CONFERENCIA SEMANAL
LA HISTERIA Y LOS SUEÑOS
Capítulo IV
PENSAMIENTO FREUDIANO
PSICOANÁLISIS EN LA CULTURA
Ante una combinación de palabras como Psicoanálisis y cultura se me ocurre pensar en lo inabarcable, donde es necesaria alguna elección, alguna inflexión que nos parezca interesante.
Primeramente la inscripción cultural del Psicoanálisis desde sus primeros textos, es decir de su influencia, no sólo en la práctica clínica del psicoanálisis, sino también en las extensiones en lo social histórico extra-analítico.
Dichas influencias de carácter extranacional y universal se dieron en la Bauhaus, tendencia del arte y el pensamiento del primer cuarto de siglo que trata de reeditarse aún en nuestros días o al menos imitarla, en la Escuela de Arquitectura de Benjamin Whright, en el surrealismo, movimiento que trasciende a la literatura para introducir a través del ejercicio literario su famosa escritura mecánica, influidos también por este descubrimiento de nuestro siglo, el Inconsciente.
Otro arte despunta. Cambia la relación con el tiempo cronológico y rectilíneo de la sucesión rigurosa entre el pasado, el presente y el futuro. Otro tiempo lógico alterará su lugar de primacía al tiempo rectilíneo que dos siglos atrás diera buena cuenta de aquel tiempo circular que aún acompaña nuestros modelos actuales de pensamiento. Me refiero a esa noción del tiempo, circular, donde es lo que se gasta y lo que se reengendra.
Aquí el pasado es modelo del presente, un presente insustancial donde el mañana es el fin del tiempo.
El tiempo rectilíneo de la sucesión cronológica pasado-presente-futuro, dará paso al tiempo del futuro anterior: Sólo después sabré y en lo que sabré mañana estará desde allí determinado mi dolor o mi goce de hoy. Nueva dimensión, nueva concepción y nueva conceptualización que otorgará nuevo valor al espacio y a la palabra.
Después del psicoanálisis, un hombre deberá saber que su vida, que cada escena o momento de su vida, transcurre en varios tiempos simultáneos. Y esto significa el abatimiento de la cronología, el despuntar de un intercambio entre sujetos, significante. Tiempo productor de la subjetividad, afín al arte.
Todos hablamos si no la misma lengua, el mismo lenguaje. Si no hay centro, el tiempo pierde su antigua coherencia: este-oeste, mañana y ayer se confunden.
Los distintos tiempos y los distintos espacios se combinan en un ahora y aquí que está en todas partes y sucede a cualquier hora. A la visión diacrónica del arte (lineal-cronológica) se superpone una visión sincrónica, que tiene en cuenta la novela familiar del sujeto y que encuentra antecedentes en Apollinaire, Elliot, Pound.
Es, en otras palabras, decir que es el psicoanálisis el que irrumpe en la historia del hombre y el conocimiento, otorgándole a ese humano un lugar trascendente en el devenir temporal al definirlo porque habla. No es el pensamiento en sus efectos racionales del hombre del siglo XIX al que se referirá sino que su objeto de estudio residirá o acontecerá en la sucesión de sonidos significantes que emite el hablante; es el Psicoanálisis en el año de este siglo que ahora termina, el que funda para el conocimiento otro nivel de objetividad. Ese nivel se desplaza desde el objeto objetivo de la ciencia del siglo XIX a un objeto que se fenomenaliza en el hablante.
El nuevo nivel de objetividad de nuestra ciencia parte de la hiancia donde acontece el acto fallido o de la asociación hablada del soñante.
Después de Freud, el hombre habitará simultáneamente varias dimensiones. El yo es desplazado del centro del sujeto que habla y desde luego la conciencia después de Freud ha perdido su anticuado nivel de certeza. No es el yo el que salva al hombre de la cultura del siglo xx. El Yo y su territorio tiránico y conciencial se disuelven en el hablante que se pregunta, ¿quién habla?
El fundamento de la escritura automática de los surrealistas es la creencia en la identidad del hablar y el pensar, que toman de Freud. El hombre no habla porque piensa, sino que piensa porque habla. Hablar es pensar.
Quizás este pensamiento a todas luces correcto de los seguidores de Breton, Artaud, Aragón se enturbia con la idea de volver a un lenguaje natural, original de los orígenes, antes de cualquier caída. Quizás por ese sentimiento oceánico de la eternidad que habita en algunos hombres, sentimiento que Freud fundamenta como secundario, residuo de un tiempo de magma y fusión desde donde la masa sensorial irá desprendiendo en su constitución del sujeto un mundo exterior concebido por el Yo, pero independiente y ajeno, hasta hostil.
Siguiendo a Freud aceptamos como cultural todas las actividades y los bienes útiles del hombre.
Es pues el camino de lo inacabable, donde nos consta que la mayor búsqueda del hombre de todas las épocas se llama felicidad. Pero a las tendencias de fusión y amor, eróticas, no podemos dejar de agregar aquellas que vienen de la agresividad y la autodestrucción.
Al siglo xx le pasó el psicoanálisis, elemento transformador de la realidad. No podemos predecir el futuro podemos repetir con Freud y nuestro siglo.
Aún no sabemos cómo es el hombre en realidad.
PRAXIS
En la concepción de la práctica psicoanalítica la clínica y la teoría del psicoanálisis son en realidad una sola práctica, lo que no quiere decir que se confundan en el campo de los hechos, sino que el Psicoanálisis requiere de sus practicantes, para poder serlo, su implicación en ambos aspectos. Poner en movimiento una aventura del conocimiento, implementar en su práctica el método psicoanalítico, descrito por Freud en La interpretación de los sueños y al mismo tiempo embarcarse en la idea y su realización, como lo hace un psicoanalista, sabiendo que el destino de la idea, se leerá por los efectos.
El Psicoanálisis opera sobre el mundo contemporáneo, solemos decir, una ruptura. Un descentramiento sólo comparado al descentramiento que sufrió la civilización (también herida narcisista) cuando la física determinó el sistema solar y la tierra no sólo dejó de ser el centro del universo sino que también pasó a ser un planeta entre otros. Así después del Psicoanálisis, después de La interpretación de los sueños, el ser humano sufre otro descentamiento en el Yo y en la conciencia de sí, que dejan de ser el centro de lo pensante en el hombre ya que Freud nos descubre que: no somos porque pensamos sino que el hombre piensa donde no es ni sabe.
Aparece una dimensión pensante que es inalcanzable desde la conciencia y por la conciencia.
En la ruptura aparece con una ciencia psicoanalítica que nos propone:
-Un Inconsciente que determina a la conciencia.
-La Sexualidad como materialidad del inconsciente y fundamental para el mantenimiento del dinamismo psíquico.
-Nuevo nivel de objetividad, donde la causa no preexiste al efecto. Parte de los efectos últimos. Estos efectos últimos sobre el habla, el sueño contado no el sueño soñado.
Partimos pues, del discurso manifiesto y desde allí se elabora la Interpretación-Construcción, reconstruyendo operaciones se da cuenta de la estructura determinante de ese discurso (deseo) o sea que el deseo inconsciente para atravesar la barrera de la represión, se condensa, se desplaza, se escenifica y aparece en el habla como sueño, síntoma, acto fallido o chiste.
Efecto sobredeterminado de un trabajo inconsciente, efectuado sobre el deseo inconsciente, para que éste pueda, de alguna manera, manifestarse en lo consciente, o sea hacerlo tolerable al pensamiento consciente, ya que la mayor parte de las veces, no lo es. Esto implica hacerlo tolerable al oído del que hablando se escucha.