Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

DESEO DE NADA
-Fobia y Fetiche-

TIEMPO PARA COMPRENDER

CAPITULO X. UNA CONCEPCIÓN DEL ANÁLISIS

Toda intervención del psicoanalista es tomada por el paciente en función de su estructura y toma en él una función estructurante en razón de su forma. Así, podemos hablar de intervenciones psicoterapéuticas no analíticas que pueden calificarse de sistemas obsesivos de sugestión, de sugestiones histéricas de orden fóbico o de apoyos persecutorios.

Las palabras cautivan al sujeto, pueden embarazar a la histérica, pueden hacer que un sujeto se identifique al pene materno, pueden representar el flujo de orina de la ambición uretral o el excremento retenido del goce avaricioso. Incluso las palabras pueden sufrir lesiones simbólicas, como en el caso de El hombre de los lobos, la palabra wespe, queda castrada de la W para que S.P. representen las iniciales del sujeto. La palabra entonces puede convertirse en objeto imaginario o real para que el lenguaje pierda su función, pero esto lo podemos considerar como resistencias pues de lo que se trata en psicoanálisis es de la realización por el sujeto de su historia en relación con su futuro. Por eso que se trata de una vuelta a Freud cuando se trata de alcanzar la verdad del sujeto. Habrá que dejar de hablar de discurso en función fálico-uretral, o erótico-anal, o sádico-anal para volver a Freud, ese Freud que es capaz de tomarse libertades con la exactitud de los hechos cuando se trata de alcanzar la verdad del sujeto. Así ocurre cuando se trata de la escena primaria en El hombre de los lobos o cuando interpreta en el caso de El hombre de las ratas que se trata de una prohibición impuesta por el padre y el padre estaba muerto.

Después de esta introducción al tema vamos a continuar con la cuestión del análisis, esta vez una concepción del análisis que podemos considerar lejos de Freud y aunque quieren poner distancia con la teoría kleiniana diremos que nace en ella.

El Boletín de la Asociación de Psicoanalistas de Bélgica es trabajado por Lacan para mostrarnos una manera de concebir la teoría y la técnica psicoanalítica lejos de lo concebido por Freud.

Trabajan con lo que denominan relaciones de objeto y atacan la reconstrucción teórica de la teoría kleiniana, reprochan a Melanie Klein tener una teoría del desarrollo que pone todo en el interior del sujeto, que pone de una manera preformada todo el desarrollo posible al Edipo en lo dado instintual. Nos dicen, como si la encina entera estuviera ya contenida en la bellota, donde nada vendría, a un tal sujeto, del exterior.

Continúan su crítica a la teoría kleiniana para adherirse a su noción de objeto interno, poniendo en primer plano la noción de encina preformada para decir que es muy difícil representarla preformada hereditariamente. Para esta concepción, el niño nace con los instintos heredados, frente a un mundo que no percibe pero que recuerda, donde no tendrá que descubrir por una serie de hallazgos sino que tendrá que reconocer. Lacan nos señala el carácter platónico de esta teoría en esa idea de un mundo que no puede sino recordarse, este mundo que se instaurará en función de una cierta preparación imaginaria, a la cual el sujeto se encuentra adecuado.

