Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

FREUD Y LACAN Hablados -2-

POESÍA Y PSICOANÁLISIS
Santander,1990

Comienzo sabiendo de antemano que no podré ponerlos al tanto, en un solo encuentro de una hora o algo más, de la verdadera apertura producida en el mundo del pensamiento, en la clínica psicoanalítica tanto como en su transmisión y, porqué no decirlo, también en la poesía, por el nuevo campo que se produce en la escritura del Grupo Cero.

Entre las certidumbres de otras ciencias hemos elegido la incertidumbre de la disciplina psicoanalítica, siempre amenazada, en definitiva, hemos elegido la incertidumbre de no saber: El hombre vive desgarrado en su ser, algo así como una vertiente lumínica con varios focos apagados.

Y como poetas preferimos que nuestras palabras estén más cerca de la sangre que de las palabras.

Diluir, pretendo en este recorrido, diluir el dinosaurio de vuestra angustia.

Pero yo no he venido, precisamente, a producir una conferencia sobre psicoanálisis, aunque hablaré de ello y, tampoco, he venido a ofreceros un recital de poesía, aunque reconozco que en el transcurso de la charla, algún poema habré de leer. Tampoco he venido a discriminar, precisa y teóricamente, la función poética y ni siquiera a declamar conceptos psicoanalíticos como si fueran versos.

He venido, sin embargo, por la apuesta que significa para mí salir airoso cada vez que me sumerjo en lo imposible.

Ya que de lo imposible se trata cuando queremos ponernos en contacto con lo real, sea éste poético o inconsciente.

Antes de nada, podríamos decir que cuando todo está destruido o es imposible, la única posibilidad es poética, frase que nada tiene que ver con que un verso pueda ofrecernos alguna posibilidad cuando todo está destruido o se ha hecho imposible. Sino más bien que llegados a este límite, de animarnos, es en el abismo creativo de lo poético donde seguramente al hundimos en él, una nueva posibilidad se abra para nosotros.

No es un verso el que nos salva, sino la poesía como un verdadero instrumento de conocimiento post-Spinoziano, que modifica para transformar en otra cosa la realidad que lee.

Es en este tiempo, donde podremos buscar el primer gran encuentro entre la interpretación poética y la interpretación psicoanalítica. Casi sinónimos o, mejor dicho, como esos sinónimos que aun tocándose no llegan a parecerse del todo.

Animándonos un poco más aún, podríamos decir, reconociendo en ello otro de los tantos encuentros posibles, que tanto poesía como interpretación psicoanalítica no sólo son una apertura al mundo de lo Otro, sino que ambas tienen como función desrealizar, es decir, hacer la realidad del sujeto relativa a la mirada del mundo.

Cuando uno conversa y esto, aunque no se vea claramente, terminará siendo una conversación, es bueno irse por las ramas, rodear el árbol, dejar que el paisaje en su totalidad se pierda y ocuparnos, sencillamente, de las hojas caídas a nuestros pies, es por eso que me pregunto si hay o no hay una historia propia del conocimiento o si bien la historia del conocimiento es para el hombre la única historia humana.

En la intención no de afirmar mi discurso sino, más bien, diluirlo y por otra parte ejemplificando, diré que antes de la producción del Número Natural, en el mundo terráqueo, antes de la operación formal suma, el símbolo humano quedaba reducido a lo proveniente de Dios y lo que del verbo divino se trasmuta en metáfora poética. Tiempos donde el concepto de verdad no podría ser otro que el de verdad revelada, donde verdad es lo que se muestra en su estructura más profunda, más valedera, más absoluta, última, pero a pesar de eso es la experiencia sensible la que regula dicha verdad, ya que la verdad se trataría de descubrir a través de lo sensible y de las ilusiones sensoriales, el secreto, el misterio que anida en todo campo de la realidad. Y siempre se requieren ciertas condiciones para que lo que es se muestre. Esto, viniendo de San Agustín, tiene su expresión moderna en la filosofía de Heidegger que termina diciendo que verdad es mostración, presentación, descubrimiento. La realidad como la verdad son la palabra de Dios.

