Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

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CONFERENCIA SEMANAL

LABERINTO I
CON FREUD Y LACAN

TEXTOS SOBRE LA NEUROSIS OBSESIVA EN FREUD

Freud en un determinado momento señala que los estudios que el psicoanálisis todavía no ha hecho, no es porque pasen inadvertidos o por considerarlos faltos de interés sino porque el psicoanálisis sigue un camino determinado que aún no le ha conducido hasta ellos. También nos indica que cuando el psicoanálisis se enfrenta a cualquier estudio se muestra en forma distinta, en tanto los hechos son otros que los que se muestran para otras disciplinas, pues sabemos que los hechos no existen sino después de ser interpretados, es decir son diferentes para cada disciplina.

Es por eso que cuando nos acercamos a los textos donde Freud trabaja la cuestión de la neurosis obsesiva tenemos que pensar que en el camino del psicoanálisis se ve conducido a ellos.

Es en 1894 en «Neuropsicosis de defensa», donde por primera vez enuncia la cuestión. Se trata de un Ensayo de una teoría psicológica de la histeria adquirida, de muchas fobias y representaciones obsesivas y ciertas psicosis alucinatorias, como lo indica el subtítulo.

En 1895 «Obsesiones y Fobias». Su mecanismo psíquico y su etiología. En 1896 «Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de defensa». En 1898 y 1905 «La sexualidad en la etiología de las neurosis». En 1907 «Los actos obsesivos y las prácticas religiosas». En 1909 «Análisis de un caso de neurosis obsesiva. El Hombre de las Ratas». En 1912 «Totem y Tabú» en el capítulo II de la parte II, donde podemos decir se plantea el mito de la muerte del padre, mito que produce Freud y que algunos autores denominan como el último mito de Occidente. Mito como verdad, que podemos diferenciar del mito de Edipo, en tanto en Edipo el goce es de Edipo y surge después del asesinato del padre, mientras que en el mito del asesinato del padre de la horda primitiva, el goce es del padre y es anterior al asesinato, goce inaccesible para el hijo que después del asesinato igual queda inaccesible para el hijo, en tanto no porque el padre muera todo está permitido sino que queda definitivamente prohibido. El goce queda separado para siempre del deseo. En el caso de Edipo al matar al padre el hijo accede a la madre, por eso decimos que Edipo no tuvo Edipo, mientras que en este mito al matar al padre las mujeres quedan prohibidas por Ley. Algunos autores nos dicen que podemos decir que el mito de Edipo es el mito de la histeria mientras que el mito de Totem y Tabú es el mito de la neurosis obsesiva.

En 1912 publica tres ensayos sobre Aportaciones a la vida amorosa: La degradación general de la vida amorosa, El tabú de la virginidad y Sobre una especial elección de objeto en el hombre, donde se plantea el desdoblamiento de la mujer, cuestión ésta característica en el obsesivo.

En este mismo año, 1912, escribe «Sobre los tipos de adquisición de la neurosis» y un año después, 1913, «Sobre la disposición a la neurosis obsesiva». En 1915, en «Duelo y melancolía» discrimina el sentimiento de culpa en la neurosis obsesiva y en la melancolía. En «Lecciones Introductorias» de 1916-17 amplía el estudio sobre el sentido de los síntomas. La discriminación de la neurosis obsesiva dentro de las enfermedades consideradas como psíquicas continúa en el texto sobre «La pulsión y los destinos de la pulsión» en 1915; también en el trabajo sobre «La represión», considerado como uno de los destinos de la pulsión, de este mismo año.

En 1917 avanza sobre esta cuestión y publica «Las transmutaciones de la pulsión, especialmente del erotismo anal». En este mismo año realiza un trabajo sobre un recuerdo infantil en el texto «Poesía y verdad» de Goethe, relacionándolo con la cuestión del obsesivo, precisamente porque es un texto que el Hombre de las ratas había leído y habla de ello en alguna de sus sesiones.

Así como «Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci» le va a servir para hablar de la estructura fóbica, «Poesía y verdad» de Goethe la va a trabajar para hablarnos de la estructura obsesiva.

