Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

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CONFERENCIA SEMANAL

LABERINTO II
CON EL HOMBRE DE LAS RATAS

ANÁLISIS DE UN CASO DE NEUROSIS OBSESIVA. II
El Hombre de las Ratas

En 1895 Freud desestima la agresión sexual prematura como factor de la neurosis, y aunque no niega el valor de los "hechos reales" nos dice que son fantasías para borrar el malestar del recuerdo de la masturbación infantil. El descubrimiento de la sexualidad infantil le hace pensar que la sexualización del cuerpo es siempre prematura.

Nada es más traumático para el sujeto que la ausencia de trauma, y ese es el ombligo de la fantasía.

Ya en el Proyecto nos habla del protón pseudos hysterikón, la primera mentira o falsedad histérica, o premisa mayor falsa de un silogismo. El recuerdo despierta un afecto no vivido pero no es por el retardo de la pubertad sino por el retardo constitutivo de la sexualidad. Traza que borra lo que nunca estuvo allí de antemano. El a posteriori llega tarde porque el a priori se reduce al a posteriori. La proton pseudos como un suplemento en el origen de la falta de origen.

En 1910 en el psicoanálisis de un caso de neurosis obsesiva plantea que no es el onanismo de la pubertad, casi típico y general, y al que médicos y enfermos consideran como raíz y fuente de todos sus padecimientos, sino que el onanismo a considerar es el onanismo infantil y no tanto como productor de trastornos neuróticos sino como manifestación más precisa de la sexualidad infantil. Marcación que nos acerca a pensar que los enfermos acusan por un camino indirecto a su sexualidad infantil.

El síntoma en el obsesivo se presenta como obstáculo que se interpone entre el sujeto y su destino, surge como obstáculo al cumplimiento del deseo, ya que la estructura de su deseo es deseo de un deseo imposible. Vemos al Hombre de las Ratas perdido en un interminable circuito de trenes ida y vuelta, donde el sujeto se confunde con un mapa y termina no sabiendo qué hacer.

El síntoma tiene una relación a la verdad y por otro lado surge allí donde las decisiones no son posibles. La vertiente del síntoma es la que sostiene al sujeto en su asociación libre, en la articulación S1 y S2, mientras que la vertiente del fantasma muestra que el sujeto está articulado en: (S/<>a).

Así como el fantasma de la escena primaria lo podemos leer en el Hombre de los Lobos, el fantasma de la muerte del padre se puede leer en el Hombre de las Ratas.

El niño puede saber la relación de la copulación con la procreación, pero la función de procrear en cuanto es significante es otra cosa. Es necesaria la relación con la experiencia de la muerte que da al término procrear su pleno sentido. La paternidad y la muerte son dos significantes que Freud relaciona a propósito de los obsesivos.

Freud liga la aparición del significante Padre, en cuanto autor de la Ley, con la muerte, incluso con el asesinato del padre, mostrando así que ese asesinato es el momento fecundo de la deuda con la que el sujeto se liga para toda la vida con la Ley, el Padre simbólico en cuanto que significa la Ley es entonces el Padre muerto.

La función paterna no termina de funcionar en este sujeto, pues el padre real no basta para cumplir la función pues es necesario que el padre sea sustituido por su propia metáfora, por eso la deuda simbólica es la inscripción ineludible de la función del padre. Aquí Freud plantea que es el complejo de castración el que conduce a la deuda por donde se constituye el sujeto.

El complejo de castración inconsciente, tiene una función de nudo, tanto en la estructuración de los síntomas, como en la instalación en el sujeto de una posición inconsciente, sin la cual no podrá identificarse sexualmente, ni responder en una relación sexual.

Hay una relación entre los elementos originales y fundamentales para el sujeto y el desarrollo ulterior de la obsesión fantasmática. Eso desencadena la crisis actual y pone en acto la neurosis. En el síntoma aparece una obligación de pagar la deuda, pasando por el teniente A, y el teniente B, pero no es allí donde debe pagar.

