Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

DESEO DE NADA
-Fobia y Fetiche-

MOMENTO DE CONCLUIR

CAPITULO XIII. LA SEXUALIDAD FEMENINA Y SU RELACIÓN
CON LA PSICOGÉNESIS DE LA HOMOSEXUALIDAD

Antes de entrar en el texto sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina de 1919, vamos a recordar la cuestión de la sexualidad femenina.

La mujer ocupa una posición de objeto, pero una posición de objeto en segundo grado, en tanto es una posición tomada por un sujeto. Es este un destino de la mujer en tanto sujeto, en tanto está tomado en la cadena simbólica.

Es por esto que no debemos olvidar que la mujer es un sujeto, que también tiene que hacer una elección que sea un compromiso entre lo buscado y lo encontrado.

La preeminencia de la asunción fálica al final de la fase infantil de la sexualidad, es algo típico tanto para el niño como para la niña, y es en esta etapa que la organización genital introduce la diferencia sexual. A estas alturas no se trata de la diferencia entre hombre y mujer sino de quién está provisto de atributo fálico y de quién está desprovisto. Esta fase es una fase esencial y terminal de la primera fase de la sexualidad humana, ésta que se acaba con la entrada en el período de latencia.

Lo que acontece en esta fase está fundado, tanto en un sexo como en el otro, en la idea de un error en la distribución de las cartas en juego, y que sin embargo está basado en un malentendido debido a la ignorancia (que no en el desconocimiento, en tanto para que haya desconocimiento debe haber un conocimiento previo), y lo que tanto niño como niña ignoran es, por un lado la idea de esperma masculino y su relación con la fecundación y por otro lado la existencia como tal del órgano femenino.

Ambas cuestiones no pueden ser aprehendidas en una experiencia real, sino en una experiencia donde es necesario pasar por la denegación de la existencia de la vagina, en tanto la entrada en la experiencia edípica es necesaria para la niña y sólo entra si se reconoce afálica, sólo entra en busca del sustituto del falo faltante. Es por esto que se pone a desear un niño del padre, siendo en esta decepción de no recibir un niño del padre que va a salir de este camino paradojal en tanto necesario para que la identificación al padre sea posible, necesaria para que ella asuma la posición femenina.

El niño deseado del padre aparece como objeto imaginario, como sustituto del falo faltante, que decimos juega en el desarrollo de la niña un papel esencial, pero que lo interpretamos desde la fase fálica, es decir que es a posteriori que todo lo que se refiere a esta prevalencia o preeminencia del falo tomará estas incidencias. Es en relación de sustitución imaginaria que todas las situaciones pasadas cobran su relevancia.

Vemos a una mujer en análisis, lo que le permite tener otra visión de las cosas de la infancia, diciendo que de niña se levantaba todas las mañanas preguntando si el niño del padre había llegado, y si era para hoy o para mañana, y todo esto cada mañana, en un marasmo de llanto y cólera.

En la constitución del deseo del sujeto es la organización fálica la que le da legitimidad a la operación de frustración, la que la instaura como tal, en tanto la frustración es un momento evanescente hasta el momento que actúa la castración. Es la castración la que instaura la necesidad de la frustración, en tanto la transciende y la instaura porque la ley le da otro valor. La ley también da otro valor a la privación, en tanto sobre el plano de lo real ninguna idea de privación es posible. La idea de privación no es concebible si no se articula en el plano simbólico y es a partir de aquí que una privación es concebible efectivamente.

Recordemos el caso de la niña fóbica, tratada por una alumna de Ana Freud, que gira alrededor no del hecho que ella no tenga el falo, sino del hecho que su madre no podía donárselo, y no lo podía hacer porque no lo tenía ella misma.

La terapeuta le dice que todas las mujeres son así, algo que no podemos decir que es simplemente una reducción a lo real, en tanto sabemos que la niña, sabe muy bien que no lo tiene, sino que lo que le enseña es que eso es una regla. Podemos decir que lo hace pasar por el plano de lo simbólico de la ley, sin embargo eso no evita que esta intervención sea discutible desde el punto de vista de la eficacia, en tanto no reduce la fobia. La fobia sólo se reduce cuando la niña está integrada en una familia completa, cuando aparece un nuevo padre, es decir un hombre que entra en la familia, por lo que la fobia ya no tiene que sustituir el elemento falóforo, es decir, los hombres. Y esto porque sabemos que la niña para dar su próximo paso necesita entrar en el Edipo.

