Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

POESÍA, PSICOANÁLISIS, LOCURA

Conferencia Nº VIII

POESÍA Y PSICOANÁLISIS

Cuántas veces he pensado en mi poeta durante
estos tiempos vacíos.
Sigmund Freud, 19-9-39

Agradezco a los responsables del Centro de Investigaciones Psicológicas y Psicoanalíticas del Hospital Borda por haber insistido conmigo, aunque no exactamente en una repetición, ya que esta vez han tenido la galantería de despejar de mi discurso la locura, aunque todos sabemos que ella es capaz de aparecer entre nosotros aunque nadie la haya convocado.

Agradezco por otro lado a los responsables del Grupo Cero Buenos Aires por la elección del momento histórico en el cual fueron capaces de programar mi visita a Buenos Aires. Es decir, que sin locura y sustentado por los sucesos que protagonizó el pueblo argentino en estos días, produciendo un futuro para todos nosotros, tengo la obligación y todos los derechos de que mi palabra vuele hacia ese futuro en libertad.

Poesía y psicoanálisis, una renovada perplejidad ante lo irracional. Una vara de mimbre quebrada por un viento que no fue. Un parece que te encuentro, pero nada.

El primer resultado, por lo menos para Heidegger, fue que el reino de acción de la poesía es el lenguaje. Por lo tanto, la esencia de la poesía debe ser concebida por la esencia del lenguaje. Pero en segundo lugar, nos dice Heidegger, se puso en claro que la poesía, el nombrar que instaura el ser y la esencia de las cosas, no es un decir caprichoso, sino aquel por el que se hace público todo cuanto después hablamos y tratamos en el lenguaje cotidiano. Por lo tanto la poesía no toma el lenguaje como un material ya existente, sino que la poesía misma hace posible el lenguaje. La poesía es el lenguaje primitivo de un pueblo histórico. Al contrario, entonces, es preciso entender la esencia del lenguaje por la esencia de la poesía.

El fundamento de la existencia humana es el diálogo con el propio acontecer del lenguaje (el inconsciente está estructurado como un lenguaje), pero el lenguaje primordial es la poesía como instauración del ser. Algo que sólo será luego, determina cómo tuvo que ser antes.

¡Cuántas veces! me pregunté a mí mismo si era posible el mundo.
¡Cuántas veces! me respondí sonriendo.
¡Cuántas veces! me respondí gritando: mundo altivo y grotesco, te podremos.

En principio, nos aconsejamos tomar distancia de los recuerdos infantiles, conocer el amor, hablar, leer algunos libros, escribir algún verso. Y eso fue todo.

Después, el tiempo nos llevó de la mano, escribiendo, por el camino de la muerte. A los sobrevivientes, más allá de modos y modales, nos otorgó un sexo, una palabra. Somos esas caricias provenientes de las noches más negras. Un incalculable amor en medio del desastre.

Aprendimos rápidamente que sin mencionar a Dios es absolutamente imposible saber de quién es el tiempo. ¿A quién pertenecen las horas?, los recuerdos de las horas pasadas, la ilusión de las horas por venir. ¿A quién las horas del amor?, los vericuetos del tiempo del amor. ¿A quién pertenecen?

Espero saber acogerme sin vergüenza a mi destino. Viví entre ellos, soy un grupo, varias personas, tengo las palabras de todas las clases sociales posibles en este tiempo. Fui todas las enfermedades. Toda la peste y toda la gloria posible. Soy el más indicado para decir, para empezar a juntar lo que la dictadura, en su afán de reproducirse, ha separado.

Pretendemos una página en blanco permanente. Ese ha de ser nuestro lecho de amor y, también, nuestro campo de guerra.

Y para que a nadie, en principio, se le ocurra pensar sobre lo que es, digo: El hombre es escritura. El resto, sin violencia, ganado taciturno esperando morir en alguna quietud.

Escribiendo, robándole esas horas a la vida, así hemos vivido nuestra vida.

Os invitamos a vivir con nosotros en una página entre palabras combinadas por muchos.

