Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

POESÍA, PSICOANÁLISIS, LOCURA

Conferencia Nº VII

DISCURSO DE AMÉRICA,
POESÍA, PSICOANÁLISIS, LOCURA

Un loco diría: Yo pienso.
Un psicoanalista, J. Lacan, diría:
...yo pienso donde no soy es decir
yo soy donde no pienso
yo no soy allí donde soy el juguete
de mi pensamiento, yo pienso en lo
que hay allí donde
yo no pienso pensar.
Un poeta, T.S. Elliot, diría:
Para llegar a lo que uno no sabe
hay que ir por un camino que es
el de la ignorancia.
Para poseer lo que uno no posee
hay que ir por el camino
donde uno no está.
Para llegar a lo que uno no es
hay que ir por el camino
donde uno no está.
Y eso que uno no sabe es lo único que sabe
y eso que uno posee es lo que no posee
y donde uno está es donde uno no está.

La palabra después de haber hablado entra en el silencio o se hace escritura. Este tiempo se abre y una multitud de recuerdos invade los años de la amistad, las encrucijadas de nuestras vidas.

La lluvia en la ciudad, la risa de los niños en el jardín, en la casa, en la violencia, junto al fuego.

Espero poder escribir lo que me gustaría leer: El laberinto del amor, tu figura recortada entre sombras y los dioses de papel fustigando la discontinuidad de la letra.

Mejor ver estas ideas en el camino de una aproximación entre Freud y Lacan, entre el psicoanálisis y la lingüística, el inconsciente y el significante, máscara de un nuevo status del discurso donde la «y» abre un campo donde el desencuentro posible muta y señaliza su recorrido con el lenguaje en plena acción: la poesía.

"Lo que no interviene en el método de exposición -el vértigo del sinsentido donde cualquier cara, dos caras o un barril de seda, quieren decir lo mismo o nada- fue birlado del proceso de producción, desvió todo el pensamiento."

El psicoanálisis y la filosofía se enfrentan con la necesidad dramática de romper con el «sentido», de salir radicalmente de la epistemología de la conciencia y también a la altura de sus descubrimientos y programas, de medirse con la exigencia inmedible, con las radicalidades inauditas de la revolución freudiana.

De la poesía tenemos que sacar material para otra cosa, dicen, pero de esa otra «cosa» de la que habla el psicoanálisis, es precisamente la poesía la que nos lleva de la mano por el jardín de los senderos que se bifurcan donde intentamos llamar al pan pan, y al vino, vino.

¿Nos habla más del pan el químico o el poeta?

¿Es el punto de cocción de los elementos lo que nos da la medida humana (deseante) o es el aroma?

Si interrogo al texto por el misterio de su construcción, se me ocurre, que estas palabras desean disponer el saber en movilización permanente y reemplazar el conocimiento cerrado y estático por un saber que dialectice las variables experimentales y dar, finalmente, a la razón motivos para su expansión. Una búsqueda para transformar una verdad en su razón.

Discernir los obstáculos epistemológicos es, entonces, contribuir a fundar los rudimentos de un psicoanálisis del conocimiento. Desarreglar sus hábitos como una propuesta de una práctica pedagógica y una forma simbólica de elaboración de lo reprimido, de manera homóloga al chiste y su relación con el Inconsciente.

Esta lectura, a veces, es como someterse a un Pesa-Nervios, como exponerse a una ceguera que nos trabaja y nos piensa.

Inconsciente y lenguaje, una renovada perplejidad ante lo inasible, donde la Poética de su desencuentro nos señala su abismo.

Límite donde la palabra escrita -materialidad de las ciencias toma los rumbos y las formas que la violencia de las combinaciones le impone.

Como la alimentación gota a gota, el discurso pensado signo a signo realimenta la antropofagia del solitario.

Amo y esclavo, asesino y víctima y el estrangulado amor que los enlaza, donde el poeta con sus ojos abiertos y el corazón en sombras, inmerso en su quietud
escribe.
En toda decisión, un reloj comienza a latir.
Nadie está exento de la escritura del Otro.
Páramo de lo imprevisto, arca que traga el universo y su diluvio, las
especies, las artes y las ciencias,
donde te espero.
El punto cero de lo eterno
donde las manos están abiertas
y no hablan
de la belleza
del esplendor.
Dicen
de pequeños cielos
donde el ojo
devora
al ojo.

