Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

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CONFERENCIA SEMANAL

LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS

Capítulo III

EL TRABAJO DEL SUEÑO

CENSURA

Se ejerce imponiendo alteraciones, alusiones, aproximaciones al pensamiento. Vemos su acción en las lagunas, en los elementos representados como débiles o más intensos; los desplazamientos del centro de gravedad.

Actúa dinámica y permanentemente con el afán de mantener la deformación lograda.

Los elementos del material latente, al pasar al contenido manifiesto, son a veces modificados y, otras veces, directamente eliminados; otras pasan tal cual, ganando a veces en intensidad.

¿Contra qué se ejerce la censura? Dice Freud: contra deseos que despiertan horror por su egoísmo sin límites ni escrúpulos.

El sueño suprime las excitaciones psíquicas que vienen a perturbar el reposo. Supresión que se efectúa por medio de la satisfacción alucinatoria. En 1915, Freud afirma que no existe sueño alguno donde el Yo del sujeto no desempeñe un papel principal, aunque sepa disimularse en el contenido manifiesto. Deseos incestuosos, agrega, donde el Yo, desembarazado de la moral, cede a las exigencias del instinto sexual aquello que nuestra estética ha condenado hace mucho tiempo. En busca del placer, el deseo escoge muchas veces lo prohibido, el odio, los deseos de venganza, de muerte. La deformación es más pronunciada cuando es más reprensible el deseo censurado.

Al ser revelados por la interpretación, los deseos ignorados son reconocidos, es decir, había un conocimiento de ellos. La fuerza impulsora creadora del sueño, el deseo del soñante, desarrolla la energía necesaria para su formación.

El apartamiento de la realidad de la vida onírica y la regresión a mecanismos primitivos, hacen que dicha satisfacción alucinatoria sea vivida como presente.

A consecuencia de la regresión, se convierten en el sueño las representaciones en imágenes visuales, siendo así dramatizadas e ilustradas las ideas latentes del sueño en el aparato psíquico.

El sueño, entonces, sustituye lo ignorado sabido por el sujeto, pero aunque la censura desapareciese, continuaría siendo ininteligible.

METÁFORA Y METONIMIA

La condensación es la estructura de sobreimposición significante, donde toma su campo la metáfora; y el desplazamiento es el viraje de la significación que la metonimia nos demuestra.

¿Qué es lo que distingue a esos dos mecanismos que desempeñan en el sueño un papel privilegiado de su labor en el discurso? Tenemos que respondernos como se responde Lacan en «La Instancia de la Letra en el Inconsciente»: nada sino una condición impuesta al material significante: la puesta en escena.

La escenificación, esa forma y las posibilidades de esa representación en el habla o en el sueño. Si nos preguntamos cómo representa el sueño las conexiones lógicas de las ideas, esas partículas modestas de la lengua que nos colocan ante la alternativa, ante la suma de posibilidades, cómo se comporta el proceso de elaboración para representar esas conexiones, vemos que es allí donde advierte Freud la imposibilidad de la lógica formal ante el trabajo del inconsciente.

El sueño es como un jeroglífico y la palabra toma de él un disfraz.

El deseo como tal, no es articulable en la palabra, aún cuando se articula con elementos del lenguaje. La condensación es un efecto. Y es que es un puro trabajo, lo que pasa es que no está al servicio de la censura. En cambio el desplazamiento, la alusión, el acento, ya está influido directamente por la censura, desplazamiento, es directamente influido por la censura.

La representación es producto del trabajo de condensación y desplazamiento. Ese es el trabajo inconsciente, el modo del trabajo inconsciente, condensación y desplazamiento. Lo que leo en la interpretación es el efecto de la condensación que ya ocurrió, el desplazamiento que ya ocurrió.

La representación ya es un producto, trabaja desde los efectos, desde los cuales parte.

Hemos visto que la condensación se fuerza en unir dos ideas buscando, como en un retruécano, una palabra de varios sentidos en la que se pueden encontrar unidas dos ideas. Con respecto al desplazamiento, veíamos, que éste reemplaza por elementos más lejanos o transporta el acento de un elemento a otro.

A ello debe agregarse otro efecto de la elaboración onírica, el trabajo por el cual las ideas latentes se transforman en representaciones. Veremos que no todas las ideas latentes cambian su forma, a veces éstas pasan tal cual al contenido manifiesto.

El sueño es la forma, entonces, que esa deformación imprime a las ideas latentes.

El verdadero trabajo del sueño es el que transcurre entre la deformación de las ideas latentes y el sueño soñado; requisito y condiciones de una escenificación para que al deseo le sea permitida su realización.

 

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