Freud se deja guiar por el psicoanálisis, se deja guiar por lo real y no por la realidad que rodea al Hombre de las Ratas, en tanto sabemos que al Hombre de las Ratas no lo determina la realidad que lo rodea sino lo real imposible. Sabemos que el paciente sabía que el capitán se equivocaba en la información respecto a la realidad, pero algo de verdad subyace en el error, una deuda imposible de pagar se plantea de nuevo en otro escenario. Por eso Freud escucha especialmente cuando el paciente dice: "Lo que voy a decir ahora no tiene ninguna relación con todo lo que me ocurrió". Es así como Freud se percata de inmediato de la relación.

A su padre lo presenta casado con una mujer de más elevada posición en la jerarquía burguesa y que cada tanto le bromea que antes de casarse estaba enamorado de una muchacha pobre pero linda, a lo cual el padre cada vez responde que se trató de algo fugitivo y olvidado. Sin embargo esta escena se repetía sin cesar. Otro elemento que está en juego es un amigo del padre, que le había salvado del deshonor de ser descubierto en un gasto de dinero del ejército, pues era suboficial. Amigo a quien nunca pudo devolver el dinero que le prestó. Es por eso que el conflicto mujer rica, mujer pobre, se desencadena cuando el padre le empuja a casarse con una mujer rica.

El obsesivo se disfraza de otro personaje, siempre se excluye, se posiciona siempre fuera de su propia vivencia. El obsesivo no puede asumir sus particularidades, ni sus contingencias, es alguien que no se siente en armonía con su existencia.

En análisis es ese sujeto que no está afectado pero que es pura afectación, su relato transcurre sin afecto, esté hablando de una situación cotidiana o de una situación de riesgo, relata una tragedia donde él es protagonista como si relatara una anécdota.

Este disfrazarse para quitarse el disfraz y siempre compulsado a seguir disfrazándose, este desdoblamiento narcisista en el que reside el drama del neurótico, lo muestra Freud en Poesía y Verdad de Goethe, un texto que al Hombre de las Ratas había impactado, porque el protagonista logra liberarse de una maldición, que funciona como prohibición, y que una mujer celosa había arrojado sobre la primera que después de ella besase sus labios.

Este tema lo relata el paciente en relación a sus impulsos onanistas, actividad con la cual no había tenido relación en su pubertad y que después de la muerte del padre, a los 21 años, aparece en él. Lo singular es que surgía en él en raras ocasiones, especialmente en momentos felices o bajo la impresión de bellas lecturas.

Freud encuentra un elemento común: la prohibición y el hecho de infringir un mandato.

En este sentido explica el sentido de sus rituales nocturnos que practicaba cuando fantaseaba que su padre aún vivía y estudiaba por si él llegaba en cualquier momento, pero a las 12 en punto, hora tradicional de los aparecidos, abría la puerta, volvía a su cuarto y colocándose frente al espejo contemplaba su pene desnudo. En vida de su padre había sido un mal estudiante y ahora quería que le encontrase estudiando, pero a la vez sus maniobras con el espejo no podían satisfacer a su padre. Más bien lo desafiaba y mostraba así su actitud para con él. Lo mismo le ocurría respecto a su amada, recordemos ese acto obsesivo de quitar la piedra para después volver a ponerla, al paso de su amada.

Freud aventura una construcción acerca de que siendo niño habría cometido alguna falta relacionada con el onanismo y que habría sido castigado violentamente por el padre. Este castigo habría puesto término al onanismo, pero había dejado un inextinguible rencor contra el padre que había fijado para siempre su papel de perturbador del goce sexual.

Papel que le vemos desempeñar en todas las relaciones amorosas del sujeto.

El paciente recordaba haber sido castigado severamente por su padre sin saber por qué, lo que recuerda es la cólera que surgió en él ante el castigo, aquel día que todavía sin saber palabras insultantes, e había lanzado como tales los nombres de todos los objetos que conocía: toalla, lámpara, plato, etc. El padre asustado ante tan violento acceso, dejó de pegarle y dijo: Este chico será un gran hombre o un gran criminal.