Una conferencia sobre Psicoanálisis, Poesía y Locura, no sólo habla de mi valentía sino, también, acerca del importante monto de vuestra apuesta.

Y os digo que no es precisamente una pedantería decir que Buenos Aires se ha cerrado para mí, mejor dicho, permaneció cerrada durante diez años a mi escritura, pero esta vez tengo que quedarme tranquilo, ya que esta ciudad cerrada a mis versos, me ha dado una oportunidad de cada cosa para dejarme probar, me imagino, lo que fueron capaces de hacer con una persona que todavía estaba viva. Un recital, una mujer, una conferencia.

He leído mis versos con los más jóvenes y al compás sonoro de un rock fuerte y alto a la vez. He hecho el amor con una mujer como corresponde y hoy he venido a dar mi primera conferencia, es decir, que les estoy pidiendo que tengan en cuenta la responsabilidad que embarga mis sentidos.

Hablando en principio de lo más notable, diré que la transferencia se procesa en permanente menos uno, en tanto lo que cree faltar nunca estuvo. Un cero, como habíamos anunciado hace quince años, pero cruzado por la muerte, que en sí misma es presencia, en el sujeto, de un imposible.

Venimos a levantar la llama inagotable del deseo.

Es por eso que en el supremo intento de no morir en mis propias manos ante ustedes de un cáncer, de un accidente, o de un infarto del corazón mirando como un estúpido las estrellas de nuestro campo, escribo.

Trazo sobre un papel, antes que suceda, el recorrido de nuestro encuentro. Pozo de un encuentro, éste, que se desea y se rechaza a la vez, simplemente para que ustedes puedan mantenerse dentro de la dialéctica que impone toda ideología a sus transformaciones. Vengo, como debería haber estado un psicoanalista: sordo y mudo a cualquier tipo de lamentaciones.

No vengo a decir, pues eso revocaría los fundamentos de una teoría, sino que vengo a generar el campo necesario (que ya algunos de ustedes conocen de oídas) para que dé comienzo la función.

Sé que tendré que recorrer este camino con un público hambriento de saber que ya casi no asocia libremente y que carece del erotismo suficiente, es decir, una escritura lo suficientemente fuerte y abierta como para generar entre las palabras el vacío de una pasión.

Y antes de comenzar la conferencia propiamente dicha, intentaré descubrir frente a ustedes el velo de una ignorancia.

Trazo sobre la verja del abismo de la locura, la desesperada ficción de una rosa en la mitad de su crecimiento cortándose a sí misma.

PSICOANÁLISIS Y POESÍA

Relación fundada por el Grupo Cero en su escritura, muestra una vía de acceso al sentido y a la dimensión humanas de los textos psicoanalíticos. Resonancias y repercusiones de una poética freudiana.

Formalización de un cierto nivel de la obra de Freud, tanto desde la sintaxis como de la semántica, es decir, una combinación específica. Es en este decir a la economía del tiempo a la que se reducen todas las otras. Ley que regulando mediante el tiempo de trabajo la economía en general, designa, el lugar inconsciente, mediante el cual la economía se hace ley y expone la economía del tiempo.

En este sentido la prosa común, esa lengua unificada de las ciudades, la escritura fonética, se gesta en un movimiento que esclaviza la escritura a la lengua en general, reprimiendo las particularidades. Convierte las representaciones en una función filtrada por el habla. Indica una etapa específica de la constitución de la moneda como tal. El dinero reemplaza las cosas por sus signos y así la descripción crítica del significante dinero es la reflexión fiel del discurso sobre la escritura.

La inscripción psíquica, en el sentido de una máquina de escrituras en movimiento permanente, es y no es, lo que entendéis por estas palabras.

PSICOANÁLISIS Y POESÍA

Así escritos fundan un campo que señala la escritura como dominio donde se desarrollan métodos e instrumentos para la producción de una nueva posibilidad en el camino de una teoría del conocimiento.

Psicoanálisis y poesía nos dice de una producción, efecto de articular el instrumento poético y la retórica del inconsciente. Siendo ambos un trabajo sobre el significante, los dramas que atraviesan la escena, las banderas de libertad que se iluminan en la combinación son el hombre de quien Freud escribe claramente: no podemos saber cómo es en realidad.