La poderosa muerte unida a los vocablos más sutiles.
El cruel espanto, el dolor más extremo, besados por la luz.
El verso más antiguo bordado en tus cabellos.
Entre palabras, por túneles secretos, hacia lo no sabido.
¿Transmitir el psicoanálisis?
¿Amar definitivamente la poesía?
Sólo después sabré, sólo después sabremos
cuando lo irremediable pregunte por sí mismo
cuando la muerte venga anudada en un punto
cuando el baile sonoro de los días detenga su mirada
vendrán de nuestra vida los saberes y, ahí,
ya no seremos éstos, sino lo escrito.

No vengo por nadie en especial, vengo por todos. Hablar y amar fue todo mi pasado. París mi prehistoria, donde Lacan y hablar estuvieron de moda. Muerto Lacan porque hablar no era suficiente, nadie podrá pasar, soy el que escribe, el que vertiginosamente se adelanta en las sombras.

Llegamos a decir que toda escritura es producto efecto de haber elaborado una lectura, como dos cosas separadas: se elaboraba una lectura y se producía un escrito. Aquí se nos vuelve a plantear que una vez transformado el tiempo en el cual observo los fenómenos, no puedo abandonar el método propuesto. Es decir, no es que leo, elaboro lectura y ahora tengo la escritura, sino que tengo la escritura y en lo que la escritura no me dice por decir, porque ahí donde me dice algo, me oculta una otra cosa, reconstruyo en ese silencio los supuestos, las ausencias y las preguntas.

Se conversa generalmente acerca de la "imposibilidad", de la dificultad de que el propio sujeto que elabora la ciencia o que trabajaba y producía la ciencia, o el ensayo, o la novela, difícilmente podía, también, hablar con exactitud del proceso de producción de esa ciencia o del proceso de producción de la obra de arte. En el caso de la ciencia, la epistemología, en el caso de las artes su poética.

Si esto hubiese quedado separado así para siempre, estarían los artistas estudiando acerca de la poética y los científicos estudiando acerca de la epistemología. Podríamos decir que por el psicoanálisis, en tanto es a partir de la dimensión que cobra Freud en la historia del conocimiento contemporáneo, cobra entonces dimensión la poesía como método de conocimiento.

Ahora se nos complican un poco las cosas.

Si cuando ya he buscado durante 35 años aquello que de la mujer he de decir de su sexualidad, nos dice Freud, "querido lector: pregúnteselo a los poetas". Cuando Freud está pensando esa segunda escena, a la que él llegó por medio de su imaginación y sus representaciones imaginantes, sin las cuales es absolutamente imposible la ciencia, en el único lugar donde se concebía una realidad que todavía no estaba concebida, fue en los versos de los poetas.

¿Con qué leyó el poeta que no leyó ni con el principio de constancia, ni con la filosofía del principio de constancia ni con la concepción de lo latente y lo manifiesto, ni siquiera con la construcción del aparato psíquico en el Proyecto de Psicología?

¿Por qué mecanismos de producción, con qué instrumentos de lectura habrán llegado a imaginar y a representar lo que él había producido con esos instrumentos que el poeta carecía? Todavía está oculto pero ahí en esa pregunta está lo que nosotros decimos, lo que muchos dicen, lo que el poeta Octavio Paz afirma en sus escritos desde hace 20 años, acerca de la poesía como método de conocimiento.

Todo es escritura. o, si ustedes prefieren, la escritura es la poesía y el resto -aun las producciones científicas- es el intento de acceder a ella. O bien, ella genera la pureza del modo en que la escritura conoce, transforma y se materializa, y el resto son sus desviaciones. O bien, podríamos decir, una obra científica para poder hablar de sí misma como una producción, tiene forzosamente que escribir otra obra.

Una producción literaria hasta la fecha, una novela o teatro, difícilmente alcanzan en sus páginas -aunque sabemos que muchos escritores lo intentan- una teoría de la novela.