Desde entonces temeroso del tamaño de su cólera se volvió un cobarde. Sin embargo no recordaba que el castigo hubiera tenido como motivo el onanismo, sólo recordaba que su madre le había informado de tal castigo sin decirle el motivo y que luego tras su insistencia le había dicho que había sido porque había mordido a alguien. De estas palabras no se podía deducir el menor carácter sexual, pero tenemos que pensar que los recuerdos infantiles quedan determinados en la pubertad después de un proceso de elaboración. Lo que vemos es que intenta borrar el recuerdo de su actividad infantil.

Freud señala que no se trata de que las construcciones que él hace al paciente hayan acontecido en la realidad y que no se trata de interpretar todas las ideas obsesivas, pues ha dejado de padecer obsesiones sin que hayamos llenado todas las lagunas. No se trata entonces de dar explicaciones y de rellenar la historia sino de otra historia. Freud marca también que la investigación científica por medio del psicoanálisis es un resultado accesorio a la labor terapéutica, razón por la cual sus descubrimientos son más importantes cuando la labor terapéutica fracasa.

El paciente no aceptaba gustosamente las interpretaciones y las construcciones de Freud y Freud lo sabía, sabía que tenían una relación con la verdad, pero el sujeto de la verdad no quería saber nada, se trataba de algo inconsciente y debía ser por medio de un proceso inconsciente, la transferencia del sujeto.

Freud en relación al tormento de las ratas no busca un nuevo sentido sino que busca las relaciones que el sujeto establece. Así cuando el paciente recuerda el castigo por haber mordido a alguien asocia con el hecho de que las ratas también muerden. Freud se apoya en el saber de los poetas y trae a Mefistófeles en Fausto de Goethe:

"Para abrirme paso a través de la magia

yo requería dientes de rata.

Una dentellada y ya está hecho".

Este joven abogado de 29 años, cuyos padecimientos impedían el trabajo y el estudio, muchas veces había sentido lástima de las ratas. Él mismo había sido un animalito sucio y repugnante que mordía a los demás en sus accesos de rata.

Fausto nos dice:

"Puesto que ve en la hinchada rata

un ser vivo semejante a él".

Este sujeto encontraba su pareja en la rata, para él niño y rata son equivalentes.

En un artículo acerca de la Transmutación de los instintos en el erotismo anal, Freud plantea que en el inconsciente niño, pene, dinero y regalo son equivalentes para un sujeto obsesivo o un sujeto bajo la dialéctica del erotismo anal. Así meses después de iniciar el tratamiento confiesa a Freud que cuando paga siempre piensa: tantos florines, tantas ratas.

Es por eso que el relato del capitán cruel le afecta en tanto estimula su complejo. Las ratas eran niños, según sus primeras y más importantes experiencias.

La mujer que amaba había sido operada y no podría tener hijos, esa era la causa de su indecisión, pues a él le gustan mucho los niños.

El relato del tormento de las ratas estableció relación con la escena infantil, donde él mordía a alguien. Ante el relato él había pensado sin decirlo: A ti debería sucederte algo semejante. Y no lo dijo porque ya no estaba con el capitán sino en otro escenario, con su padre, en tanto el capitán ha quedado implicado con el complejo paterno, como también queda implicado Freud en la transferencia del sujeto. El paciente en la sesión se levantaba y paseaba de un lado para otro, o bien se tumbaba en el diván agarrándose con temor la cabeza o bien su cuerpo parecía temeroso de ser golpeado, y así llegó a expresar que sentía que lo que decía era injuriante para Freud y que temía que le golpeara. A lo cual Freud le asegura que no tiene ninguna tendencia a la crueldad.

Pero ya está operando la transferencia.

Cuando Freud inicia el tratamiento después de la primera entrevista y después de establecer la única condición del tratamiento, decir todo lo que le viniera a las mientes, fuera desagradable, nimio, incoherente o disparatado y habiendo dejado a su elección el tema inicial, comenzó a hablar de su relación con un amigo a quien acude para preguntarle si sus ideas indican que es un delincuente y para que él le asegure que es un hombre irreprochable, aunque examina sus actos con demasiado escrúpulo. Podemos decir que Freud es en el tratamiento el amigo. También habla de otro amigo que lo traiciona, por eso también es el capitán cruel.