Sometida a leyes inexorables, la palabra hace sus estragos. Ella es impune, se combina con todo. Ama desaforadamente las imperfecciones. Su ser es todo tiempo.

En este estado todas las combinaciones de la palabra generan poesía. Para ello, es necesario que, las formas espaciales, topológicas (último lujo de la razón contra lo poético humano) estallen en fragmentos. La forma será sin más, las deformaciones que la violencia de los tiempos combinándose le imponga.

Gozando como una mujer, dejándome llevar, escribo de lo que nadie sabe. Soy Ello, capaz de engendrar lo que circula. No soy idéntico ni siquiera a mí mismo. Mi lugar es la muerte.

PSICOANÁLISIS Y POESÍA

Señala un vínculo de coherencia más allá de los límites de las diversas teorías del lenguaje desarrolladas en occidente, limitadas por los dos bordes conocidos en el sentido de un cuestionamiento práctico: el materialismo histórico y el arte.

El psicoanálisis define un tiempo de transferencia de sentido en discurso, que se expresa en economía sexual e interpretado muestra ser un discurso histórico. Siendo el inconsciente lo que se lee bajo formas de agitación histérica, ritual obsesivo, frialdad esquizofrénica, interpelación paranoica, rechazo fóbico o culto perverso. Sin olvidar la denuncia de «mi hombre», «mi mujer», mi, mi, es decir mi imaginario particular y, también, de la divinización del fetiche de la reproducción de la especie, de una burguesía que sueña con ser sapiente, fascinada por el psicoanálisis a la medida de su miseria sexual.

PSICOANÁLISIS Y POESÍA

Dos interesantes miradas sobre la vida de los hombres que, como toda mirada, única o doble (ya que el doble es consecuencia y máscara de lo único) son insuficientes. En ellas todo cierre es, tan sólo, una nueva metáfora.

En ellas todo es infinito en los contornos de un universo finito. Dos miradas extraviadas en ser siempre una novedad y, sin embargo, hablar solamente, escribir solamente, dos formas privilegiadas de lo único.

Por ahora, psicoanálisis y poesía, dos grandes y corpulentos valles de lágrimas. Por ahora todo es dolor, todo crítica punzante. Por ahora debemos decirlo, nadie aprueba los exámenes.

Psicoanalistas y poetas hay pocos.

PSICOANÁLISIS Y POESÍA

Iniciar algo también es morir. Y si no se han hecho las cosas a fondo podrá más la sangre, que las palabras. Sólo en el paroxismo de su ser humano un hombre es palabras. El resto del tiempo: carne, excremento, grandes pasiones de antiguo nivel. Hundido en esa pocilga el «hombre» puede morir de cualquier cosa, hasta de rabia.

Para que la palabra transforme algo en alguien, debe acontecer engarzada en las más altas pasiones posibles para el hombre: El Amor, la Creación.

Anuncio fuertes lluvias y manzanos en flor y nadie me cree.

Desfiladero material hacia la muerte, las palabras, después todavía, hablar, escribir, amar. Este tiempo es el tiempo de la creación, y no porque iremos a ponerle flores a ningún muerto, sino porque el hombre está en condiciones de afirmar que hablar, escribir, amar, son en realidad el mismo acto, el mismo verbo, ya que existe una simultaneidad, un tiempo diferente donde un acto concebido como generado en esa triple articulación, es lo que se ha dado en llamar desde antaño, sin entrar nunca en sus verdaderos mecanismos de producción, acto poético, es decir, producir lo que sólo existirá después. Y es aquí, donde poesía y ciencia se confunden, podríamos decir, en un abrazo mortal para ambas.

Porque cuando se habla de la Poesía y el Psicoanálisis y no se habla de la propia vida de los sujetos, no hay método y todo es razón y ella misma es la que se descarta a sí misma para ser y es ella la que concibe un No rotundo y eterno en la propia morada de la materia y en ese vacío, fuego sangrante de la nada y, en ese límite preciso contra todo, la razón en cuestión, haciendo gala y despliegue de todos los sentidos, con todos los orificios abiertos y desesperados a la búsqueda de lo cierto, ella, la razón, comienza su propia investigación y ella, tiene la sabiduría de la vida, porque la vida es ella, su moda la verdad, su verdadero ser el tiempo momificado en los relojes, su retórica volver siempre sobre lo mismo, con el intento de esclarecer cualquier atrocidad que ocurra en su reinado.