La poética que se le atribuye a la escritura en general y yo particularmente pienso qué poética tiene la poesía y además la considero como método de conocimiento en tanto la lectura que ella produce, la produce en el instante de la escritura. Cuando se trata de la poesía, la lectura es el escrito y es en el escrito que se produce la lectura y la poética.

No necesito escribir ningún libro acerca de la poética de la obra de un poeta, sino que tengo que ir a leer la poética de ese poeta en sus versos. Creo que es la poética de Faulkner (porque salió él y podría haber salido otro) la que influye de alguna manera en el 70% de los novelistas norteamericanos. Es la poética de Faulkner la que aparece distorsionada, deformada, desviada en la novelística contemporánea. No es la narrativa de Pavese, sino su poesía narrativa -que es una cosa bien distinta- la que marca de una manera definitiva, diría yo, la narrativa actual italiana.¿Cómo poder -como decía Freud- o qué será para nosotros, en aquel decir, ser psicoanalistas cultos?

Según este sesgo por el cual estamos tratando de ir hoy, tan oscuro, a tientas, un psicoanalista culto sería quien pueda leer en la poesía contemporánea las futuras tesis que pongan en cuestión el psicoanálisis y su transformación.

En tanto en ningún otro lugar -diría Freud, yo no me animo a decirlo, lo estoy diciendo por él-, en ningún otro lugar que en la poesía, aquella poesía producida por aquel supuesto método que todavía no sabemos cuál es, pero es el método de la poesía como instrumento de conocimiento, sería el único espacio, el único tiempo donde el psicoanálisis encontrará lo que ya en su práctica produce sin saber. Pero los instrumentos teóricos de los que dispone no pueden leer el fenómeno que ya se ha producido seguramente en la práctica psicoanalítica.

Es decir, que en los consultorios de todos los psicoanalistas, de cualquier psicoanalista joven, mayor, con o sin experiencia, la técnica psicoanalítica que practican actualmente no está en ningún libro.

Así como era precientífico el lugar aquel donde Freud navegaba entre palabras y situaciones vivenciales con sus pacientes y sus colegas, podríamos decir, tomándonos una libertad epistemológica -la epistemología no nos permitiría decir esto- es como nosotros, los que nos ocupamos del psicoanálisis en esta época de su desarrollo, estuviéramos en un pozo como aquél.

No exactamente un momento precientífico pero sí un momento de oscuridad. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque en la práctica psicoanalítica están ocurriendo cosas que no están escritas en los libros. ¿Dónde estarán escritas? se hubiese preguntado Freud y se hubiese contestado: en la poesía contemporánea. ¿Y por qué en la poesía contemporánea? ¿Cómo hago para leer en la poesía contemporánea las transformaciones del método psicoanalítico sin que nadie me acuse de loco?

Si se modificó el método, se han modificado las concepciones del amor, los celos, la envidia, la inhibición, las fórmulas de intercambio social, el concepto de sublimación.

Si se ha transformado el método, se han transformado todas las palabras que la poesía se encargaba por nosotros de deslizar, de precisar, alterar, combinar nuevamente.

Preguntarle a la poesía no por el método psicoanalítico, sino ir a preguntarle por aquellos desvíos en el amor que produjo la transformación del método psicoanalítico.

Aquellos desvíos en los celos, en el odio -así como se conocen tan naturales- que ha producido la transformación en la teoría psicoanalítica.

Ahí donde la ciencia -una vez constituida- va generando lo que se suele llamar despectivamente el dogma -la doctrina psicoanalítica en este caso-, que no es ninguna otra cosa que la reducción imaginaria que tiene que sufrir todo científico en el momento del procesamiento de la ciencia.

Es decir, la limitación imaginaria, porque ya no podrá trabajar con el imaginario universal, sino sólo con aquel imaginario que le permitan los límites del objeto que investiga, eso que habitualmente se llama la deformación profesional, no es una deformación, es una transformación imaginaria.

Es aquí donde la poesía adquiere su ventaja sobre la ciencia, en tanto, si para ella también habría un momento -perdón- científico y precientífico ella siempre trabaja con el imaginario universal.