Podemos ver que están lejos de Freud y mucho más cerca de lo que critican, es decir de Melanie Klein, en tanto son ellos los que hablan de encina preformada y lista a aparecer en una serie de etapas ideales en tanto que son recuerdos y muy precisamente recuerdos filogenéticos del sujeto, los que darán el tipo y la norma. Con lo cual también difieren de Klein en tanto para Klein en principio la situación primera es caótica y anárquica donde predominan el ruido y la furia de las pulsiones. De lo que se trata en Klein es cómo un orden puede establecerse a partir de aquí. Melanie Klein aporta un mito que no se encuentra del todo, en tanto se trata del fantasma kleiniano, fantasmas que tienen carácter retroactivo, pues es en la construcción del sujeto que lo vemos retroproyectarse sobre el pasado, a partir de ciertos puntos que son muy precoces. Melanie Klein como en un espejo adivinatorio lee retroactivamente en el pasado de un sujeto mayor una estructura edípica. Para ella el Edipo estaba ya allí bajo las formas despedazadas del pene, desplazándose en formas diferentes, en forma de hermanos, de hermanas, en el interior del campo y definido en el interior del cuerpo materno. Podemos decir que maneja el mito del cuerpo materno y no lalengua materna. Lo que retenemos es que nos habla de una relación primordial entre madre y niño, pero se trata de saber cómo se plantean estas relaciones primitivas del niño.

No hay más que el aprendizaje que el sujeto ha sufrido de una lengua entre otras, la que es para él lalengua. Podríamos decir que éste es el núcleo traumático.

Para Freud, al principio, no hay relación al otro que sea concebible. El objeto no tiene instancia sino por relación a la falta, y el agente en la operación de frustración es la madre. Recordemos que en los juegos de repetición, de Fort Da, la madre es otra cosa que el objeto primitivo y no aparece en tanto tal desde el principio. Freud nos señala que ella aparece a partir de estos primeros juegos. Esta dupla presencia-ausencia, articulada en forma precoz por el niño es la que caracteriza la primera constitución del agente de la frustración, es decir, de la madre en tanto agente de esta operación lógica que es la frustración.

La noción de agente ya participa del orden simbólico, es la dupla de ausencia-presencia, es la connotación más-menos, que nos da el primer elemento, pero esto no basta, para constituir el orden simbólico, sino que era el origen, el nacimiento, la posibilidad, la condición fundamental, de un orden simbólico.

Era cuando la madre faltaba, cuando declinaba en su omnipotencia, cuando no lo podía todo, cuando era herida en su potencia, que la madre devenía real y el objeto devenía simbólico, en tanto el objeto devenía don proveniente de la potencia materna. El objeto a partir de este momento tiene dos órdenes de propiedad de satisfacción, es dos veces objeto de satisfacción, en tanto que satisface a una necesidad como anteriormente, pero también en tanto que simboliza una potencia.

Veíamos al niño ante algo que él había realizado como potencia, como algo que había pasado del plano de la primera connotación presencia-ausencia, a algo que puede sustraerse, y que marca todo eso de lo cual el sujeto puede tener necesidad e incluso marca los objetos de los cuales no tiene necesidad. Pero hay un objeto, el falo, objeto imaginario por definición, que es esencial para la madre y es esencial para el niño. Pues sabemos que desde el principio no hay relación dual sino que desde el principio el falo está en la relación.

En esta concepción del análisis que vamos a trabajar y sobre la cual Lacan realiza una lectura crítica, la relación entre analista y analizante es concebida como dual y como relación de objeto. Donde el analista es concebido como real.

«¿Por qué no me responde?» como verbalización impulsiva, representa ese algo valorable en un análisis para los seguidores de Michel Fain, pero sólo en cuanto que es impulsiva, en tanto es manifestación motriz, reacción motriz del sujeto.

En esta concepción, la transferencia es eludida y lo relevante es lo que denominan relación pulsional primitiva que debe manifestarse, como reacción motriz del sujeto.

En esta concepción del análisis, la relación analítica es concebida entre un sujeto (el paciente) y un objeto exterior (el analista), donde el analista es concebido como real y donde la situación analítica, pues no se habla de relación sino de situación, es concebida sobre la base de una situación de dos.

El artículo sobre «la motricidad de la relación de objeto» de Michel Fain es un ejemplo viviente de esta concepción.