Y ella, hoy por hoy, debemos decirlo, reina sobre todo. Para reinar su concepción es simple. En mi cuerpo, nos dice y ella tiene variadas maneras de decir, todo es sobremesa, barrigas descomunales y cigarros que pueden fumarse tranquilamente.

En mi cuerpo todo es atardecer y unas veces blanca y perfumada, danzando entre cisnes, también, blancos y olorosos y otras veces ensangrentada y nocturna, fría y natural, momificando su sonrisa siempre a una hora determinada, abre las ventanas de su corazón, abre desaforadamente sus flujos marinos, porque ella, la razón, en su casa, también, es poesía. Y entreabre su piel, porque la piel también es un agujero y en esas heridas se petrifica el universo.

La marginalidad, aparente espacio donde zozobra su poderío, es también un espacio de su propio cuerpo, alejado de su poder, pero estrechamente ligado a su corazón. Ya que en esas márgenes que son todavía su cuerpo, viven y cantan sus canciones los marginales, sus apasionados amantes secretos, viven como si fuera contra ella para soñarla y en los sueños ella no deja de reinar. Todo sueño es verdad, toda verdad es sueño. Y cuando el amor se llenó de verdades y de sueños, cuando ya era imposible sostener en un solo cuerpo tantas direcciones, ella, inventora de lo inconcebible, parte su cuerpo en dos y olvida. Y mientras lo olvidado no retorna ella es dos, una que hace lo que puede y otra que hace lo que no puede. Una mutilación y su doble, ya que uno no puede por carecer de todos y dos es la posibilidad de la mirada de uno y el tercero no existe, porque el tercero es lo olvidado que retorna. Y hasta aquí, como vemos, en la cúspide de su poderío, ella, la razón, propone para el hombre ser uno, o bien su propia imagen o peor aún, cuando ella atardece y los rumores del lago son propicios, ser, en el inconcebible retorno de lo reprimido, un recuerdo, un grito, una caricia, a veces un olor. Y luego, para reinar también sobre el silencio, inventa la muerte. Ella es una asesina y majestuosa, dice la verdad. Más allá de mi cuerpo o la reproducción de mi cuerpo o la muerte. En mí, cuerpo de la verdad, razón, todo:

Y si de poco valen mis palabras, estarán mis escritos y los escritos de mis escritos.

POESÍA, PSICOANÁLISIS, LOCURA

Tengo toda la paciencia que tiene que tener un árbol perenne. Se imaginan esa solemnidad.

Y no soy, como dicen algunos de mis versos, un pájaro cantor, sino más bien, cientos de pájaros cantores anidan en mis propias entrañas. Soy, por eso, la madre de lo que canta en cada pájaro cantor. Y lo que crezco contra el tiempo, hace efimero el vuelo de los pájaros, me llaman: POESÍA.

Hombre de piel como palabras
he viajado por lo que queda del alma
y no estoy de acuerdo. 

Tristeza agrandada por sus contradicciones,
soy el dolor del siglo que no duele.
Más que la atroz materia que destruye,
un simple giro del lenguaje.

A la palabra amor
le puse cascabeles como a la lepra antaño.
A la palabra madre
le puse un cataclismo entre las piernas
y una belleza masculina en la mirada.
Ojos de miel combiné con mi Patria
y me dejé llevar por la marea.
Llené el mar de palabras antiguas
y hundí el mar.

De la mujer hice una frase.

Detuve su infatigable locura,
infatigable locura entre mis letras.
Al tembloroso, avergonzado sexo
le agregamos torrentes, cataratas.

Ella existe,
ha nacido en mis versos.
Poesía de fuego
donde el dragón es ella y la palabra.
Te escribo, ¿ves? te escribo
como antaño el hombre se escribía.
Hago que tus gemidos
-yegua loca pariendo la mañana-
abandonen tu cuerpo.

Lo tuve decidido, saldría una noche con la ropa de siempre, me olvidaría por el apuro algunos escritos, algunas pasiones. Respondería a ciertos saludos con el silencio de los veranos indomables, por fin alguien me preguntará si volvería tarde. Tal vez diez años en lugar de diez horas y aun así, pocas habrían de ser las diferencias.