Cuando Freud le ponía la mano sobre la frente a la paciente y le decía: "hable", él tampoco en ese momento tenía el objeto inconsciente pero tenía el imaginario universal. Cuando él se acordaba en medio de una sesión de un poema o indicaba el camino de una interpretación o llevado por una metáfora poética o por el rasgo de un cuadro, estaba claro que Freud no tenía el objeto inconsciente, pero también estaba claro que el imaginario del que imaginaba era más extenso. No tenía los límites del objeto producido.

En el momento donde la ciencia, en los avatares de su inscripción social se dogmatiza, es en el imaginario universal de la poesía donde, si de casualidad la poesía toca ese campo, lo iluminará más allá del dogma de que se trate.

Lectura como producción también quiere decir que llevemos las cosas hasta sus últimos extremos, es decir, los extremos posibles. Se dice que la mujer está fuera de la dialéctica del falo y de la dialéctica del valor.

Si esto es así, sería ella Otra del Otro inconsciente y del otro de las relaciones sociales, como habíamos dicho de la escritura.

Habíamos dicho que el hombre navegaba sujeto a leyes que, por otro lado, eran inviolables, en tanto, la violación de estas leyes terminaba con el sistema sobredeterminante y que estas leyes eran la ley instituida por el falo y la ley instituida por el valor. Que únicamente no le pasaba esto cuando era capaz de producir la escritura.

Tanto esto es así que ya estamos todos de acuerdo (todos son algunas escuelas de psicoanálisis y otras escuelas que no son tanto de psicoanálisis) que la escritura adviene en posición femenina, pero nunca nadie quiso saber cuáles eran las consecuencias de esta frase.

Así, cuando se libera la poesía de las leyes que ella infringe por ese modelos ideológicos, ella es un instrumento de conocimiento, ella es una manera diferente de leer los fenómenos que acontecen en el mundo, en el universo. ¿Esto no querrá decir que si se libera a la mujer de lo que ella infringe por ser, es decir, los modelos ideológicos, la dialéctica fálica, ella también sería una nueva concepción del universo, incluyendo en el universo la realidad y lo real?

Entre esta conferencia y la otra, hemos fundado la Primera Internacional de Poesía y Psicoanálisis.

En el poder de fundar, hemos sabido que lo exiliado queda, también, exiliado del hombre. Lo exiliado, por lo tanto, no se puede besar.

Así, nena, que vos me besaste a mí.
Besaste una carne creyendo que besabas un fantasma.
Tu vida, me imagino, habrá quedado comprometida en
movimientos, más allá de tus pequeños deseos sexuales
infantiles.
Besaste en una carne la historia de otros cuerpos.
Creyendo que besabas un fantasma, besaste la telaraña
de un poema.

En tu delirio, tocaste la cuerda de algún canto.
El horror, el verdadero horror, permanecer escondida
en mis versos.
Ser caliente metáfora de metáforas,
una parábola que más que indicar un camino lo subvierta.
Y soy americano y soy de América. Mi voz es una voz
americana.
Mis lujurias, mis locas ambiciones de volar, son americanas.
El tiempo no es el ser,
pero el ser no puede ser fuera del tiempo.

Y tiempo es una lengua, una escritura.

Una pequeña verdad queriendo ser la expresión de una polémica contemporánea y futura.

Si lo real verdaderamente psíquico es lo inconsciente, la verdad es el sesgo donde se constata dicha imposibilidad. Y su mostración habrá sido patente en cada signo de puntuación de cualquier escritura.

El método de interpretación psicoanalítico, al darnos las características del objeto que lo produce, nos dice: Algo que no está en ningún lugar como tal eso, sino entredicho. Entre palabras. Entre nervios. Entre personas.

En esa inexistencia todo es imposible. Desde un vacío a una plenitud.

En esa invisibilidad cualquier movimiento es silencioso.

