Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

DESEO DE NADA
-Fobia y Fetiche-

MOMENTO DE CONCLUIR

CAPITULO XI. INTRODUCCIÓN A LA CUESTIÓN DE LA PERVERSIÓN

El perverso está cautivo en su enorme libertad,
prefiere imaginar que realizar.
Per-versión, versión hacia el padre.
No hay Otro más que al decirlo, pero es imposible
decirlo completamente.

En los capítulos anteriores hemos dicho que la transformación de la angustia en miedo se realiza para suplir la crisis de la relación materna, y que la fobia ocupaba un lugar allí donde debería estar el padre simbólico, padre simbólico sin el cual no hay padre y ni siquiera madre.

Cuando hablamos de lo que quiere decir ser padre, se suele caer en discusiones eruditas para saber si los salvajes que dicen que las mujeres conciben cuando son colocadas en determinado lugar, tienen la noción científica de que las mujeres se vuelven fecundas cuando han copulado. Esto que parece de una perfecta necedad, ya que es difícil concebir animales humanos tan brutos que no se den cuenta de que cuando alguien quiere tener niños tiene que copular, esto decimos, no es el asunto, sino que la cuestión es que la sumatoria de esos hechos: copular con una mujer y que ella lleve luego en su vientre algo durante algún tiempo y que acontezca el parto, todo esto, jamás logrará construir la noción de qué es ser padre en el sentido de procrear.

La atribución de la procreación al padre no puede ser efecto sino de un puro significante, de un reconocimiento no del padre real, sino de lo que la religión nos ha enseñado a invocar como el Nombre-del-Padre.

Nos dice Lacan que no hay necesidad de un significante para ser padre, como tampoco para estar muerto, pero sin significante, nadie, de uno y de otro de estos estados de ser, sabrá nunca nada.

El padre simbólico en cuanto significa la Leyes por cierto el Padre Muerto. El Nombre-del-Padre es lo que sostiene la función simbólica.

Y la significación del falo se inscribe en lo imaginario del sujeto por la metáfora paterna. Fórmula de la metáfora o de la sustitución significante, metáfora del Nombre-del-Padre, metáfora que sustituye este Nombre en el lugar primeramente simbolizado por la operación de la ausencia de la madre.

En relación al Otro podemos decir que lo que está en juego en cada una de las estructuras clínicas es:

En la neurosis: la demanda del Otro.
En la perversión: el goce del Otro.
En la psicosis: la angustia del Otro.
En psicoanálisis no interesa qué es el goce, sino dónde está el goce.
En el grafo del deseo la perversión está definida por la renegación del significante de la falta en el Otro: S(if.), en su lugar está S(A).
Lo que quiere decir S(if.), es que ello no responde.
Sabemos:
Imposible es lo que no cesa de no escribirse.
Contingente: lo que cesa de no escribirse.
Necesario: lo que no cesa de escribirse.
Posible: lo que cesa de escribirse.
La relación sexual decimos que es del orden de lo real imposible, de lo que no cesa de no escribirse.

En el perverso en cambio podemos decir que su fantasma es necesario, es decir, no cesa de escribir que la relación sexual es posible, es decir cesa de escribirse como imposible, aunque sea como síntoma. Por eso decimos que el fantasma perverso es necesario, no cesa de escribirse y el síntoma es posible, cesa de escribirse.

Decimos que en el fantasma el sujeto consiste como objeto del Otro, y en la perversión hay desubjetivación, el sujeto es un objeto que pretende hacer aparecer en el campo del Otro la mirada o la voz, podemos decir que se hace ver o se hace oír, podemos decir un objeto entre objetos, y todo para obturar la falta en el Otro. Se trata de lograr el goce del Otro y el otro no está allí sino para tapar la falta con su mirada o con su voz.

En la sexualidad del perverso domina el objeto.

Sabemos que lo amado en el objeto es eso de lo cual carece y no se da sino lo que no se tiene. Este es el carácter constituyente de todo intercambio simbólico, de un más allá del objeto.

La perversión, nos dice Freud, no son bestialidades ni son producidas por degeneración, sino que las perversiones están contenidas en la predisposición sexual, no diferenciada, del niño. Cuando alguien se manifiesta perverso puede decirse que ha seguido siendo perverso y representa un estadio de detención en el camino.

La perversión es estudiada por Freud desde 1904 hasta 1927, desde el texto de Tres ensayos para una teoría sexual de 1904, hasta el texto El fetichismo de 1927.

Antes de adentrarnos en el tema vamos a esclarecer una cuestión del decir.

Decir que el inconsciente tiene estructura de lenguaje, no quiere decir que el inconsciente se exprese en el discurso. La Interpretación de los sueños, la Psicología de la vida cotidiana y el Chiste y su relación con el inconsciente la muestran. Todo, en el síntoma y en la neurosis, está estructurado como un lenguaje. Se trata de servirse de la palabra para otro uso que aquel para el cual está hecha. Renunciar al valor.