Sentado frente a la máquina, giro regularmente, equidistante del eje terráqueo y, en ese preciso instante, me traslado describiendo una elipse en torno al sol y, en ese preciso instante, hermanado en lo mineral de mi sangre con la estrella caliente y con los planetas esteparios, vamos hacia una lejana constelación a la que nunca llegaremos porque no es llegar lo imposible, sino el itinerario de una firme dirección incongruente.

Difícil es volver ahora de los confines del universo sin sexo. Ya que el hombre no ha inventado aún una peluca para la caída del sexo, y no es que le falten medios (imaginación o fetichismo) sino que el sexo no cae.

En su camino puede morder la fresca manzana o arruinar la dentadura del traidor, retorcerse hasta casi desaparecer, poner su firma en el mármol intemporal de la cultura, crecer hasta ensombrecer la mirada de los poderosos, pero no cae, no se deja atrapar por ningún orificio, por ninguna altura. Una chispa que sin parecerse a ninguna otra, no es extraña al fuego. El tiempo de la subversión del sujeto, ahogado entre mapas de guerra, folletines reivindicativos y la punzante cronología del salario. El acceso al orden simbólico no implica la abolición de la carne sino que la circulación de palabras abarca también la circulación de la sangre. Letras cuyo carácter las acerca a esos números de que están compuestos todos los números, y por ser subyacentes a todo átomo de lenguaje capaz de sentido siguiendo el hilo de una metáfora, en sus iluminaciones, pondrá a la palabra su valor de evocación.

La poderosa muerte unida a los vocablos más sutiles.
El cruel espanto, el dolor más extremo, besados por la luz.
El verso más antiguo bordado en tus cabellos.
Entre palabras, por túneles secretos, hacia lo no sabido.

Sólo después sabré, sólo después sabremos
cuando lo irremediable pregunte por sí mismo
cuando la muerte venga anudada en un punto,
cuando el baile sonoro de los días detenga su mirada,

vendrán de nuestra vida los saberes y, ahí,
ya no seremos éstos, sino lo escrito.

Esperanza fallida la verdad de la nada, donde la poesía anuda su desconocimiento de ser con el futuro, donde la muerte llenará lo que ella misma fue, el agujero de la propia imbecilidad del hombre enterrado en la tristeza de no saberse único. Poesía, Psicoanálisis, Locura, deberían llamarnos a reflexionar por el verdadero ausente, la Muerte.

Estoy aquí amor, tengo todo el dolor, sana alegría, de saberme incompleto en estas cosas de los pueblos, las noches de los pueblos, los simples asesinatos por algún pesito o algún besito dado inapropiadamente o bien una miserable cuota de prestigio. Escándalo apretujado de ficciones, infernalmente puesto en mí, viajo hacia los espacios que conviven en uno desde el hacedor manantial de la locura.

¿Quién, me pregunto, estará preocupado por la locura sino quien la haya rozado? ¿Quién habrá de interesarse por la poesía, sino el blasfemo? El que todavía no pudo levantar sus faldas y hundirse en ella para siempre. El que no soportó el olor a vida de la poesía. Ese, es el que está preocupado por ella.

Nuestra conversación goza, de detalles que la hacen una conversación interesante y no porque entre nosotros habrá dinero, porque no lo habrá y su consecuente trabajo realizado, del que estoy dando muestras sino más bien estoy proponiendo dejar que hable entre nosotros lo que de humano es capaz de hablar.

Y si damos este paso, no sólo las ciencias han quedado a nuestras espaldas, sino también, lamento decírmelo (porque yo soy su enamorado) habrá quedado a nuestras espaldas, también, la poesía.

Y si ha de ser algo bueno para vosotros que algunas de las piedras que se interponen en vuestro camino queden a vuestras espaldas; no ha de ser bueno para mí que quede a mis espaldas, precisamente, aquello que había de sostener, en mi discurso, frente a ustedes.

Porque poesía y ciencia son, quiero deciros, un límite casi biológico, frente a la dimensión de la pasión que quieren encubrir, y que, hoy, ha traído un poco de ella el título de la conferencia, ya que de la locura se trata cuando queremos descubrir los límites de la creación, para con ese límite y sin más, encontrarle un sentido a ella, la locura, invitada hoy, más por sus honores que por los nuestros y, sin embargo, capaz de dejarse arrastrar como una cualquiera entre nosotros, para que hagamos de ella, y precisamente contra ella, un modelo contable, que si no cura del todo al paciente, por lo menos, curará un poco al psicoanalista.