Donde a la relación con el objeto exterior se superpone una relación con un objeto interior, que es considerado como siendo la persona presente tomado por los mecanismos imaginarios, ya instituidos en el sujeto. Y será en esta discordancia entre este objeto imaginario y el objeto real, que el analista intervendrá. En tanto el objeto interior, fantasmático tiene que ser reducido a la distancia real que es aquella del sujeto al analista, en tanto se tratará de que el sujeto realice a su analista como presencia real. Un analista, en su candidatura de la carrera, presenta un caso donde el análisis toma un giro crucial cuando su analizante percibe su sudoración. y esto no es anecdótico sino que esto es repetido en muchas observaciones de estos analistas y parece un medio para dar cuenta de los modos de aprehensión, en tanto se trata de que una posición refrenada en el interior pase a realizarse como distancia activa, presente, real, del analista.

Así, es pensada la posición analítica en el interior de esta situación, situación de relación real de dos personajes en un recinto cerrado en el interior del cual están separados por una barrera convencional y en la que algo debe realizarse. Pero no basta concebirla como tal para que sea así como se la concibe, pues nosotros sabemos que siempre está presente la relación intersubjetiva, esa doble alteridad del sujeto, el otro imaginario y el otro simbólico, anudamiento que no deja de tener efectos aunque no se lo conozca, y que muestra la insuficiencia de esta concepción. También ocurre la inversa, en tanto la insuficiencia de esta concepción puede tener consecuencias sobre el modo de llevar a buen término el conjunto de la situación.

Se trata en esta concepción de reducir lo imaginario a lo real, operación de reducción en el interior de la cual ocurren una serie de fenómenos que permitirán situar las diferentes etapas donde el sujeto ha quedado más o menos adherido o fijado a esta relación imaginaria.

Nada se dice en esta concepción de la función de la palabra y del campo del lenguaje. Toda la técnica está sometida a la operación de regularización de la distancia del objeto interno.

Sabemos que para que la relación de la tríada imaginaria madre-niño-falo se mantenga, es necesaria la relación simbólica, esta que permite la cuarta función que es la del padre, función introducida por la dimensión del Edipo.

Un triángulo que en sí mismo es pre-edípico, que no está aislado sino de una forma abstracta, teórica, en tanto no es un desarrollo sino que es tomado cuando entra la función paterna, a partir de la decepción fundamental del niño donde reconoce que no solamente él no es el objeto único de la madre, percatándose que el interés de la madre es el falo y percibiendo en segundo lugar que la madre está privada, falta ella misma de este objeto. Doble decepción imaginaria, reconocimiento del falo que le falta y percepción que a la madre le falta también el falo.

El padre entonces introduce la relación simbólica, la posibilidad de transcendencia de la operación lógica que es la frustración. La falta de objeto en la operación de castración es otra cosa que en la operación de frustración, en tanto introduce esta falta de objeto en otra dialéctica, en algo que toma y da, que instituye, que confiere la dimensión del pacto, de interdicción, de ley, de prohibición del incesto en particular en toda esta dialéctica.

Cuando la relación imaginaria deviene la regla y la medida de la relación analítica ocurre que en el momento que entran en desacuerdo, en el no-lazo, en la destrucción de los lazos por incidencias históricas, e incluso necesarias para el crecimiento, en la relación del niño a la madre por relación al tercer elemento, el falo, surgen otros modos de reestablecimiento de esta coherencia, modos imaginarios, que no típicos, que consisten en la identificación del niño a la madre, produciéndose el esquema de la perversión fetichista, por ejemplo.

Otras soluciones de acceso a esa falta de objeto, a ese an-objeto, generalmente perversas en tanto la perversión tiene esa propiedad de realizar un cierto acceso a este más allá de la imagen del otro que caracteriza la dimensión humana, pero ella lo realiza como produciendo los paroxismos de la perversión. Podemos decir que la perversión es un modo de hacer posible lo imposible: la relación de objeto.