A veces el inconsciente está ahí pero la cosa no funciona, como ocurre en la psicosis, por eso que el psicoanálisis no consiste en hacer consciente un pensamiento, ni en el análisis de las defensas del yo para conseguir un reforzamiento del mismo.

Cuando la teoría de la cura analítica se reduce a una relación de dos, queda capturada en la relación del yo del sujeto con el yo ideal, del yo al otro, el otro cuya calidad puede variar pero que es el solo y único yo de la relación imaginaria. y cuando se pretende llevar al sujeto a una relación de objeto que se trata de restituir, se le lleva al complejo oral, es decir a una concepción donde la incorporación del discurso del analista está en juego.

Melanie Klein habla de una precocidad de las represiones, sin embargo Freud nos dice que no hay represión propiamente dicha antes del declinar del complejo de Edipo.

En cuanto al niño sabemos que llega a una realidad marcada por el anonadamiento simbólico, así podemos decir que el día y la noche no son captados por el niño como datos de la experiencia sino como significantes, no es una aprehensión empírica lo que el niño realiza, sino que el niño postula el día en cuanto tal, así el día adviene a la presencia del día, sobre un fondo que no es un fondo de noche concreta, sino de ausencia posible del día. Por eso que el día y la noche son desde el principio códigos significantes y no experiencias.

Antes que el niño aprenda a articular el lenguaje, suponemos que hay significantes que ya son del orden simbólico. La connotación simbólica no es la captación de un fenómeno sino la alternancia que connota la presencia y la ausencia.

También nos dice Freud que la primera aprehensión de la realidad por el sujeto es el juicio de existencia, que consiste en decir: esto no es mi sueño o mi alucinación o mi representación, sino un objeto. Se trata, dice Freud, de una puesta a prueba del exterior por el interior, de la constitución de la realidad del sujeto en un nuevo hallazgo del objeto. El objeto es vuelto a encontrar en una búsqueda y nunca se vuelve a encontrar el mismo objeto, en busca de la identidad de percepción que nunca se encontrará y la que encontramos es la identidad de memoria. Por esto que la memoria que interesa al psicoanálisis es distinta que aquella de la que hablan los psicólogos, en tanto la memoria psicoanalítica es inaccesible a la experiencia, por eso decimos que los desos jamás se apagan en el inconsciente porque de los que se apagan, por definición, no se habla más. Algunos nunca se apagan e incluso hacen que el ser humano recomience indefinidamente las mismas experiencias dolorosas. Para Freud la memoria no es simple, está registrada de diversas maneras. El fenómeno de la conciencia y el de la memoria se excluyen, y esto más que una verdad es una necesidad estructural. En general no recordamos las cosas que no nos gustan, y esta es una de nuestras defensas. Lo que da a la defensa su carácter patológico es que en torno a la regresión afectiva se produce la regresión tópica.

Hay que suponer siempre una organización anterior del lenguaje, una preexistencia del lenguaje, para que la memoria y la historización puedan funcionar. Para hacer significar cualquier cosa hay que tener ya el material significante. Cuando decimos que en la psicosis acontece un agujero en la
realidad, nos referimos a la realidad simbólica, en tanto no hay otra realidad, para el ser humano, que la realidad simbólica.

El significante de la falta tiene que acontecer como falta en el Otro, como castración del falo imaginario en la madre. No se trata de falta en la realidad, en tanto la falta no es la ausencia de la madre sino que no falte la operación de castración. Se trata del significante, que instaura esta operación. La castración instaura el significante fálico como significante de la inexistencia.

En psicoanálisis decimos que los estadios pregenitales se ordenan en la retroacción del Edipo. Por eso decimos que el problema, la problemática de las perversiones consiste en concebir cómo el niño, en la relación con la madre, es decir no por su dependencia vital sino por su dependencia de amor, es decir por el deseo de su deseo, se identifica con el objeto imaginario de ese deseo, en tanto que la madre misma lo simboliza en el falo. Sabemos que la necesidad del falocentrismo para cada sujeto es de orden estructural por lo cual el paso por esa identificación al falo imaginario de la madre es necesario, la cuestión es cuándo, para que no acontezca la crisis de la relación materna, el niño permanece en esa posición imaginaria.

Y decimos que en la producción del objeto a y en la construcción del falo (como significante de la inexistencia), no se debe eludir ninguno de sus pasos, pues ello nos conduciría a la psicosis o nos detendría en la perversión.

Lacan plantea una Demanda dirigida al Otro y una Demanda que viene al sujeto desde el Otro, la demanda al Otro y la demanda del Otro.