En la realidad la palabra de Dios permanece misteriosamente oculta y en la verdad, la palabra de Dios es palabra revelada que una vez descubierta se muestra siendo la realidad, porque realidad y verdad son para Dios y para casi todos los filósofos contemporáneos, el mismo verbo.

Después, como decíamos, las ciencias nacientes (aritmética, geometría y luego la física) determinan el desarrollo de una nueva concepción de la verdad y por lo tanto, si ustedes se animan a pensarlo, una nueva concepción de la vida del hombre.

El primer planteo que se cuestiona la verdad define el campo de la verdad en una relación. La relación del conocimiento y la realidad a nivel de existencia, es decir, la relación entre el pensamiento y la existencia. Y sobre estos dos momentos se trabajan todas las soluciones de la verdad. Se prescinde de definir esa doble instancia, la real y la del conocimiento, para después definir en distintos términos contradictorios tesis que afirman la existencia de lo real, o bien, tesis que suspenden la consideración de la existencia de lo real, o bien, que afirman la preeminencia del pensamiento.

Este primer planteo proviene de la filosofía antigua y allí se consideraba la caracterización de la verdad como un problema relacional. La relación del conocimiento (como proposición o como juicio) y los contenidos reales. La verdad resultaba de la relación de las proposiciones y su contenido o su referencia intencional o su conformidad o no conformidad con lo real.

Aristóteles dirá, negar lo que algo es supone falsedad, lo cual también dice que verdad es afirmar lo que es, pero resulta que este «es» de Aristóteles remite a la experiencia, es la experiencia la que tiene que convalidar el valor de la verdad y es aquí donde se abren todos los criterios contemporáneos de verdad, todas las esencias actuales de la verdad. Esta primera verdad en función de una relación de conformidad abierta por Aristóteles e iniciada por Platón, tiene su culminación en la filosofía escolástica que es la que acuña las fórmulas definitivas de la verdad.

La verdad es adecuación del intelecto a la cosa.

La verdad es adecuación de la cosa al intelecto.

Y una fórmula de conciliación: la verdad es adecuación del intelecto y la cosa.

Y ahora para modernizarnos aún más sin llegar a la verdad, si se afirma la preeminencia de lo conocido (en la fórmula anterior, la realidad) tenemos la fórmula del objetivismo. Si se afirma la preeminencia de las elaboraciones intelectuales, tengo la fórmula del subjetivismo. Si defino estas dos fórmulas ahora tengo posibles soluciones de interaccionismo o de conciliación, el intelecto determina la realidad pero la realidad determina el intelecto y así tendríamos en apariencia una fórmula simétrica, ese interaccionismo se encuentra en las filosofías más modernas.

Y es que la:
                    Verdad es revelación.
                    Verdad es adecuación.
                    Verdad es coherencia.
                    Verdad es conformidad.
                    Verdad es lo útil.

Y sin necesidad de preguntamos por la verdad verdadera, apuntaremos que para Freud la verdad no es adecuación, no es relación, no es revelación que surge allí ni tampoco es el acuerdo con un sistema, sino que verdad para Freud, redefinida desde construcciones en psicoanálisis, es proceso.

Es decir, que para definir una teoría más integrada de la verdad es necesario reformularse la filosofía, que hoy no vamos a hacer eso, pero sí señalar al psicoanálisis como la ciencia piloto en la redefinición de la filosofía y hacemos, ahora, ya que estamos conversando, una pregunta.

¿Qué relación tienen los procesos legales de las estructuras materiales con las elaboraciones del conocimiento científico? Al hacemos esta pregunta, tenemos que saber que intentamos pensar lo impensable en los términos de todas las proposiciones filosóficas anteriores.

¿Cómo el conocimiento va a poder entrar en la realidad?

¿Cómo nuestro conocimiento de la mesa va a entrar en la mesa?

