Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

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CONFERENCIA SEMANAL

LABERINTO I
CON FREUD Y LACAN

HISTORIA DE UNA NEUROSIS OBSESIVA
HISTORIA DE UNA NOSA

Todo deseo actual para Freud recibe su fuerza de un deseo sexual infantil reprimido. Es por esto que Freud ante un síntoma delirante, por ejemplo, delirio de celos, se pregunta por el deseo que sostiene ese síntoma delirante.

En el caso de una señora que padece un delirio de celos por personas más jóvenes que ella misma, llega a interpretar su enamoramiento de un cuñado, por lo cual le señala que... si su marido incurriera en la gravísima falta de enamorarse de alguien más joven, quedaría ella libre de remordimientos de su propia infidelidad...

Este es entonces el sentido del síntoma, la intención, el propósito del síntoma.

En la clase 16 y 17 de "Lecciones Introductorias", 1915-17, Freud nos presenta innumerables casos de neurosis obsesiva en sujetos femeninos, lo mismo que Lacan en el Seminario V, sobre "Las formaciones del inconsciente", con lo cual no puede permanecer la idea de que la neurosis obsesiva es más propia de sujetos masculinos. Lo mismo ocurre con el caso de la histeria que hasta Charcot, que presenta casos de histeria masculina, era atribuida a la mujer.

Con el ejemplo anterior vemos que para Freud un delirio no marca la diferencia entre neurosis y psicosis.

Antes de Freud la categoría de obsesión como entidad clínica fue introducida en la nosología como "locura de duda" y "delirio de tacto". La psiquiatría destacaba las ideas y los actos compulsivos, la duda y el estado de irresolución. Algunos autores describen a estos enfermos viviendo bajo un estado de duda perpetuo y que no logran detener el trabajo incesante de su pensamiento que no llega nunca a un resultado definitivo. Durante mucho tiempo se la conoció como la enfermedad de la duda.

Antes todavía era considerada como delirio parcial, como una de las formas de delirios parciales. Kraepelin a diferencia de Freud la llama "locura obsesiva", mientras que Freud la denomina neurosis obsesiva. Podemos decir que es Freud quien la rescata de la locura, de su lugar entre las psicosis.

Está en juego la distinción entre neurosis y psicosis. En la clasificación de Krafft-Ebing las neurosis son la hipocondría, la histeria, la epilepsia, y más tarde la neurastenia. Es decir, que la psiquiatría separaba neurosis y psicosis en la dicotomía mente-cuerpo, mientras que Freud crea un nuevo grupo, el grupo de las neuropsicosis donde distingue neuropsicosis de transferencia y neuropsicosis narcisistas. Entre las neuropsicosis de transferencia incluye histeria y neurosis obsesivas, donde vemos que mientras los síntomas de la histeria se manifiestan en el cuerpo (por conversión), y en la mente los de los obsesivos, sin embargo están en el mismo grupo, pues la diferencia freudiana no pasa por la dicotomía cuerpo-mente, sino que para Freud los mecanismos, en ambas estructuras clínicas, son mecanismos psíquicos.

Freud no agrupa a partir de lo observable, no trabaja con la clínica de la mirada, no tiene en cuenta lo que se puede describir de la conducta del paciente, pues no se trata de una mera descripción de síntomas sino que para él implica una articulación con la terapia psicoanalítica, una articulación de teoría, método y técnica, donde la cuestión de los mecanismos psíquicos de formación de los síntomas, la teoría sobre la sexualidad humana y la etiología sexual tienen una gran importancia para su formulación de una teoría de las neurosis.

La distinción entre neurosis y psicosis Freud la hace desde la terapia psicoanalítica, es decir bajo transferencia.

Podemos decir que es según el método utilizado, ya sea psiquiátrico o psicoanalítico, que se establecen unas u otras relaciones entre las entidades clínicas.

Es por eso que a pesar de que la neurosis obsesiva antes de Freud era confundida con la histeria o bien con la hipocondría, a pesar de observar su presencia simultánea con la histeria, la psiquiatría ubicaba a la histeria y a la locura de duda en lugares muy distintos de la nosología, a la primera entre las neurosis y a la segunda entre los delirios parciales.

Freud reconoce en la histeria, a pesar de que sus síntomas sean corporales, un mecanismo psíquico y así puede incluirla en el mismo grupo de las neurosis obsesivas.