En semejante silencio cualquier palabra (aun una palabra tonta) produce una interrupción. Un punto, una desilusión.

El saber suponía saber y ese fracaso, esa sombra rota, es verdad.

Un timbre abierto a la ignorancia, un sentido, entre sujetos del inconsciente, lanzado hacia la nada, hacia lo que no se podrá, hacia lo que no estuvo. No es una pieza clave lo que se busca, la pieza que se busca no existe, principalmente, porque todavía no fue.

La causa en psicoanálisis viene del futuro.

Es decir que la transferencia no es sólo (si acaso lo fuera) la repetición ciega de estructuras pasadas, sino que la transferencia es, sobre todo, el desarrollo de su futura dilución.

Allí donde Ello estuvo (la muerte) yo he de advenir.

Allí donde yo he de advenir estuvo, desde siempre, esperándome la Muerte, Poesía.

No habiendo encontrado, después de intensa búsqueda, el tiempo donde fuera posible decirte algunas palabras fundamentales para que puedas alcanzar en más oportunidades un estado creativo gozoso, he decidido, ya lo ves, que ese tiempo sea el tiempo de la escritura.

El encuadre, estas páginas blancas, donde te iré diciendo del otro tu mensaje, de otros, para otros, hundiéndose en la niebla acústica que producen las palabras y sus esotéricas combinaciones.

En el decir de Freud, haremos el amor seis veces por semana, en principio, porque después vendrán los largos seminarios donde estaremos todo el día juntos y los grandes congresos internacionales donde nos reuniremos con el mar. ¿Te das cuenta? Tú, yo y el mar: como si el mundo fuera esa belleza.

Y volveríamos a nuestra ciudad, a nuestros hogares y, cada vez, seríamos más jóvenes y aun más hermosos y terminaríamos sepultados vivos y ahí lo siniestro, por un millón de palabras en varios idiomas y sus combinaciones perfectamente engarzadas al azar.

Sé, me has dicho, que tus intenciones son alcanzar del corazón su centro.

Urdir en el propio corazón del hombre una maniobra que aunque en ella se rompa el corazón, atestigüe tu presencia en el mundo.

Hablar tiene el encanto de no hacer y ahí tu maldición. Porque no hacer no se consigue con el cuerpo, sino con las palabras.

Tendidos sin mirarnos, porque los ojos son los que ponen colores a la muerte. Sin ojos, no hay posibilidad de engaño: la muerte siempre es negra.

Tu cuerpo muerto, tendido y vacío, sólo forma y belleza, tratando de alcanzar, sin conseguirlo, ese otro cuerpo, también muerto, mi cuerpo, a tu lado, pleno, condenado por tu carencia a poseer lo que te falta.

Inalcanzable cuerpo muerto, por ser tu propia voz su canto.
Voz de tu voz, palabra de tu palabra
enredadera atada sin piedad sobre ti.

Ojo fascinador de la serpiente
robusta sinrazón de las caricias.
Besos dejados, librados al azar,
en el vientre perfumado del alba.

Escribo porque escribo
ya lo dije hace años.
no escribo por amores
y tampoco amo la belleza.

Escribo porque escribo
como la lluvia cuando llueve
o el viento cuando gime,

con naturalidad,
como si lo que en mí pasara,
pasara desde siglos.

Entregado a un destino que me depara lo mejor, lo más grande, te escribo para que no pienses que riquezas y famas me han separado de ti, oh, diosa de los encantamientos más puros, espejismo todo real.

Y te llamo querida, porque así han de saber que te amo y nadie andará diciendo por ahí que nuestra relación fue vana o que nuestros besos no era lo más puro del amor. Y si hundo mis manos en tu vientre es para definir la situación con mayor claridad. El hombre vuelve a la tierra y en la tierra se consumen miles de historias que no han sido publicadas.

Por eso te escribo, para que la serpiente de la duda anide para siempre en nuestros corazones. Un poema para que nuestros cuerpos sean inmortales en ese silencio del amor, o un gran amor, tal amor, que alguna vez inmortalice algún poema.