En 1919 publica «Pegan a un niño» frase que le permitirá definir el fantasma de la estructura perversa y generalizar la cuestión del fantasma para la estructura del sujeto, manifieste una estructura perversa o neurótica.

Otro texto donde va a trabajar específicamente la cuestión de la neurosis obsesiva va a ser en 1925, en «Inhibición, síntoma y angustia», donde va a discriminar lo que es inhibición, lo que es síntoma y lo que es angustia, intentando una diferencia.

En 1934-8 sigue trabajando la cuestión del Nombre-del-Padre en el mito del neurótico, publicando «Moisés y la religión monoteísta».

En 1937, en «Análisis terminable e interminable», una de sus últimas obras, sigue estudiando esta estructura obsesiva que podemos considerar una de las denominadas estructuras freudianas, en tanto es Freud quien la produce.

Freud sitúa en el lugar de la predisposición una posición ética, hablándonos de un momento que en el intento de olvidar, en la decisión de apartarse del pensamiento, en el camino de una conducta moral, más allá de sana o enferma, se ve conducido, tiene como consecuencia una patología. El sujeto enferma para conservar una conducta moral. Esto Freud no lo plantea del orden de lo necesario sino que nos dice que se trata de una predisposición.

Este tema nos interesa en el sentido que por primera vez en la historia se desplaza del lugar de la predisposición a la única teoría existente hasta entonces: la teoría de la degeneración.

Freud plantea que el intento de olvidar, de hacer que lo ocurrido no haya ocurrido, separa la representación del afecto por un mecanismo psíquico tal que el afecto queda enlazado a una nueva representación, creando un falso enlace, y produciendo una relación absurda.

La división que se produce entre representación y afecto conlleva una división del sujeto, que resulta insoportable para la estructura histérica del sujeto y también en la estructura obsesiva, es así que cuando el afecto queda libre tiene diferente destino en la histeria que en la neurosis obsesiva, mientras en la histeria la división del sujeto va acompañada de una división en el cuerpo, en tanto acontece un desplazamiento al cuerpo mediante el mecanismo psíquico de la conversión, dividiendo el cuerpo, en el neurótico obsesivo el desplazamiento se realiza enlazándose a otra representación transformando dicha representación en representación obsesiva.

En principio Freud plantea una situación traumática sexual para la estructura histérica y para la neurosis obsesiva, donde para uno es un estado de seducido y para otro de seductor, donde uno vive la situación con displacer y otro con placer, que luego serán las situaciones buscadas, es decir para la histeria una búsqueda de deseo insatisfecho y para la neurosis obsesiva un deseo imposible por ya acontecido. Esta teoría de un trauma realmente acontecido cuando Freud deja de creer en sus neuróticos, cuando deja de creer que estas experiencias traumáticas infantiles constituyen hechos realmente acontecidos, los plantea como hechos fantaseados, con lo cual la fantasía pasa a un primer plano y con ello más que abandonar la teoría implica una generalización para todo sujeto. Es por eso que en la psicoterapia deja de buscarse lo traumático, en tanto ha pasado a ser constitutivo del sujeto. El encuentro con el deseo del Otro es un momento mítico, que debemos suponer que siempre ocurre, pues se trata de una necesidad estructural.

De aquí surge la idea de fantasías originarias. Freud nos dice que en toda neurosis obsesiva nos encontramos con una histeria y en el historial de El hombre de las ratas llega a decir que la neurosis obsesiva es un dialecto de la histeria.

Freud después de trabajar la transmutación pulsional donde plantea para la neurosis obsesiva una regresión de la organización genital a la organización anal, señalando un predominio en el obsesivo del erotismo anal, nos habla de que una neurosis obsesiva comienza en forma de histeria y a partir de la regresión se constituye como neurosis obsesiva.

A lo largo de su obra Freud mantiene que hay una relación de la neurosis obsesiva con la histeria. La neurosis obsesiva como un dialecto de la histeria, como una histeria que evoluciona de distinta manera. Es por eso que hay algunos histéricos que son obsesivos y la neurosis obsesiva no excluye la histeria. Esto no ocurre entre neurosis y psicosis que son excluyentes.