En cuanto a la frustración habíamos dicho se trata más de la falta de objeto que del objeto mismo, que era menos el objeto que el amor de quien puede hacer ese don, es decir es menos el objeto que el don. Habíamos dicho que el objeto de la necesidad y también cualquier otro objeto entraban en los desfiladeros de la demanda dejando de ser objetos para pasar a ser dones, y que a partir de ese momento la satisfacción era conseguida tanto en la aceptación como en el rechazo.

Lo importante del don es que viene del otro y detrás del otro está toda la cadena, en razón de la cual viene ese don. Y es cuando esa cadena es percibida, que el sujeto se percatará que el don interesa a toda la cadena humana.

Podemos decir que al principio de la cadena está la confrontación con el otro, donde surge el don que desvanece el objeto mismo en tanto objeto.

Es por eso que satisfacer la demanda hace pasar al objeto a un segundo plano y si no se satisface la demanda igual el objeto se desvanece y cambia de satisfacción.

La palabra frustración sólo se sostiene haciendo intervenir el objeto como algo que es exigible por derecho, como algo que estaba ya entre sus pertenencias, con lo cual el objeto entra en la era narcisista de las pertenencias del sujeto. Pero cualquier cosa que suceda en la frustración, ésta es un momento evanescente que desemboca en el plano del deseo.

La demanda se caracteriza porque no puede ser satisfecha, por eso satisfecha o no, ella se aniquila, desaparece en el plano siguiente, ya sea sobre la articulación de la cadena de dones, ya sea sobre el narcisismo, gracias al cual el objeto es algo que es él o no es él, y del cual no puede nunca satisfacerse en tanto es él y no es él, a la vez.

Es en tanto la frustración entra en una dialéctica que la legaliza, que le da la dimensión de la gratuidad, que puede establecerse el orden simbolizado de lo real, donde el sujeto va a poder instaurar ciertas privaciones permanentes.

Nada puede edificarse en la experiencia, si no planteamos como anterior el hecho de que nada se instaura, nada se constituye, si no es a partir del momento en que el sujeto entra en el orden legal, en el orden simbólico. Entrada en algo que es preexistente a todo lo que sucede al sujeto, a toda especie de suceso o decepción, es a partir de entonces que todo lo vivido, su experiencia, puede ser analizado.

Todo esto lo vamos a ver a partir de algunos textos de Freud, como Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina.

Se trata de una joven de 18 años de una familia de clase social alta en Viena; que en los años 20 acude a Freud. Esta joven bella e inteligente preocupa a sus padres en tanto es la enamorada de una dama de mundo, diez años mayor que ella. La pasión que liga a esta joven con esa dama produce grandes trastornos en sus relaciones con la familia, pero no es algo que parezca preocupar a la joven, más bien parece que la joven no sólo sostiene esta relación sino que desafía al padre mostrándose en público e incluso haciendo ostentación de esta relación. Es por eso que los padres y sobre todo el padre, pueden dar cuenta a Freud de esta relación con todo lujo de detalles, como si la relación estuviera ahí para desafiar al padre. El padre se enfurece y la madre no lo toma a mal, ni tan siquiera en serio.

Freud interpreta el porqué de esta situación. En relación al padre, porque la joven trata de mostrarle que en el amor se trata de dar lo que no se tiene (el falo) a quien no es (el falo), y en relación a la madre, todavía joven y hermosa, para no ser su rival ante los hombres.

Pero antes de avanzar en la posición de la joven, vamos a ver cómo se acerca Freud a este tratamiento. En primer lugar cuando le demandan que arregle esta situación, Freud nos dice de las dificultades de instaurar un tratamiento basándose en la satisfacción de las necesidades del medio. Es aquí donde nos dice que no se puede hacer un análisis por encargo, aunque sin olvidarnos que esto lo dice después de haber aceptado el tratamiento y después de decirnos que respecto al encargo no cree haberlo cumplido. Y esto no es por una imposibilidad (aunque también, en tanto se trataría de otra cosa) sino porque se trata de transformar el encargo en demanda de análisis. Freud trata de mostrarnos dos etapas en todo tratamiento analítico. Freud lo compara a dos etapas de cualquier viaje, una etapa donde se trata de recolectar todo lo necesario para el viaje, es decir la reunión del equipaje antes del viaje, y una segunda etapa después de conseguir el asiento para emprender el recorrido.