La mirada y la voz es soporte del deseo del Otro, mientras que lo relacionado con el objeto oral está determinado por la prevalencia de la demanda al Otro y el objeto anal por la prevalencia de la demanda del Otro. Decimos que si el objeto voz se relaciona con el deseo del Otro, el objeto anal se relaciona con la demanda del Otro.

Lacan en la constitución del deseo va a distinguir el registro oral, el anal, el fálico, el escópico (el que corresponde a la mirada) y el invocante (el que corresponde a la voz).

Los objetos correspondientes serían el seno, el excremento, el falo (el falo en tanto no está, en tanto ha operado la castración, es decir, como significante de la inexistencia), la mirada y la voz. Cada uno de estos objetos, en su nivel funciona como causa del deseo.

El objeto a como el resto del advenimiento del sujeto en el Otro de lo simbólico, en tanto el sujeto va a constituirse en el lugar del Otro. y como el significante representa a un sujeto para otro significante, quiere decir que el sujeto tiene que constituirse en el significante y para ello tiene que ir al lugar del Otro, es necesario que vaya a vivir allí. y como el Otro es un Otro formal, inerte, un Otro que no está vivo, un Otro que sólo hayal decirlo, que no es ningún sujeto, sino un lugar donde están los significantes, es entonces que el sujeto no puede enteramente introducirse en ese lugar del Otro, por eso que se trata de que el sujeto pueda en el Otro constituir sus ideales, pueda tomar significantes como ideales, pueda alienarse en ellos, pero va a haber un a, una parte del sujeto, un real del sujeto, eso que de la necesidad no ha podido ser incluido en el significante, en la demanda, esa parte inalienable del sujeto, ese resto de la constitución del sujeto en el lugar del Otro, es lo que queda del sujeto fuera del Otro.

En principio el lugar del Otro es ocupado para el niño, por la madre, madre que va a interpretar toda demanda del niño al Otro como dirigida a ella, en tanto ella va a interpretar cuándo el niño tiene hambre, cuándo es necesario acercarle el pecho, para después, mediante una necesaria inversión de la demanda, va a ser la madre la que demande al niño ese objeto anal que es el excremento, va a ser por la demanda del Otro que este objeto va a adquirir su propio valor, en tanto va a ser la madre la que le pida al niño que haga caca en un momento determinado y no en otro y todo el ritual que acompaña a esta situación, que tiene que ver con el olor, con la limpieza, con la admiración, la exclamación y que hace que ese objeto, el excremento, que se coordina con la demanda del Otro, con la demanda de la madre, no sea tanto el excremento en sí mismo sino el excremento en tanto que es pedido, en tanto que es solicitado por el Otro. Con lo cual lo que tendría que ser satisfacción de una necesidad, la necesidad de defecar, queda relegada bajo otra satisfacción, la satisfacción de la demanda del Otro.

El sujeto entiende que hay algo más importante que su necesidad: la demanda del Otro. Es más importante para el sujeto el hecho de satisfacer o no satisfacer la demanda del Otro que la satisfacción de la necesidad. Así el estreñimiento lo podemos explicar como resistencias a la demanda del Otro, y lo que resiste a la demanda del Otro es el deseo mismo. Así en el caso del
Hombre de los Lobos que durante años no pudo hacer caca si no era con un enema que su criado le ponía, podemos decir que no había nadie que le pidiera que hiciera caca, pero también había allí una fantasía en juego que hacía que él retuviera, que no cediera, que no se diera, por lo que la demanda del otro había sido integrada en la fantasía.

La necesidad se escinde, por un lado se articula con la satisfacción de la demanda y por otro lado con el deseo, por eso la definición que Lacan llega a dar del deseo como aquella parte de la necesidad que no se articula en la demanda. Se articula a medias en la demanda y otra parte que no es articulada en la demanda surge como deseo, y surge totalmente transformada, porque el deseo de retener no tiene nada que ver con la necesidad originaria de defecar, sino más bien aparece una inhibición de esa necesidad.

Mientras que el deseo neurótico decimos que está involucrado en la demanda del Otro, el deseo perverso lo está en el deseo del Otro, podemos decir que pasa su tiempo imaginando el deseo del otro.

El perverso se consagra al goce del Otro, por eso decimos que el fetiche es el símbolo del pene en tanto precisamente la mujer lo tiene, en tanto no lo tiene, es decir el falo que la mujer no tiene y que para el niño es necesario que lo tenga. No se trata entonces de un falo real sino de un falo simbólico, en tanto se presenta en el intercambio como ausencia.

Entre el perverso y su partenaire siempre hay un velo, un velo que le permite imaginar la situación de amor. Sobre el velo se pinta la ausencia y esta es la función del velo o la cortina. Sobre él se imagina la ausencia, decimos que la cortina es el ídolo a la ausencia.

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