Se trata del sujeto que finalmente encuentra su objeto, y además su objeto exclusivo, pues cuando el sujeto ama una pantufla podemos decir que es un sujeto que tiene el objeto de su deseo al alcance de su mano. La solución fetichista realiza la condición de falta como tal, aunque esto conlleva que como lo propio de las relaciones imaginarias es que son recíprocas en tanto relación en espejo, vemos al fetichista cada cierto tiempo pasar de la posición de identificación a la madre a la posición de identificación al objeto. Situación satisfactoria pero que hace que en esa identificación pierda a la madre, y es por eso que a la vez se considera él mismo como un objeto destructor de la madre, por lo cual queda en ese perpetuo juego, en esa diplopía que marca toda la aprehensión de la manifestación fetichista.

Esto para darnos cuenta que si la relación analítica es concebida en el plano imaginario, si la centramos en la relación de objeto, es de esperar que acontezcan resultados, al menos transitorios, de naturaleza perversa. Es decir, si sólo hacemos intervenir imaginario y real y si reglamos sobre un pretendido real la presencia del analista y el intento es, acomodar la relación imaginaria, no tenemos en cuenta lo real imposible, lo real inconsciente.

Lacan compara esta situación a viejas costumbres que existen en algunas islas, el bundling, que consiste en una concepción de las relaciones amorosas, en tanto una hija puede, en una relación de hospitalidad, ser ofrecida a compartir la cama con el huésped, pero donde el contacto no tendrá lugar. Para ello la hija será envuelta en un paño, de modo que están todas las posibilidades de acercamiento, excepto la última.

Lacan toma un caso que se desarrolla en esa revista, donde publica un grupo de psicoanalistas belgas, a propósito de la relación de objeto. El caso es el de un sujeto fóbico que ha visto reducida su actividad hasta llegar a una suerte de inactividad completa. Su síntoma manifiesto es su temor a ser demasiado alto, por eso se presenta en una actitud extremadamente inclinada. Para este sujeto casi todo ha devenido imposible en las relaciones con su medio profesional, lleva una vida reducida al medio familiar, y tiene una querida, mayor que él, que le ha sido provista por su madre.

El diagnóstico de fobia no encuentra dificultad a pesar de la paradoja del hecho de que el objeto fobígeno, en una primera impresión, no tiene el aire de ser exterior, aunque lo es cuando nos damos cuenta que en un sueño repetitivo del paciente, se manifiesta. En el sueño, una imagen de un hombre con armadura, provisto de un instrumento, un tubo de flit, va a destruir todos los pequeños objetos fóbicos, insectos. Y es por ser acosado y ahogado en lo negro por ese hombre en armadura, que el sujeto revela tener temor, miedo que como sabemos no es nada en el equilibrio general de esta estructura fóbica.

En un momento determinado del tratamiento hace su aparición una perversión, perversión sexual transitoria, donde está puesto el interés de la observación. Aparece cuando se le interpreta el hombre de la armadura como la madre fálica. Durante tres años, y por etapas, el sujeto ha desarrollado en primer lugar un fantasma perverso que consistía en imaginarse siendo visto orinando por una mujer que, muy excitada, venía a solicitarle tener con él relaciones sexuales, luego pasa a una posición donde él, el sujeto, observa, masturbándose, a una mujer orinando, y en un tercer momento pasa de imaginarse a la realización efectiva de esta posición, es decir el hallazgo en un cine de un tragaluz desde donde puede observar mujeres en el W .C.

Vemos a la analista preguntarse por el valor de la interpretación en relación a la precipitación de algo que toma la forma de una cristalización fantasmática. La idea de que hay allí una madre fálica, lleva a la psicoanalista a observar que ella misma ha sido tan prohibitiva o interdicta como nunca lo había sido la madre. Por eso la psicoanalista lo atribuye a su propia contratransferencia. Podemos recordar que la contratransferencia es otro modo de eludir la transferencia.

