Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

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CONFERENCIA SEMANAL

LABERINTO I
CON FREUD Y LACAN

EL OBSESIVO Y EL OTRO

Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha. Diga, diga, habla, hable, asocie libremente, emplee libremente la palabra, todo lo libre que la función de la palabra puede ser, tan libre como una variable en una relación matemática, tan libre como pueda serlo en el campo del lenguaje.

Libre hasta que habla, hasta que dice, y entramos en el campo del psicoanálisis, en el campo del deseo, en el campo que delimita esta ciencia llamada por Lacan ciencia de lo real. Y en este campo la regla es que no vale desdecirse, cuando la cadena se rompe, algo ha desencadenado la cadena, y sólo la verdad es capaz de desencadenar.

En psicoanálisis no hay posibilidad de engaño en tanto cada uno es engañado por su propia verdad, es decir, en psicoanálisis se es engañado por el Otro.

Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha, marca que la apertura al campo del Otro, que supone esta hiancia con que designamos el inconsciente, como apertura no al mundo subterráneo de los instintos sino donde la pulsión, la exigencia de trabajo psíquico que supone la pulsión va a conformarse al campo del Otro, marca digo que es en la escucha donde se produce que lo que se dice tenga relación con el saber sobre su verdad.

La historia del psicoanálisis podemos decir que comienza con el deseo del psicoanalista, ese deseo de Freud que lo condujo por la vía de la producción de una teoría acerca del deseo inconsciente. Es con el deseo de deseo insatisfecho de las histéricas que comienza el psicoanálisis pero en su relación con el deseo del psicoanalista que era Freud.

Es por eso que Lacan en su intento de transmitir las enseñanzas de Freud, un saber que no puede ser transmitido como un saber sabido en tanto se trata del ejercicio del no-saber, transmisión donde se pone en juego la transferencia del que aprende y el deseo del psicoanalista que está en posición de transmitir.

El que escucha es entonces el que hace existir los hechos del relato, el que hace el trabajo de construcción de la historia del deseo, esa historia donde se juega una verdad, donde como proceso va a permitir que lo real sea construido, que el fantasma que sostiene el deseo se construye, en tanto antes de la experiencia psicoanalítica estaba sujetado al deseo del deseo del otro y ahora está sujeto al deseo del deseo del Otro.

El psicoanálisis permite pensar una forma de relación donde la confianza no es lo que trabaja al psicoanalizando, en tanto la confianza es del orden de eludir el trabajo de abrirse a las preguntas que a cada uno nos trabajan. La confianza o la desconfianza está relacionado con la creencia y la no creencia, y lo que en el psicoanálisis funciona como en toda ciencia es del orden de la no-creencia. Las intervenciones del psicoanalista juegan en el psicoanálisis por el modo en que son eludidas, rechazadas, o bien aceptadas, para lo cual siempre se precisa de la palabra. En psicoanálisis tanto el sí como el no del paciente son tomados en una estructura significante, donde el sí tiene que ir acompañado de resultados y el no es signo de una afirmación inconsciente, es decir, cuando el paciente dice: no crea, doctor, que esto lo digo porque tenga alguna relación con lo que me pasa, está diciendo que desconoce cual es la relación pero que la hay.

El obsesivo es aquel que habla mientras espera la muerte del que escucha, mientras espera que el psicoanalista ponga el punto final a la sesión.

Histérico y obsesivo buscan un amo, pero mientras el histérico lo busca para dominarlo, para someterle al poder de sus palabras, donde no busca ser escuchado sino que le escuchen, el obsesivo ya ha encontrado un amo y está esperando mientras se termina su mandato, pero no espera ociosamente, trabaja sin descanso para que la recompensa aumente, su oblatividad, su espíritu de sacrificio tiene el sentido que se manifiesta en la religión, por eso se dice que la neurosis obsesiva es como una religión privada, tiene sus rituales que cumplir en tanto si no los cumple sucederá algo malo, será castigado en él mismo o bien en sus personas más queridas. Como está en juego la muerte del Otro, su trabajo consiste en hacer y deshacer, en afirmar y negar, en dudar indefinidamente de todo.

Atrapado por la duda, su duda le salva de hacer pero de forma trabajosa, tiene que hacer para deshacer, como Penélope, sólo espera a Ulises, mientras trabaja para engañar a los otros, una duda que al obsesivo le asegura contra el suicidio.

Así como el melancólico está avocado al suicidio, al pasaje al acto, a caer identificado con el objeto a, y el histérico puede fallar en sus intentos de dividirse sin romper su cuerpo, enfermándose, o bien sin romper la cadena significante inconsciente, donde mareos, ataques o bien olvidos, hacen que el cuerpo se desvanezca sin que su posición de sujeto quede transformada, pues nada sabe, nada recuerda, nada pasó.

El obsesivo en cambio atrapado por la duda nos dice: me dispongo a suicidarme y me entra la duda, no sé si hacerlo o no hacerlo, siempre encuentra un culpable a quien se debería castigar antes que a él, siempre encuentra un remedio para no llegar al final, pues llegar no depende de su trabajo, de su hacer, sino de que el otro caiga.

Y no importa que su amo haya incluso muerto, como sucede en el caso del Hombre de las ratas, en tanto su padre había muerto y sin embargo producía rituales para su padre, incluso hacía cosas para contárselas, pero como se trata de su relación con el Otro, de su relación con su padre muerto, padre absoluto, en su psicoanálisis Freud construye su fantasma.

Construcciones de Freud durante este análisis que le permite acceder a la estructura que sostiene su deseo, sin intervenir en sus síntomas, en las formaciones de su inconsciente, pues el síntoma sabemos que tiene relación con la verdad del sujeto, pero es una verdad que está en el museo, es una obra en la que ha invertido demasiado trabajo. Por eso la maestría de Freud en darse cuenta que no es el síntoma lo que está en juego, sino que el síntoma es una elaboración de lo que está en juego.

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