Esta joven tiene dos hermanos varones, uno un poco menor y otro mucho menor, hasta el desencadenamiento de esta relación apasionada por esta mujer, considerada por su familia como una relación anormal, nunca había manifestado síntomas neuróticos.

A ella parece gustarle jugar con el peligro, se pasea con la dama casi bajo las ventanas de su propia casa, un día su padre sale y se encuentra con ellas en presencia de otras personas, les dirige una mirada fulminante y se va de allí. Por otra parte la dama le pregunta a la joven quién es esa persona.

-Era papá.

-No tenía aire de contento.

La dama le dice «en estas condiciones no nos veremos más». En ese momento la joven se arroja por un pequeño puente a la vía del tren, ella cae, Niederkommt. Se rompe un poco los huesos, pero no se produjo lesión alguna permanente. Cuando se restablece encuentra la situación más favorable a sus deseos, en tanto los padres, por temor, no se atreven a oponerse tan decididamente y la dama que hasta entonces recibía su adoración fríamente, comienza a tratarla más cariñosamente, conmovida por esa inequívoca prueba de amor.

Pero volvamos a los tiempos anteriores a esta ligazón. La joven había tenido un desarrollo normal, incluso todo hacía pensar que estaba sexualmente orientada hacia la maternidad. A los 13 ó 14 años cuidaba un niño de unos amigos de sus padres y de pronto ese amor maternal, que parecía anunciar el modelo de madre, se corta súbitamente y comienza a frecuentar mujeres, en tanto la dama actual no es la primera. Mujeres que son madres, es decir una suerte de sustitutos maternos. Esto no vale para la última aventura, ésta que la lleva al análisis y que hace manifestar a la joven que no es cuestión de abandonar ninguna de sus pretensiones ni a su elección de objeto, donde la joven manifiesta la problemática de una homosexualidad declarada. Ella le dice a Freud que hará todo lo posible para engañar a su familia, incluso casarse.

Freud, a propósito de esta relación declarada y mantenida por la sujeto, nos aporta algunas observaciones. Freud nos dice que es en el registro de una orientación normal hacia el deseo de tener un hijo del padre, que esta joven se ha enganchado en algo que va estrictamente en sentido contrario en tanto ha habido una inversión de la posición. Nos dice que se trata de uno de estos casos donde la decepción por el objeto del deseo se resuelve por una inversión completa de la posición, que es la identificación a ese objeto y que Freud nos dice que equivale a una regresión. Pasa de un no tener a un ser, es decir, una regresión tópica.

Para que esto se produzca vamos a los antecedentes. Estos son que en ese momento la madre tiene realmente un niño del padre, un hijo tardío, la paciente tiene su segundo hermano, y es aquí donde se produce la transformación de la orientación sexual de la sujeto. Freud nos dice que aquel resentimiento en relación al padre sigue actuando actualmente, que es el instrumento mayor de la situación actual. Ella es netamente agresiva en relación al padre, por eso que el intento de suicidio no debemos leerlo como decepción porque su amada la contraría sino como contraagresividad al padre, un retorno de esta agresión sobre la sujeto misma, combinado con lo que satisface simbólicamente, en tanto cuando la hija Niederkommt cae de este pequeño puente, ella hace un acto simbólico que no es otra cosa que el Niederkommt, caída de un niño en el parto, es decir un sentido que nos lleva a la estructura de la situación.

Respecto al tratamiento, Freud nos dice que la paciente se interesa enormemente pero en el plano intelectual, «¡qué interesante es todo esto!», pero sin abandonar sus posiciones últimas. Freud la compara con una señora de la buena sociedad que visita un museo y mira a través de sus impertinentes una serie de objetos que la traen sin cuidado. Lo compara también a un tratamiento hipnótico, en el cual la resistencia se retira hasta cierto límite, desde donde luego se muestra invencible. Lo compara a la táctica rusa del obsesivo, siempre tras un parapeto inexpugnable, ese que hace decir al enfermo: «Todo esto estaría muy bien si yo creyese lo que este señor me dice; pero no le creo una palabra, y mientras así sea no tengo porqué modificarme en nada».

Esto no quiere decir que haya ausencia de transferencia y Freud denota esta presencia de la transferencia, con gran perspicacia, en los sueños de la paciente. Paralelamente a las afirmaciones de la paciente de no cambiar nada de su comportamiento en relación a la dama, sueña que conoce a un apuesto muchacho con el cual se casa y espera un hijo del fruto de este amor. Freud aquí no pone las esperanzas de un cambio sino que lee la transferencia, es decir una duplicación de la respuesta a la decepción, en tanto se trata de mostrar al padre que ella le engañaba. Para Freud se trata de reproducir con él, con Freud, la posición fundamental del juego cruel que ella ha llevado con su padre.