Oh, querida, querida, cuántas veces me desmoroné en tus labios. A veces llevado simplemente por las horas del día. Caía sobre vos, amada, desde grandes alturas siempre en el medio preciso de una frase. Sin saber lo que quería decir, aún, pero intuyendo de sesgo algún final.

Siempre me faltaban palabras, siempre había algo indecible entre nosotros. No era el sexo, sino la historia sangrante y cruel que lo hace cantar. No eran de carne nuestras historias aunque se grabaran sobre nuestro cuerpo.

Cuando envejezca
cuando mi piel se caiga
porque soy incapaz de sostenerla
entonces, mi palabra, levantará la voz.

Agonizando el canto,
se hace más fuerte que viviendo.
Fui sin embargo, un buen fenicio en todo.
No era navegar por navegar, mi oficio.
Mi oficio era tenderme entre los puertos.

Rosa perdida de perfumes rotos,
color de soledad, dejaba en cada puerto,
un infinito brote de locura.

No estoy perdido de amores, sino de tedio.
Ya nadie corre por los peldaños de mi mente como tú.
Ya nadie abre su fuente con alegría y deseo para mí.
Yo ya no veo tus ojos en los profundo de mis manos.

Navegar por navegar no es mi oficio,
arrancar trozos de la nada y unirlos en conjuro,
ése es mi oficio silencioso y tenaz, como de versos,
mi oficio no se puede aprender, no sabe, es ciego.

Después de aquel encuentro donde le confesé que era ciego, ella llegaba siempre diez minutos tarde y un día me dijo: ¿Vio que siempre llego diez minutos tarde? Es porque no quiero psicoanalizarme más con usted. Mire, le di muchas vueltas al asunto y no lo puedo soportar. Hay algo en su ceguera que yo no puedo tolerar.

Si usted es ciego... quiere decir que cuando yo le digo, por ejemplo: Hoy estoy hermosa, usted no tiene cómo constatarlo y eso, es terrible.

Cuando le digo que estoy fea, usted no puede decirme: Pero no, querida, usted es hermosa. Y sabe por qué no puede. Porque usted nunca me vio, ¡qué terrible!, ¡qué terrible!

A mí el problema, así como lo planteaba ella, nunca se me había ocurrido planteármelo. Así que si la intención de ella era sorprenderme, esta vez lo había conseguido en profundidad. Preferí quedarme callado, esperando sus próximas palabras. Ella no me dijo nada pero lo pensó: mejor me quedo callada y espero a ver qué opina el doctor.

Así nos quedamos en silencio durante diez años.

Cuando ella volvió a hablar fue para decirme entre enojada y feliz: ¡Cómo me engañó, doctor! Usted nunca fue ciego.

Un vuelo de decir sería que así como sin asociación libre no hay posibilidad de interpretación, sin escritura no hay posibilidad de transmisión.

La transmisión del psicoanálisis es un acto inherente a la propia producción del inconsciente.

Terminaré diciendo que todos los caminos que llevan a ROMA, llevan a Roma. Sobre todo cuando el que me mira caminar de mí está en Roma. Sin deseo del psicoanalista no hay psicoanálisis, es tan verdadero como decir: sin psicoanalista, no hay inconsciente. Si alguien no nos convence que estará en Roma esperándonos, aunque no lo esté, no llegaremos nunca a Roma.

Develar a nadie lo que será de nadie.

Un existente de lo que no hay, un imposible pone las piezas en movimiento. Un saber que no será sino bajo la regla de no saberlo. Un poder que sólo sostendré si rechazo utilizarlo.

Un deseo de ser de la carencia la cintura del alba. Rozar, rozar, sin tocar nunca y sin detenerse frente a cada fracaso, porque es de eso de lo que se hablará en el diálogo de transmisión, EL FRACASO DEL SER EN SERLO. Ya que todo intento será determinado desde la errancia del deseo. Desear deseos, objetos nunca sidos.

