decir de Freud la desventaja económica de la conciencia moral. No alcanza la renuncia a la satisfacción pulsional pues esto no anula el deseo inconsciente, que persiste indestructible. De aquí, decíamos las paradojas de la moral en tanto cuanto más santo sea un individuo mayores exigencias y sacrificios le reclama el superyó.

Es por esto que Lacan en «La ética» propone que la experiencia moral de que se trata en psicoanálisis tiene que ver con el imperativo original que Freud propone en la frase «Donde Ello era yo he de llegar a ser». Donde más que seguir el imperativo de la instancia superyoica, imperativo extraño, paradójico y cruel de lo que Lacan dice figura obscena y feroz del superyó, la ética queda articulada en una construcción del real en el transcurso de la dirección de una cura. De aquí la importancia del acto analítico y el deseo del analista que soporta este acto.

Es en este sentido que Freud plantea la forma del fantasma «Pegan a un niño» ligado en la historia del sujeto a la introducción de un hermano o una hermana, en definitiva un rival en el amor de los padres.

Lo plantea en tanto mito y donde está en juego la construcción de lo real, en tanto necesario para que el sujeto entre en la economía del goce del Ello, del goce imposible de lo real, lejos del imperativo superyoico.

Podríamos decir que en psicoanálisis más que de una clínica del superyó, en tanto no se trata de corregir, o mejorar el imperativo superyoico, se trataría de una clínica del Ello en tanto se trata de instalar un nuevo imperativo donde lo importante es acceder a lo real (que no realidad) allí donde el orden simbólico nos preexiste. Allí donde el Ello era el sujeto ha de llegar a ser. Es por esto que no se trataría de matar a los mayores para crecer sino de aceptar cuales son las vías de acceso al saber, en tanto acceder al deseo de saber.

Podemos decir que en la neurosis, en la perversión y en la psicosis se trata de accidentes en el acceso a lo real y en su constitución como real imposible.

Podemos decir que el establecimiento del fantasma del neurótico es una operación equivalente a la construcción del mito en la teoría. Y lejos de hablar de una proliferación de mitos, al estilo de Jung, Freud propone aquellos fundantes del inconsciente: horda primitiva, Edipo, Narciso. Nuestro mito, dice Freud en Totem y tabú, se esfuerza en dar una articulación simbólica más que una imagen.

El fantasma es construido en el análisis, en tanto la construcción tiene la función de establecer un texto allí donde hay algo imposible de ser dicho. La construcción no viene a dar respuesta o significación al deseo. Se construye en torno a lo faltante. Freud nos dice: «No pretendemos que una construcción individual sea más que una conjetura que espera examen, confirmación o rechazo». La verdad toca lo real y las palabras faltan para decir toda la verdad, por eso que la construcción posibilita que un fragmento de verdad histórica se diga.

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