Cuando hablamos de poesía, no hablamos de una poesía que nos descubra el centro del amor, sino de una poesía que produzca amor en los hombres. Más que una ciencia para descubrir sentidos, una ciencia que no deje tranquilo ningún sentido, ninguna verdad. Un método que más que revolucionar se revolucione.

Y hoy no he venido a preguntarme por mi ser porque yo, es cero. Tampoco vine a preguntarme por vuestro ser, porque en vuestro ser anida la sustancia de mi carencia, y ese deseo de plenitud es vuestro ser. Y tampoco vine a preguntarme por los astros celestes que surcan el espacio a diario, porque no es de las posiciones que ocupamos en el espacio, ni aun el topológico, de lo que hemos venido a hablar, sino precisamente de lo que a todos sobrecoge y a todos por igual, el tiempo de nuestra relación. La historia de vuestra transferencia.

Y si del tiempo ha de tratarse, sabemos entonces, que ha de tratarse, también de desprenderse de algunas trabas, para que del tiempo pueda tratarse.

Y si del tiempo se trata, deberá saberse que habrá violencia en nuestras mentes y en algunos de nosotros habrá violencia en el corazón (que como se sabe no es una violencia aconsejada, porque produce daño en el propio corazón) porque el tiempo será una irrupción brusca y desmedida en nuestra manera de ser que, hoy, precisamente, se nos está dando por confundirla con nuestra manera de pensar, que es por ahora, y hasta que no se demuestre lo contrario, lo único que tanto ustedes y yo, estamos en condiciones de arriesgar. Y si esto tendrá que ser un entrechocar de saberes, o bien, un entrechocar de retóricas, se irá sabiendo en la práctica de esta contradicción. Ahí donde la práctica por tal, nos hará propietarios de un trozo de realidad y, ahora, por las palabras que ella ha pronunciado impunemente por nosotros, dueños y señores, tendremos que ser ese pedazo de realidad, y defenderla.

Quiero decir que es como psicoanalista que se me reclama en este territorio, ya que no es del saber que no se consume. Lo que parece no consumirse en este territorio es un psicoanálisis donde el psicoanalista, más allá de su condición de asalariado, no se someta hasta el límite de no poder cumplir ya con la función.

Función que de devenir como tal, tendrá mi deseo en eso, porque, sólo el deseo de quien se ocupa de eso, desea la función.

Y si eso de ser la función, invade eso de no ser nada en mí, mi deseo será social cada vez que le toque expresarse. Y cuando digo social, quiero decir que en su expresión no me dará el ser que ambiciono en el movimiento sino, por lo contario o casi, aquel otro ser temido, por ser deseo de Otro y que de ustedes ha partido, porque la función no habla, sólo desea.

Y sordo es el desear de la función, ya que ella, nada desea para sí, sino para la retórica que la crea como tal.

Que los poetas legislen con sus versos la vida de los hombres y que los psicoanalistas expliquen, diríamos, de una manera magistral, los mecanismos intrínsecos de dicha legislación, no son todavía, pruebas suficientes para que sigamos galardonando a nuestros poetas y a nuestros médicos psicoanalistas, y sigamos recluyendo a nuestros locos en los manicomios, sus sustitutos, no siempre diferenciados claramente de la fuente de la cual provienen.

Una manera de pensar inhumana genera una manera de pensar humana y esto, sin embargo, no le da al asunto status de verdad. Porque debemos decirlo: no es en la verdad de la locura donde anida la humanidad, y por lo tanto, no es, precisamente, humanidad lo que ambiciona el discurso psicótico, sino más bien, una palabra que por su brusquedad interrumpa el flujo de lo que teniendo que ser deseo, todavía es necesidad en él.

Palabra que por su imposibilidad de ser reducida a cosa alguna, sirva como ejemplo (porque ¿de qué otra cosa se trata que de un proceso de identificación?) para que el discurso psicótico, pueda, para dejar de ser psicótico, separar la cosa de la palabra que nombra la cosa o, bien, en otro nivel, separar lo bueno de lo bello o, bien, si se trata de hablar de los diferentes niveles de locura, un hombre que pueda separar lo bello de lo divino.