En cuanto al tratamiento Freud en «Psicoterapia de la histeria» aconseja tratar todos los casos como si se tratara de una histeria. Lacan después dirá que el discurso de la histeria es el discurso del deseo, que es por eso que la entrada en análisis supone una histerización.

Es por eso que el diagnóstico en psicoanálisis siempre es a posteriori, en tanto la aplicación del método psicoanalítico es terapéutico, el tratamiento es el diagnóstico, son a la vez y será después cuando se sepa qué estructura clínica padecía ese sujeto que se produce en la experiencia analítica.

Decimos que en psicoanálisis no se trata de responderle a la madre de una muchacha que no habla, el porqué no habla, sino que se trata de que después del tratamiento si habla se puede responder que se trataba de un rasgo diferencial histérico.

Es la ley de interdicción del incesto, la ley que prohíbe gozar de la madre y matar al padre, la que produce el deseo como deseo de deseo del Otro.

En «La subversión del sujeto» Lacan nos indica que la castración quiere decir que es preciso que el goce sea rechazado para que pueda ser alcanzado en la escala invertida de la ley del deseo.

La castración es en todo caso lo que regula el deseo, en el normal y en el anormal, nos dice Lacan en este mismo texto.

Es por todo esto que se habla de la economía del goce, pues la economía siempre es economía pulsional, economía libidinal, lo cual quiere decir que es diferente la interdicción del goce autista que el intercambio propio del deseo.

Dijimos que el deseo es deseo del otro, tiene que constituirse como deseo del deseo del Otro, en tanto cuando se trata del deseo el Otro siempre tiene que estar implicado. El goce en cambio no remite al Otro, más bien se excluyen.

El goce es eso que hace falta que no haya.
Mientras que el deseo se articula con el falo como «común medida» el goce está fuera de toda medida, es por eso que el goce del síntoma, el goce de la autopunición está fuera de medida. Se trata entonces de la renuncia al goce autoerótico, en tanto el síntoma o el castigo dejan al sujeto en la soledad del mismo goce. Es decir, que en el goce no se trata de ganancia pues si hay ganancias siempre es un goce a solas, se trata de un goce como perdido, lo cual incluye la relación del deseo con la muerte y el desasosiego consecuente, respecto a lo cual el sujeto no puede pedir ayuda a nadie, sino que se trata de vivir a pesar de ser mortal o más bien por eso mismo.

Nadie obliga a nadie a gozar, salvo el superyó. El superyó es el imperativo del goce. A este ¡goza! el sujeto sólo puede responder: Oigo, pues sabemos que el goce es lo que hace falta que no.

El superyó tiene la característica que cuanto peor nos va peor nos trata. Lacan llega a decir que el superyó persigue más al individuo en función de sus desdichas que de sus faltas, que se alimenta de las satisfacciones que se le otorgan, que es de una economía tal que cuantos más sacrificios se le hacen más exigente deviene. Freud nos dice que aquel que se dedica a someterse a la ley moral encontrará reforzadas las exigencias siempre minuciosas y crueles del superyó. El superyó exige el goce, una convocatoria a la no castración.

Es por eso que las intervenciones del psicoanalista tienen que tender a terminar con el goce, lo cual no quiere decir que la posición del analista sea la del que castiga, en tanto eso ya tendría que ver con el goce. Sabemos que es por la satisfacción, por el goce, que los sujetos penan demasiado y este penar demás es lo que justifica un análisis.

Se trata de llevar al sujeto a ese punto donde la satisfacción de la palabra responde al goce fálico, la otra satisfacción cuyo soporte es el lenguaje, en tanto se satisface a nivel inconsciente y por eso decimos que el inconsciente está estructurado como un lenguaje.

Lacan nos dice que el único bien para el ser humano es el bien interdicto, ese que hace falta que no haya.

También nos dice que la realidad se aborda con los aparatos del goce y aparato no hay otro que el del lenguaje. Así se apareja el goce en el ser que habla.

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