Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

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CONFERENCIA SEMANAL

LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS

Capítulo II

TRANSFERENCIA (I)

TRANSFERENCIA Y CAMPO DEL HABLA

Saber titilante, verdad efímera, fugacidad sin tiempo, campo del habla y campo de la escucha, dentro del Lenguaje y tocado por la transferencia, lugar donde un psicoanalista va a operar, es el escenario donde se realiza la cura analítica. Cada palabra resonando en otras y creando nuevos sentidos.

La palabra transferencia aparece en Freud desde los primeros casos clínicos; más tarde, en La Interpretación de los Sueños demuestra la superposición de las significaciones en un material significante de deslizamiento, transferencia, incesante.

«Hay relaciones esenciales que ningún discurso puede expresar, sino entre líneas. Restos diurnos despojados de la carga deseante, formas errantes sin importancia, vaciadas de contenido, un material insignificante, retomadas en otra organización, a través de lo cual cobra sentido algo que pugna por expresarse».

Verdadero fenómeno del Lenguaje como tal, modalidad en que se organiza el discurso. Entre el análisis y el sueño hay una diferencia, hay otro semejante en el análisis donde también un acto tiene su estatuto de palabra.

Transferencia entonces como desplazamiento como hecho del lenguaje donde la palabra encuentra su camino a través de una organización simbólica cualquiera. La significación la colocamos en el plano de la multiplicidad de sus usos. Todo uso es en cierto modo metafórico dice Lacan después de puntualizar que el sistema lógico-simbólico que transcurre desde LO AMO a ES EL QUIEN ME AMA, es una estructura simbólica superior donde se captan las transformaciones a nivel preconsciente.

El símbolo permite la creación de un orden nuevo entre los humanos. No una dialéctica propia del registro afectivo, ya que los afectos son capturados por el orden simbólico que los inscribe.

«Una palabra sólo es palabra si hay alguien que crea en ella». Ubicada en esta dimensión, es efectivamente un medio para ser reconocido.

Sólo con otra palabra una palabra adquiere su valor de tal, inscripta en la dimensión de quien escucha y otorga sentido.

Es Freud quien de inmediato en La Interpretación de los Sueños, nos pone en un campo eminente del habla, influido por su descubrimiento. Es su escritura la que nos lleva desde los efectos (en el habla del paciente) al objeto de su causa, el Inconsciente.

Lacan viene luego a resaltar de la obra freudiana ese campo del habla, o sea sus efectos en la voz, en la escucha, lo que es configurado como campo psicoanalítico.

Donde es necesario recalcar un primer momento terapéutico al que le corresponde un final de creencia que no de conocimiento en los efectos de un sujeto inconsciente.

En un segundo momento, didáctico. A su final le corresponde un sujeto que conozca de esa existencia y sus efectos, los mecanismos de producción de un sujeto que surge en la hiancia entre un saber no conocido y su verdad, cierre de la puesta en escena del sujeto inconsciente.

Sujeto barrado en Lacan, pequeño humano sujeto de una represión que en su renuncia lo constituye como ser para la especie, pequeño humano parlante para Freud, quien sitúa el Inconsciente fuera del tiempo aunque tiempo en sí mismo, tiempo puro de la cosa, por lo que puede producirse en cierta modulación cuyo soporte material puede ser lo que fuere «cualquier cosa».

Hoy en día, con tanta confusión ser para la vida y ser para la muerte se nos mezclan en la Conciencia Bien Razonante con la misma facilidad que en nuestros cuerpos, campo de batalla, puesta en escena de lo que la libido pudo mezclar.

A veces el cuerpo es como un sueño y otras como un síntoma, a veces parece un chiste y otras es un lapsus intrínsecamente necesario al decir. A veces nuestro cuerpo es nuestro cuerpo más allá de sus confines y aún otras veces nuestro cuerpo recuerda a su animal.

¿ Y el cuerpo que me dieron papá y mamá?

El pequeño animal se ha ido, desaparece sin gesto de tristeza. Vuelve en los lugares donde el dolor es el de la especie.

 

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