El conocimiento entra en la realidad cuando dispongo del proyecto que la produce. Es decir, que nuestro conocimiento de la mesa entra en la mesa cuando el carpintero tiene el proyecto que la realiza. Estas nuevas aproximaciones plantean un tiempo donde el ser del objeto, producto efecto de un proceso de trabajo, es simultáneamente materia y al mismo tiempo, razón.

Y no, precisamente, porque una teoría haya ido caminando a meterse en el propio corazón de la materia prima para encontrar la verdad, sino que la verdad, por fin, es producto efecto de un proceso de trabajo. Y esto como vemos es un nuevo materialismo que, si nos olvidamos de la ciencia de la historia, Freud abre con la teoría del inconsciente. Donde la dialectización de este tipo de verdad está puesta por el error, la verdad surge, entonces, de la rectificación de los errores y ésta es la fuente fundamental de la producción de la verdad, tanto psicoanalítica como poética. Y ahora pareciera que a algún sitio hemos llegado.

Ir por las ramas ha hecho que las ramas produzcan sus frutos. Yendo por la rama que abre la verdad parecía que estábamos buscando uniones transcedentales entre la poesía y el psicoanálisis y el resultado ha sido muy otro, ya que el sencillo concepto de trabajo es el que nos abre las puertas del campo: Poesía y Psicoanálisis, que por otra parte produce una escritura que, como todos sabemos, es el resultado de haber procesado una lectura.

Leer y escribir parecen ser las invariantes del campo que nos convoca y leer, lo que se dice leer, tiene sus vueltas. Antes de dejarnos llevar por las vueltas que producen las diferentes maneras de leer, y como descanso de nuestras mentes para poder continuar con nuestros ejercicios intelectuales, les contaré un cuento entre árabe y supermoderno donde se ve claramente que saber y vida, nunca estuvieron unidos.

Un matrimonio de prestigio, los reyes por ejemplo, no pueden tener hijos. Un día pasa una especie de viejo, sabio o mago, y les da algunos consejos y yerbas para que se produzca el embarazo, pero con la promesa que el niño a nacer, al cumplir 20 años, debería ser entregado al viejo o sabio o mago. El embarazo se produjo y el niño nació, al nacer la preocupación de sus padres fue hacerlo vivir oculto para no dárselo a los veinte años al sabio, viejo o mago, pero éste descubre el escondite el día que el niño cumple 20 años y se lo lleva hasta una montaña donde hay una puerta y le dice: «es sencillo lo que te pido, yo abro la puerta tú entras y caminas derecho y en el centro del pasadizo que se abra en la montaña está la piedra del saber, tú debes cogerla y traerla, ten cuidado con no desviarte de tu objetivo, porque la puerta se cerrará detrás de ti y yo tengo poder para abrirla, pero sólo tres veces.»

Para abreviar, diré que el muchacho se distrajo tres veces: por una ilusión, por una mujer y por el oro (es decir, la vida en carne viva lo distrajo). Se cerró definitivamente la puerta de la montaña y la piedra del saber desapareció, el muchacho, primero se entristeció un poco y luego comenzó a caminar y llegó a un pueblo y se casó con la princesa y tuvo muchos hijos. En el otro lado de la montaña el viejo, sabio, mago, representante del saber, agonizaba.

Espero que comprendan que no me siento ni sabio ni mago ni viejo y que no tengo pensado llevarlos a ninguna montaña a buscar ninguna piedra del saber, pero en el caso que así fuera, la puerta que yo pretendo abrir esta noche no soy yo el que la abre, sino que es ella misma que late. Se abre y se cierra permanentemente y uno, poeta o psicoanalista, entra en ella cuantas veces se produzca el latido y sin embargo el saber tampoco se halla y de hallarlo, dejaría de serlo.

Y para retomar la apuesta, diré que es en este lugar donde lo imposible puede ser tocado sin dejar de ser imposible por la poesía o la interpretación psicoanalítica. Hechos que, no pudiéndose producir fuera del lenguaje, no son el lenguaje sino precisamente aquello que del lenguaje perdura como historia.