Freud llega a decir que inducirle a error era uno de los elementos formadores del sueño y también está la tentativa de ganar su interés y buena disposición para más tarde desilusionarlo profundamente.

Tomarlo, cautivarlo, para hacerle caer de lo más alto, desde tan alto como corresponde, es el punto donde él mismo es tomado, está aprehendido en la situación, y esto actúa contra la transferencia.

Freud aprovecha la ocasión para decirnos que el sueño es engañoso, que en relación al inconsciente no nos movemos en el orden de la mentira y la verdad. Por eso que es en la interpretación del deseo de engañar, que la vía está abierta. Esto no quiere decir que la paciente esté contra Freud, por eso que cuando Freud dice una frase de más «es también una tentativa de envolverme, de cautivarme, de hacer que la encuentre interesante...», es aquí donde él está cerca de hacerse ilusiones. El ha entrado en el juego, le dice que ella tiene intención de engañarle como ella tiene la costumbre de engañar a su padre.

Lacan nos dice que Freud interpreta precozmente, haciendo entrar en lo real este deseo de la joven que no es sino un deseo de engañarle, pero que no es una intención. Freud le da cuerpo, él opera con ella exactamente como el padre interviene con la joven, como una estatua, como la cosa simbólica. Más que como una trampa viene como una llaga. Es Freud con esta interpretación que hace estallar el conflicto, le da cuerpo, y como él mismo se da cuenta, ese discurso mentiroso que está en el inconsciente, es el discurso del Otro.

En lugar de esto Freud separa deseando reunir, le dice que todo está hecho contra él, y en efecto, el tratamiento es interrumpido.

También sabemos que lo característico de las relaciones homosexuales es la variedad, los disfraces, incluidas las variaciones heterosexuales, por eso que esta relación homosexual no es como las otras, y Freud lo destaca señalando en este caso una especial elección de objeto del tipo propiamente masculina, y es el amor platónico exaltado, algo que no demanda ninguna otra satisfacción que el servicio de la dama, es el amor sagrado, el amor cortés, el amor de los caballeros.

Esta relación amorosa es el más alto grado de la relación amorosa simbolizada, planteada como servicio, como institución, y no solamente como algo sufrido, como algo que es una atracción o una necesidad, sino que es algo que en sí, no sólo prescinde de satisfacciones sino que apunta a esta no satisfacción. Es la institución de la falta en la relación al objeto como el orden en que un amor ideal puede desplegarse.

Podemos decir que es una situación excepcional, en tanto es particular.

Las homosexuales, contrariamente a lo que podría creerse, son aquellas que han hecho, en un momento determinado, una fuerte fijación al padre. La crisis en este caso surge cuando el niño, que la interpretación nos permite concebir como un niño recibido del padre, aparece como objeto real, un niño donado por el padre, pero justamente a otro. En este momento se produce la inversión y es porque sobre el plano simbólico ella se satisfacía como de un niño que le era donado por el padre, y es por la presencia de este objeto real, que es conducida, por un instante, al plano de frustración. Por un instante la lleva al plano de la frustración puesto que el objeto es por un instante real y está materializado por el hecho que es la madre quien lo tiene.

Lo que es deseado, es algo que está más allá de esta mujer, este amor que ella le confiesa, este amor que vive en el orden de una pura devoción que lleva hasta la desaparición del sujeto, algo que Freud reserva al registro de la experiencia masculina. Es en una relación cultural muy elaborada, donde esas cosas son observadas: en el amor cortés, fechado históricamente. Esta salida que la sujeto encuentra, plantea la cuestión de saber qué es lo que es amado, en la mujer, más allá de ella misma. Y es justamente eso que le falta, y lo que le falta es el retorno al objeto primordial, al falo, del que el sujeto iría a encontrar equivalente, el sustituto imaginario, en el niño.

Ella es homosexual y ama como un hombre, nos dice Freud. Va a estar en posición viril, es decir el padre que estaba a nivel del gran Otro en la primera etapa, está a nivel del moi (yo), en esta segunda etapa, por lo tanto ha tomado la posición masculina. La Dama ha sustituido al niño.

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