En las primeras sesiones donde relata la escena del capital cruel y el tormento de las ratas, donde habla de la pérdida de sus gafas y la deuda que se le genera cuando su oculista le envía sus nuevas gafas y la empleada de correos paga el importe, pero que el mismo capitán del relato de la tortura de las ratas le indica erróneamente que debe pagar al teniente A, y que aún sabiendo el error entra en un hacer y deshacer, en un ida y vuelta en trenes que no le conducen a ninguna parte, pero donde la dama de correos y una muchacha pobre que había conocido durante unas maniobras militares se disputaban el destino. Destino al cual nunca llega pues en una de sus idas y vueltas toma el tren para Viena y va a buscar refugio allí, recurriendo primero a su amigo y después a Freud, habíamos dicho cuando cae en sus manos Psicopatología de la vida cotidiana y encuentra que habla de un tipo de pensamiento que reconoce en él mismo.

En el curso de su primera sesión le dice a Freud que en un primer momento había buscado un médico con el único fin de que le diera un certificado que indicara que por prescripción médica el teniente A, debía aceptar las 3,80 coronas, lo cual le permitiría encontrar la solución a su obsesión. Muchos meses después nos dice Freud, en el punto culminante de la resistencia, le acometió la tentación de ir a buscar al teniente A. Es tal vez para indicarnos que una cosa es la transferencia y otra la resistencia.

Le preocupaba la capacidad del médico para confiar en él pero su miedo era a su propia agresión y la represalia siguiente. Evocó la muerte súbita de su padre mientras él descansaba una hora, lo que le produjo una gran culpa, y nunca pudo aceptar la realidad de esta muerte. Solía encontrarse pensando: "Tengo que contárselo a papá", tal vez también al psicoanalista, o bien cuando entraba a una habitación esperaba encontrarse allí a su padre, por ejemplo en la consulta de su psicoanalista.

Para Freud el sentimiento de culpa del obsesivo tiene que tener una justificación inconsciente, así la culpa por la muerte de su padre es para Freud el deseo de muerte del padre que debiendo ser inconsciente había llegado a ser consciente en relación a sus relaciones amorosas. Al no operar la función del padre muerto había obstáculos en sus relaciones con la mujer.

Cometido el crimen se dispone a buscar castigo, y éste fue imponerse un juramento imposible, un deseo imposible.

¡Tienes que devolver el dinero al teniente A, tu padre no puede equivocarse! Tampoco un Rey se equivoca, así cuando interpela a un súbdito con un título que no le corresponde, es que se lo otorga para siempre.

Primero no debes devolver el dinero, pues si no sucederá el castigo de las ratas. Después el juramento imposible, transformación en lo contrario, como castigo a la rebelión. La encrucijada en la que se encontraba era "si debía o no obedecer al padre y si debía permanecer fiel a su amada". Obedecer al padre implicaba el abandono de la mujer amada.

Para Freud no se trata de encontrar sentido sino soluciones a las ideas obsesivas y con la solución que el análisis procura quedar desvanecido el delirio de las ratas.

Desde la constelación original a su surgimiento en la transferencia hay un trabajo en la dirección de la cura. Todo esto surge en el transcurso del análisis, pero no es recordado por el paciente, ni referido a lo que ocurre en el momento actual, sino que es mediante la transferencia como puesta en acto de la realidad inconsciente que el deseo del analista va a operar.

Es en el trabajo de transferencia con Freud, cuando realiza la sustitución de la mujer rica por el amigo, es cuando sueña que Freud desea darle a su hija rica por esposa que la experiencia analítica pasa a ser el trampolín para la solución. En el sueño hace de la que imagina hija de Freud un personaje dotado de todos los bienes de la tierra, que en el contenido manifiesto representa en forma harto singular: un personaje provisto, como el paciente mismo, de anteojos, y basuras como ojos. No casarse por sus lindos ojos, sino por su dinero.

Vemos al Hombre de las Ratas en un desdoblamiento narcisista, o bien, un desdoblamiento del personaje del padre, antes que pasar por la división que le permite la castración, eso que permitirá que la relación mortal de modo simbólico se instale en él.

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