Antes de terminar, para dejar paso a vuestras inquietudes intentaré seguir por una rama que sé de antemano, ofrecerá sus frutos y esta rama es el tiempo.

Hoy la ciencia pasa por ser la disciplina que procesa teoría, procesa descubrimientos de fenómenos, procesa la determinación de leyes, generalmente, culmina, se concentra en cálculos.

Así abruptamente se puede hacer la mención de si el psicoanálisis, si la poesía es cálculo, de si la experiencia analítica, la experiencia poética son susceptibles de cálculo y si este cálculo es, en caso negativo, una condición esencial de las ciencias.

Si es cálculo es porque hay un orden y si hay un orden la esencia del tiempo está caracterizada sobre un canal que viene de las primeras teorías filosóficas, de la teoría aristotélica del tiempo. Tiempo como medida de un transcurso y su dirección es que, viniendo desde el pasado, pasa por el presente para alcanzar el porvenir.

Si el tiempo es lo medible, lo contable, lo continuo, entonces el inconsciente y la poesía no tienen tiempo. El tiempo físico de los cronómetros no explica el tiempo de la experiencia analítica, de la experiencia poética, porque el tiempo de estas experiencias es un encuentro pluridimensional donde el famoso presente es señalado como tal desde el futuro y no es ningún pasado que determina el futuro sino que, precisamente, el pasado se forja material desde el futuro.

El tiempo deja de ser continuo porque ahora late en cada latido del inconsciente, porque el tiempo (psíquico, poético) no transcurre ni cuenta, sino que es materialidad de la existencia de lo imposible.

Y ahora, espero no ser arrasado por el fuego de tanta libertad.

Cabalgando sobre la voluptuosidad de mi cuerpo, abandonado,
recorrí esta parte del mundo, allende el mar, allende las montañas.

No era una línea de ficción queriendo tocar el horizonte.
Era el horizonte mismo, la línea del horizonte que no se ve.
Soy, Poesía y Psicoanálisis, una burbuja alejada de toda revelación.
Una perfecta roca despiadada, hundiéndose sin emociones aparentes,
en la emoción del habla.
Lo que pudiendo ser, está callado, roto.
Al caer, sabe que no habrá fondo y, sin embargo, cae.

Sujeto a mis propias experiencias con el lenguaje no me pertenezco, ni vivo, ni muerto, estoy a mil kilómetros de profundidad, hacia el centro de la tierra, porque me toca romper definitivamente el equilibrio.

Cuando todo se olvide, aún, quedará vibrando en la memoria del tiempo esta perla: Busco después de haber encontrado lo mismo, para transformarlo.

La fuerza que me atribuyo no es ninguna fuerza. Es una nueva dimensión del tiempo, del dinero, del sexo, de la muerte. Algo de todo eso no quiero para mí y si puedo «eso no», el resto es fácil.

Soy la espesa compuerta que habla de la muerte. La potente muralla que separa la vida del poema. Minúscula presencia iluminada del lenguaje, un punto blanco, luz desesperada de vacío. El rictus de los enamorados al gozar.

Y ya lanzado en el final de este encuentro, os digo: Hoy día donde tantas revoluciones fracasan es cuando declaro para todos nosotros que el desorden es contrarrevolucionario.

Virtud de todo sistema social actual es ocultar, sistemáticamente, todo aquello que pueda mostrar alguna posibilidad de transformación del sistema. Y dichos sistemas imponen a todo creador, para no dejarle ver lo que es capaz de transformar, el desorden. En apariencia, comodidad creativa pero en verdad, espesa cortina de humo sucio sobre todo lo que nace para crecer diferente.

Y nosotros debemos confesarlo: fuimos drogadictos del desorden. Por un poco de desorden éramos capaces de dar la vida misma, hasta llegaron a pagarme algún dinero con la intención de que eso produjera algún desorden en vuestra alma, en vuestra manera de pensar, en vuestro bolsillo.