Un ojo que no ve sino los restos que le permite su mirada. Una palabra que mira del otro pasa en mi interior. Lo esencial de mí, y eso es lo que no sé, pasa fuera de mí.

Las piezas que se ponen en juego disparadas por la carencia, son reales, imaginarias y simbólicas, y los discursos posibles hasta este momento de nuestra formación son cuatro: LA MUERTE (el punto, la interpretación). LO SEXUAL (el nada, el desencuentro), la insatisfacción (LA NO). EL ESTADO (la universidad, el capitalismo). Dios (la palabra divina, el amo Absoluto).

Un sujeto supuesto del saber esgrime como bandera su deseo. Un sujeto que supone ese deseo que lo sostiene en su suposición, como saber.

Un saber paradójico que sólo se produce en acto y que al querer determinarlo como ocurrido se desvanece como tal. ¿La repetición, la transferencia, la pulsión, no son acaso muescas de este fracaso? El ojo no desea sino su propia mirada que lo constituye mirándolo desde el Otro.

Estoy aquí, dice el candidato, porque quiero ser psicoanalista. Y esto inmediatamente, a menos que uno sea indiferente a las cuestiones sociales en desarrollo, plantea una pregunta que, de no contestarla, el candidato (por el simple hecho de haberlo pronunciado) se quedaría sin camino.

¿Quién está cuando estoy?, y ¿dónde estoy cuando estoy aquí? Y si esto fuera poco para mantenerme callado, la frase: quiero ser psicoanalista, puede ser simplemente, no una inversión, pero sí un deslizamiento; quiero psicoanalizarme, ya que usted lo desea.

En esa especularidad: Quiero ser como usted, entero, es su propia imagen lo que se le anticipa como disfraz de la única verdad posible en el diálogo de transmisión. A usted le pasa lo mismo que a mí. Otro nos reúne bajo la faz de no saber. Carencia anterior y futura a todo ser, aun al de la imagen. Así que difícilmente el falo pueda ser imagen de nada y menos del pene. El Falo concepto positivo de lo imposible de la Apertura al campo del Otro, Uno de la carencia, que permite pensar que, justamente, ese otro que no está en el sistema, sino como nunca sido, sea causa.

Quiero decir simplemente que si en la primera entrevista quiere serlo, más adelante querrá tenerlo y luego querrá matarme. Al llegar a Roma no sólo no me encontrará, sino que percibirá sólo de sesgo, porque más allá, aun, sólo se puede gozar o morir, que nadie nunca ha estado en ROMA. Concluido el psicoanálisis, si es que alguna vez concluye, nadie estará en condición de asegurar que se trate de Roma. Y la conclusión no deja de ser bonita: ROMA NO EXISTE, aunque más allá, aun, tal vez, la encontraría.

En cuerpo, en el goce del Otro, en lo Uno del Amor, en la Muerte. Y nadie conseguirá nada. Ya que el Inconsciente Freudiano y, por qué no decirlo, el Inconsciente Lacaniano, aunque sea otro, es Saber no Sabido o Poesía, y aquí, la cuestión. Todo lo otro, aun los matemas o los mate-a-mamá, son los intentos desesperados del símbolo de obturar la carencia, única puerta posible para el deseo. Su causa.

He sabido por tu madre que te gustaría que antes de fin de año rocemos las aristas del espanto.

Quiero decirte que la familia es un hecho concreto tal que sin familia es como una ciudad sin agua. Por eso que seré, te lo prometo, antes del acontecimiento entre nosotros del verbo enamorado, el arrebato perfecto de una mirada: tu madre enamorada, encandilada por tu belleza, enajenada de poder transformarte según su algarabía, en su falta, su hombre, su deseo o, peor todavía, su envidia, su desprecio, su lejanía.

Antes de fin de año, mi pequeña, quiero hacerle saber que ya no volveremos a estar los dos a solas. El tiempo para entonces habrá partido nuestra razón de ser. Un pozo de silencio, el tiempo, entre nosotros.