Y si para semejante transformación habrá de ser necesario el cuerpo del psicoanalista, el psicoanalista tendrá que saber en todos los casos que, nunca es el padre el que presta el cuerpo al síntoma, sino que es la anhelante y ambivalente madre la que presta su cuerpo, para que él, su cuerpo, acontezca en el lugar de lo cósmico, y temido, por no ser, todavía, palabra. Y así, como todo cuerpo será cuerpo de Ella, toda palabra será palabra de Otro. Y sin tratar de saber si es demoníaco o divino que un psicoanalista oficie de madre, bien podemos decir que la verificación del cuerpo no da más garantía al símbolo, sino, por el contrario, pone en cuestión precisamente al símbolo. Porque el poder de curar está en el cuerpo. Porque si de curar se tratase, es de la eficacia simbólica de lo que se trataría y de ella, de la eficacia simbólica, es más capaz el cuerpo que la propia palabra.

Y si totalmente faltase el cuerpo, no tendríamos, tampoco, al símbolo en su belleza pura o, mejor dicho, no habría símbolo posible en esa debilidad. Esta manera de no poder no estar, y tampoco poder estar, hace del cuerpo del psicoanalista una nube de polvo ardiente y helado a la vez que, en todos los casos, envuelve a quien por su boca habla en esa pasión.

A nada temo, dice el sujeto, sólo a mis propias palabras.

Y si del saber se tratara en esa oportunidad, de que cuando uno sabe pueden saber todos, diría sin más que al descender del avión en el aeropuerto de Ezeiza supe que yo era otro del que había viajado en el avión desde el aeropuerto de Madrid. Y en ese casi doloroso saberme un otro de aquél, me permite pensar que cuando me vaya de Buenos Aires, ustedes, serán otros de los que están siendo durante mi estancia en Buenos Aires. Quiero terminar agradeciendo y explicaré por qué.

Sabemos que la locura tiene sus defensores, sobre todo cuando se trata del psicoanálisis. Quiero decir en el sesgo donde soy psicoanalista, por el solo hecho de haberme tenido que presentar ante ustedes como tal, ella, la locura, hubiese reclamado su lugar entre nosotros y nosotros aceptaríamos sin más, haberla convocado. La poesía en cambio y sobre todo cuando se trata de las ciencias, no goza de semejantes derechos.

Agradezco entonces haber sido invitado a esta charla, también, en nombre de la poesía. Esto me permitió escribir sin tener los cuidados que normalmente se tienen para que ella no irrumpa, como tantas veces espero que haya ocurrido en esta charla. Porque ella, la poesía, es la indiscutible dueña de las palabras, más aún que la propia locura del simple hablar, en donde cada vez que pronunciamos una nueva palabra, adviene a nosotros un nuevo sentido, aunque no lo sepamos.

Porque la poesía es la que legisla ese saber y ese no saber. Y es en la poesía donde el deseo y la locura plasman su ser. Se sabe de antaño que la poesía (mucho antes que las matemáticas dieran un nuevo rumbo a la humanidad) hablaba de una voz más acá de Dios y, sin embargo, humana.

Y la poesía como sin razón, como estallido sangrante en medio de cualquier vida, de cualquier frase, de cualquier historia. Aun como sin razón, cuando los más ambiciosos tratando de hacerla más aceptable la transformaban en filosofía. Quiero decir que mucho antes que la locura hablara por sí misma, la poesía habló por ella.

Si se tratara de una guerra de términos seguramente ganaría la Poesía, 50.000 años son más que algunos siglos de locura y más aún que una ciencia en sí misma por ser ciencia, relativa, joven ciencia, con menos de un siglo en su vivir. Si se tratara de una conversación y tratando de delimitar el campo en cuestión, tendré en cuenta toda la escritura de un grupo, en tanto, que si algo específíco tiene ese grupo es haber creado dicho campo. Y si el campo ha de ser el del Psicoanálisis y la Poesía vanagloriándose de estar juntos, si este campo existe, cosa que he tratado de sugerir, el grupo del cual estamos hablando se denominará Grupo Cero.