La psiquiatría ya había destacado alguna de sus sorpresas ante la locura de duda, en parte porque no desembocaba en una verdadera demencia y en parte porque advertía ciertas posibilidades terapéuticas que también la diferenciaba del resto de los delirantes.

Lo que Lacan destaca como la necesidad del obsesivo de responder a la demanda del otro, ya había sido observado por la psiquiatría a su manera, en tanto habían dicho que el obsesivo obedecía, que en el médico buscaba una autoridad que dominara su voluntad y la subyugara, que buscaba más un amo que ordenara que uno complaciente. Después el psicoanálisis dirá que busca amo para esperar su muerte, para que esa espera le sirva de coartada, para mantenerse en estado de irresolución.

Señalaremos aquí que la psiquiatría en tanto estructura de discurso del amo, en tanto diferente al discurso analítico, mantenía al obsesivo en su estado ideal.

En 1895 Freud escribe un trabajo que titula "Obsesiones y Fobias" donde trabaja la importancia del mecanismo psíquico de ambas estructuras clínicas y su etiología sexual, rescatándolas del saco de la neurastenia, como después hará con la neurosis de angustia. Quince años más tarde, en 1905, Kraepelin titula uno de los trabajos con el mismo nombre, sin embargo no parece tener en cuenta la teoría de Freud. Hay autores que destacan que las ideas de Freud se propagaban rápidamente entre los psiquiatras pero desprovistas de su teoría sobre la sexualidad humana y despojadas de la etiología sexual.

Tomado como fenómeno observable la psiquiatría y la psicología lo enmarcan en un cuadro nosológico, donde se describe como un todo, como un conjunto de síntomas.

En psicoanálisis un síntoma es una respuesta a una situación que rebasa al sujeto. Por eso en la historia de la neurosis obsesiva hay un antes y un después de Freud.

Después de Freud se puede considerar una de las llamadas estructuras clínicas freudianas.

Durante mucho tiempo se pensó que la enfermedad del sujeto era lo mismo que sus síntomas, hasta que la histeria vino a ponerlo en cuestión, en tanto, se pensó que los síntomas de la histeria eran engañosos, que la enfermedad era ser caprichoso, que los síntomas eran un rasgo del sujeto en lugar de un rasgo diferencial de la histeria.

¿Por qué no habla mi hija? No indica que haya una mudez, pues si llega a hablar lo que indica es que era un rasgo histérico.

Hay una semiología específicamente freudiana de la neurosis obsesiva. Hay que tener en cuenta que la nosología en Freud y el psicoanálisis no es lo mismo que en la psiquiatría.

Una nosa, un sistema nosológico, tiene que sostenerse en su semiología o descripción, en su etiología y mecanismos, y también en los métodos de su tratamiento, en el caso del psicoanálisis, el tratamiento psicoanalítico.

Freud nos llama la atención acerca de que la neurosis obsesiva puede ser confundida con la melancolía, en tanto, en la neurosis obsesiva se presenta el predominio de la culpabilidad y de los reproches, permaneciendo inconsciente el componente de satisfacción pulsional.

También puede ser confundido con un perverso sádico por la relación sádica que establece con el Otro, pero en realidad se defiende encerrándose en una armadura de hierro, para impedirse acceder a lo que Freud llama un horror que él mismo desconoce, un goce, una satisfacción libidinal, que él mismo desconoce.

Mientras que la culpabilidad del melancólico se refiere al otro con el cual se identifica, al cual juzga, condena y ejecuta, consumando su propio asesinato en el suicidio; la culpabilidad en el obsesivo se refiere a un goce consumado fantasmáticamente del cual se castiga sin llegar a la acción.

El melancólico se regodea cuando se acusa de ser culpable, quiere que todos lo sepan, lo dice ante otros, que se le reconozca como tal, ese es todo su afán, mientras que el obsesivo se siente culpable de algo que desconoce, de algo que no ha cometido, por eso llega a dudar acerca de si no será él el culpable del crimen cuya noticia lee en la prensa, incluso se acusa de la muerte de todos los muertos del cementerio más próximo a su casa.

Freud nos señala que el melancólico habla de un otro con el cual el sujeto ha tenido una fuerte relación, mientras que el obsesivo habla de una culpa que hay que despejar de su contenido y reconocer como cierta pues se trata de algo que ha cometido en su fantasía.

 

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