CONFERENCIA SEMANAL
IDENTIFICACIÓN EN PSICOANÁLISIS
Capítulo VIII (2)
Los conjuntos que no se comprenden a sí mismos ¿debemos o no incluirlos dentro del conjunto de los conjuntos que no se comprenden a sí mismos?
Si los incluimos, entonces, se comprenden a sí mismos en el conjunto de los conjuntos que no se comprenden a sí mismos. Si no, nos encontramos con un impasse análogo.
: conjuntos que se comprenden a sí mismos.

Esto queda resuelto diciendo que no se puede hablar de la misma manera de conjuntos que se comprenden a sí mismos y de conjuntos que no se comprenden a sí mismos.
Se les excluye como tales de la definición simple de conjuntos.
Se plantea que los conjuntos que se comprenden a sí mismos no pueden ser planteados como conjuntos.
Recordemos que del significante decimos que un significante no puede significarse a sí mismo pues si pudiera significarse a sí mismo debe plantearse como diferente de sí mismo, que es distinto a decir que el significante instaura la diferencia.
Es esto a lo que se acercan los conjuntos.
Por ejemplo en el caso de los obsesivos que sabemos que en general permanecen ligados a sus objetos femeninos de forma que podemos decir, impera una infidelidad constante, en tanto hay en ellos una imposibilidad de abandonar ninguno de sus objetos y una extrema dificultad de mantenerlos todos juntos.
Esta relación que requiere tan alto refinamiento técnico en el mantenimiento de las relaciones que en principio deben permanecer exteriores las unas a las otras, impermeables las unas a las otras, y por lo tanto ligadas, y sin embargo, en esta intactitud, él es incapaz de decir en qué, como satisfacción, esto puede desembocar.
Esta forma de desear plantea la estructura del deseo de la manera más cotidiana.
Volvamos al toro y escribamos los círculos de Euler, pero antes tenemos que hacer un rodeo geométrico.
No es lo mismo un círculo o un anillo o lazo reductible que uno no-reductible.

En el reductible puedo tirando de la cuerda reducirla a un punto, es decir a cero.
No es lo mismo esto que otras dos especies de círculos o lazos.
Se trata de círculos que atraviesan el agujero del toro, círculos no-reductibles, es decir que no pueden ser reducidos a algo puntiforme, permaneciendo siempre en el centro.

Círculos que atraviesan el agujero y otra especie de círculos que son los que rodean el agujero.
Se trata de anillos o círculos que no bastan para definir un interior ni un exterior, son dos tipos de círculos que no definen ni interior ni exterior.
Si los dos círculos se reagrupan, el campo llamado de la diferencia simétrica existe.

Si los pensamos desde la negación, son dos campos recortándose definiendo una diferencia simétrica, pero no por eso son menos dos campos de los que se puede decir que no pueden reunirse y que no pueden recubrirse.
No pueden "o...o..." de reunión, ni servir a una función de multiplicación (intersección) por sí mismos.
No pueden elevarse a la segunda potencia, no pueden reflejar el otro y el uno en el otro. No tienen intersección, su intersección es exclusión de sí mismos. El campo donde se alcanza la intersección está en el no-campo.
A la representación de esos dos círculos podemos sustituirle nuestro ocho interior, nuestro ocho invertido.

Dos círculos que dan la vuelta del agujero del toro que comparamos con el objeto metonímico, con el objeto del deseo.
Ese ocho invertido, ese círculo que se retorna a sí mismo en el interior de sí mismo, qué es si no un círculo que en el límite se redobla y se retorna, que permite simbolizar este límite en tanto se identifica a sí mismo.
¿Hay objetos de esta naturaleza de aprehensión de su autodiferencia? Suele ocurrir que o la aprehenden o no la aprehenden.
Es del "a" de lo que se trata y eso quiere decir que
es el mismo campo que no-a o -a.

Esto no es algo que así queda demostrado, sólo nos provee de un modelo, de un soporte intuitivo que necesitamos en lo Concerniente a la constitución del deseo.
Podría ser el símbolo de la autodiferencia del deseo a sí mismo, pero no es el deseo lo que Lacan intenta simbolizar por el doble bucle de ese ocho interior sino algo que conviene a la conjunción de "a", del objeto del deseo como tal consigo mismo. Para que el deseo sea efectivamente soportado, en esta referencia intuitiva a la superficie del toro, conviene hacer entrar la dimensión de la demanda.
Esta dimensión de la demanda que los círculos que encierran el espesor del toro pueden representarla, círculos que siguen en hélice y según una repetición que es la del hilo alrededor de la bobina, la demanda en su repetición, su identidad y su distinción necesarias, en desarrollo y su retorno sobre sí misma, es algo que se encuentra fácilmente soportado por la estructura del toro.
Un círculo que da la vuelta, que rodea el agujero central y que también es un círculo que lo atraviesa.
Una propiedad topológica que confunde, adiciona, el bucle constituido en torno del espesor del toro con el que haría de una vuelta hecha alrededor del agujero interior.
Esta suerte de bucle es de un interés privilegiado, pues es el que nos permitirá soportar, imaginar como estructurales las relaciones de la demanda y el deseo.