Y si acabo de nombrar lo innombrable no será para decir que provenimos de un atolón atlántico, ni para decir que nuestra formación es académica, por ser egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en una época donde todavía Buenos Aires era Grecia. Ni siquiera hablar de lo que seguramente con el tiempo nos hará famosos, haber articulado con destreza y en algunas oportunidades con precisión, dos locuras, el psicoanálisis y la poesía, de lo cual hoy he tenido que dar una muestra. Nada de eso serán hoy nuestros antecedentes, porque terminaré diciendo soy un nombre grupal y me place decir antes de terminar de exponer mis ideas sobre la producción del inconsciente, que mis ideas no son mías. Y es precisamente en esta incertidumbre, en esta intemperie, donde una vez más, ella, la escritura, hablará por mí:

A las palabras se las lleva el viento,
decían los ciudadanos más acomodados (los garcía, lacanianos
en general, franceses racionalistas) y tenían razón.
Ahora somos palabras que venimos del viento.
Palabras con la velocidad del viento metida en la sangre.
Palabras como aullidos desgarrados, nervios en libertad.
Gemidos, somos los gemidos arrancados del viento,
palabras destinadas a permanecer:
Grupo Cero, psicoanálisis y poesía, ese imposible,
un nuevo escenario,
tan difícil de poner en el espacio como el propio tiempo.

Un amor tan difícil de ubicar en el tiempo como el propio
inconsciente.
Un deseo desesperado, abierto, múltiple.
Tan difícil de ubicar en la vida como la propia poesía.

Cíclopes amarrados a sí mismos, tantos otros,
hacen girar el mundo como si fuera luz, palabras.

PRE-SCRIPTUM

La diferencia entre la escritura y lo que el hombre que escribe puede con su vida, es un drama que hasta ahora sólo pudo ser solucionado con la muerte, la locura o la terrible enfermedad, en todos los malditos o en aquellos que sin llegar a serlo lo ambicionaban.

La vida de la escritura es la vida de la escritura y la vida del escritor es un mínimo inconveniente que la escritura supera en todos los casos.

Pretender, hasta ahora por lo menos, hacer concordar la vida de la escritura con la vida del escritor, es en todos los casos llenar la escritura de opacidades.

No, como se dice, una vida humana que por darse a la escritura dejará en ella una marca, sino una vida que al ser sujeta por la escritura recibirá de ella una marca, que en todos los casos es, como sabemos, insorportable.

Si la escritura, es decir, la formación material histórica de la producción del lenguaje escrito, ha de ser materialidad de toda producción científica y literaria. No ha de ser ella la que se verá sobredeterminada por el sujeto psíquico que, ella misma, utiliza en su realización. Sujeto que padecerá, al caer bajo la sobredeterminación del sistema escritura, un desvío, precisamente en aquello que por ahora le determina como sujeto del inconsciente y como sujeto de las relaciones de producción.

La escritura no respeta ninguna enfermedad, ni ninguna posición de clase, ella dispone de sus propias categorías, ella otorga posiciones de clase que nada o muy poco tienen que ver con los sistemas de producción imperantes.

Digo, sin saber si será necesario llegar a una demostración, que el de la escritura es un sistema otro que el sistema Otro donde el sujeto es, insisto, por ahora, la intersección de dos encadenamientos, a un otro y a un Otro de él.

Las leyes de la escritura no son siquiera las leyes del lenguaje, así que, si el inconsciente está estructurado como un lenguaje será una cosa y si está estructurado como una escritura será otra.

Y escritura, es todavía, si me animo, diferente a escribir. No es el trazo, es el tiempo del trazo, es decir, su propia temporalidad.

Escribir de aquello que nos enceguece para usarnos en su desarrollo es fuerte, algo así como intentar detener mi propia circulación sanguínea para estudiarla, ella no se lo permitirá a nadie. Detener su curso para que alguien pueda poseerla, para que alguien pueda decir algo de ella, antes que ella misma produzca sus sentidos, ni me lo puedo imaginar.

Y sin embargo sé, que sin imaginación será imposible, insistiré, se ve que todavía me dan miedo nuevas combinaciones. Edipo todavía me domina, todavía estoy esclavizado a dos ilusiones: Tener el valor. Tener el falo. Todavía deseo sólo ausencias, soy un amante de la inmortalidad, temo la infinitud, prefiero que el mundo siga siendo: un poco de dinero y la fotografía de mis familiares muertos.

Otras Conferencias

 

 

C/ Princesa, 13 - 1º Izq. 
28008 Madrid - Telf.: 91 758 19 40
actividades@grupocero.info