Mi deseo, arrancándola brutalmente de mis brazos, empobrecidos, ahora, por su ausencia. Aleja su mirada de mi mirada, empobrecida ahora por su lejanía y estrella tu mirada querida, contra lo que no habrá en tu aurora, ni aun, después de los grandes acontecimientos. Contra lo que no podrá ser tu forma, ni aun, después de las más bellas poesías.

Mutilado porque mi cuerpo es otro que tu cuerpo, desprestigiado incluso para tu mirada detenida por el horror de mi ser, impotente de ser mi cuerpo y mi palabra, mi forma y mi sentido. Tu mirada helada en un rincón del alma para siempre.

Por el horror de mi ser impotente de ser, exactamente, tu imagen deshilachada en el espejo negro de la muerte. En el espejo muerto del negro silencio. En el silencio muerto y negro en el espejo. En el silencioso espejismo negro de la muerte, donde tus caderas comienzan a bailar al ritmo de macumba. Negra de magia, abierta, silenciosa, al sonido espectral de los tambores, delicada y altiva, como una rosa entreabierta puesta en su lugar. Insolente, enamorada de ti misma, y todavía, antes de desear, te abrazas a la muerte para no morir nunca. CONDENADA, tu silencio es negro. Tu silencio es la señal que te quedó en el cuerpo de aquel abrazo con la muerte para no morir nunca, para nunca desear, para nunca ser otra que tu voz.

Y no queriendo llegar muy lejos o por el contrario, quiero decirte, que ponerte a llorar, enfermarte gravemente, o enamorarte de algún desconocido, no te servirá de mucho, a menos que puedas entender que tus resistencias, cuando lo nuestro se trata, simplemente, de una conversación, siempre son exageradas.

Recuerdo que la primera vez que me animé a decirte, rodeado de precauciones, que era bonito conversar contigo, te pusiste a llorar al estilo de las lloronas sicilianas, interrumpiste el encuentro antes de tiempo e intentando pegarme con la cartera en la cabeza (golpe que esquivé con un paso atrás y un directo a la mandíbula) me dijiste con rabia: usted es un desgraciado.

Al otro día volviste encandilada por la posibilidad de poder sentir y expresar esos sentimientos.

Mientras te desnudabas pedías perdón por lo del día anterior y tus manos al borde del silencio me dijiste: Usted es un hijo de puta. No sé por qué se lo digo, pero me hace bien que sufra, sépalo. Soy la peor de todas, tengo sarna. Voy por la vida enarbolando mi fracaso, su fracaso, doctor, ¿se da cuenta? Conmigo no puede nadie, yo soy la flema ardiente del deseo y no sigo adelante porque tengo miedo que usted me aumente los honorarios.

El fin del psicoanálisis es su no fin, y vamos a ver cómo aceptan esto los fanáticos de la carencia. Ser carente, pero tener algún final, aunque más no sea simbólico; una fórmula que reemplace con su imaginaria el conocimiento inconsciente que se sostiene sólo si alguien queda en condiciones de poder interpretar el deseo. No hay nada que nadie le diga a nadie, sino hay lo que las palabras se dicen entre sí.

Poesía y psicoanálisis tienen que ver con esa irregularidad que se produce en el ser de la palabra. Creyendo que dice las palabras, nada sabe que es dicho para el otro, por lo que sus palabras pronunciadas se dicen entre ellas.

No es la simple alienación en el Otro en tanto que habla, no son precisamente las palabras del otro, sino lo que las palabras del otro se dicen entre ellas de mí.

Tanto poeta como psicoanalista tienen como función dejar de ser para que en esa fisura de ser nazca lo Otro. No es una hiancia que recuerde algún misterioso vacío, sino que es apertura al campo del Otro. Y esto no se cierra ni se desvanece. Sólo la muerte o el rechazo de la pulsión como tal, anulando las funciones que lo nombran, es decir, cerrando la boca.

Otras Conferencias

 

 

C/ Princesa, 13 - 1º Izq. 
28008 Madrid - Telf.: 91 758 19 40
actividades@grupocero.info