Hagamos el recorrido por ese paso del análisis:

Primero la analista interviene en un sueño donde el sujeto encontrándose en presencia de una persona de su historia pasada, frente a la cual manifiesta tener impulsos amorosos, es impedido por la presencia de otro sujeto femenino que también tiene un papel en su historia, precisamente una mujer que él ha visto orinar delante de él, después de los trece años. La analista interviene diciendo:

-«Sin duda a usted le gustaría más interesarse en una mujer, observándola orinar, que hacer el esfuerzo de ir al asalto de otra mujer que pueda gustarle pero que se encuentra casada con alguien.»

La analista pretende reintroducir la verdad, el complejo de Edipo, el pretendido marido de la madre, que no está indicado en el sueño sino por asociaciones, olvidando que ha sido el marido de la analista quien le ha enviado este paciente a ésta.

Es aquí donde se produce el viraje, se produce el retorno del fantasma de observación, del sentido de ser observado a aquel de observar él mismo.

Como si esto fuera poco, la analista, cuando el paciente demanda disminuir el número de sesiones, le responde:

-«Usted manifiesta ahí sus posiciones pasivas porque usted sabe muy bien que de todos modos no lo obtendrá.»

Y es, ahí, cuando el fantasma se cristaliza completamente. El paciente pasa a desarrollar sus fantasmas en el interior del tratamiento mismo, tiene temor a orinar sobre el diván. Comienza a espiar las piernas de la analista, que la analista nota con cierta satisfacción, en tanto para ella son reacciones que manifiestan una cierta reaproximación de la distancia al objeto real.

El psicoanálisis diría que está al borde de la posición fetichista, en tanto el sujeto se detiene en un momento de la investigación y de su observación de la mujer en tanto que ella tiene o no tiene el órgano en cuestión.

El paciente llega a decir:

-«Dios mío, esto sólo tendría solución si me acostara con mi psicoanalista.»

La analista se irrita un poco y le hace una observación:

-«Usted se divierte por ahora, en tener temor a algo que usted sabe bien no ocurrirá jamás.»

Aquí podemos ver que la analista concibe la posición analítica siendo una posición real.

Es aquí que el sujeto encuentra su lugar en el pequeño urinario, donde él se encontrará realmente en una buena distancia real, separado por un muro, del objeto de su observación.

La última sesión es eludida, no obstante nos dice que el sujeto se hace operar de varices, podemos decir una tentativa tímida de acceder a la castración.

Después de eso se juzga que es suficiente y el sujeto vuelve con su amante, aquella que tiene quince años más que él y como no habla más de su gran talla se considera curado de su fobia. Desdichadamente a partir de entonces el sujeto no piensa sino en una sola cosa, en la talla de sus zapatos, o son demasiado grandes y pierde el equilibrio o son demasiado pequeños y le aprietan el pie, pero el viraje, la transformación de la fobia, que es lo que se pretende en esta concepción del análisis, está cumplida.

El acceso a la pretendida buena distancia, el objeto real, está dado, en el momento que el sujeto tiene una percepción en presencia de la analista de un olor a orina, siendo éste considerado como el momento en que la distancia al objeto real es conseguida, momento que coincide con el apogeo de la perversión. Cuando dicen perversión no lo consideran como perversión sino como artefacto. Y aunque pueden ser permanentes y muy duraderas son consideradas susceptibles de ruptura, susceptibles de disolución. Así, en este caso, al cabo de cierto tiempo se hace sorprender por una acomodadora del cine en cuestión, lo cual hace que no vuelva a frecuentar el lugar.

Lugar propicio-donde lo real había venido a ofrecerse en el punto deseado, pero como nos dice Lacan, lo real ofrece siempre a propósito, en el punto deseado, todo lo que uno necesita cuando uno ha sido finalmente reglado por las buenas vías de la buena distancia.

Podríamos decir que se ha sustituido el trabajo de transferencia por el artefacto de la perversión. Algo que pone, una gran distancia con la concepción freudiana del psicoanálisis.

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