Y hoy que habéis conseguido todo el desorden, ahora os digo: así no se puede vivir. No hay pasos importantes en la vida para quienes no son capaces (por el desorden) de saber quién es la palabra. Dónde están esas palabras. Dónde aquellos escritos. Dónde esa experiencia. Dónde esos libros publicados. Dónde la vida de cada uno. Dónde los maestros. Quién el deseo.

¿O acaso basta escribir un solo poema para que todos los levantadores de pesas se transformen en poetas?

Y desorden no es sólo humo, también, es envidia negar la existencia de lo producido, porque no se lo encuentra o no se lo ve. Y es por eso que me animo en ese final a seguir diciendo estas palabras donde pienso dejar sentado, de manera contundente, un psicoanalista en vuestras mentes. Algo psíquico, en nosotros, que nos diferencia dentro de las comunidades psicoanalíticas, como Grupo Cero.

No está permitido matar, no está permitido morir. No está permitido, no lo está, hacerse el poeta, hacerse el psicoanalista.

Y no está permitido, en ningún caso, separar el símbolo del cuerpo. No está permitida ninguna sexualidad fuera de la palabra y esa será nuestra ideología.

Explico, una vez que consigamos rechazar la estupidez, la desidia y una vez que hayamos conseguido superar el desaliento que todo sistema produce en sus creadores para inhibirlos y una vez que consigamos que nuestro cuerpo no pese nada, entonces, comenzará nuestra verdadera historia. Y seremos valientes para enfrentar lo que nos toque y sentiremos que lo que está pasando, en realidad, está pasando.

No al desorden, quiere decir entonces que somos capaces de atribuirnos la capacidad futura de rasgar esos caminos que forjarán nuevas historias, nuevas civilizaciones.

Hemos aprendido que la bestia de la poesía no puede ser saciada por ningún dinero  (aunque su confort sea el más alto) ni por ningún sexo (aunque su promesa sea la más bella) por eso decidimos que la bestia no habrá de morir. La poesía nos acompañará hasta el final y nada de versitos, porque la poesía es una manera fuerte de vivir en el mundo, una manera valiente de los terráqueos de mostrar a lo infinito, lo que habrá sucedido.

Queda claro que si estará hasta el final, tendrá que estar en el principio y eso es el orden que vengo a proponerles: El orden poético, la jerarquía de una lectura poética que no pueda ser comprendida sino por aquellos a quienes esté dirigida.

Una lectura que no sufra las deformaciones perversas que los poderosos producen en las lecturas que comprenden.

Una lectura cuyo procesamiento produzca una escritura nueva que señale, de un modo definitivo, que en este siglo algo ha pasado: Poesía y Psicoanálisis.

Antes de despedirme quiero recordarles, para que después vuelvan a olvidarlo, que formarse como psicoanalista y/o aceptar que un poeta viva en nosotros, son dos bellas tareas que muy bien hacen a la humanidad, pero debe saberse que son tareas para toda la vida y donde, toda la vida, cada vez, se pone, toda ella, en juego.

Y eso es la vida de un creador: una vida para otros.

Tomo el camino de mis versos y ya nadie me podrá decir que no he cumplido.

Alguna mujer amará ese delirio y se hundirá levemente, por mí, en la muerte.

Yo ya no cantaré y, sin embargo, aún habrá canto, aún habrá voces en mi voz.

Y cerraré mis ojos y no podré detener el mundo de la luz y el fuego vivirá. Y es el nuevo continente el que murmura aunque lo diga yo.

Hubo águilas en mi voz, hubo dolor en llamaradas.
Aquí, la muerte. Aquí, la soledad, hubo en mi vida.
Cubriéndolo todo, un amor gris, distantes amapolas.
Voraz adormidera, espejo del alma caído de las sombras.

Ahora por fin puedo decirlo: no estoy desesperado y, esta vez, no habrán de detenerme habladurías ni algún culito tonto que se me cruce en el camino. Esta vez no habrá límites para mi libertad.

Sin sonidos, sin ecos, corregiré toda la historia.

 

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