Director

Miguel Oscar Menassa

ENSEÑANZA DEL PSICOANÁLISIS

 

Escuela de Psicoanálisis Grupo CeroFormación en PsicoanálisisEnseñanza del PsicoanálisisConferencia SemanalAgenda SemanalCongresos Grupo Cero 1987-2008
 

 

CONFERENCIA SEMANAL

DESEO DE NADA
-Fobia y Fetiche-

TIEMPO PARA COMPRENDER

CAPITULO VI. EL ANÁLISIS DE LA FOBIA II

El sujeto para constituirse en el significante necesita situarse en el lugar del Otro, y es en el Otro donde el sujeto va a constituir sus ideales, donde puede identificarse a significantes, puede hacerse Otro, puede encontrar allí su Ideal del Yo. Otra cosa es cuando el sujeto se identifica con imágenes, es decir, con el otro imaginario, puede encontrar en el otro sus imágenes ideales, su Yo Ideal.

Sin embargo, siempre va a haber una parte real del sujeto, el objeto a, esa parte que no puede incluirse ni como significante, ni como imagen, que está fuera del espejo y fuera del significante. Objeto a como causa del deseo que por razones de estructura es imposible que sea del otro o del Otro.

Objeto a, objeto sin imagen, no especularizable, nos dice Lacan, que es diferente que la imagen especular y diferente que el yo del sujeto. Es diferente el objeto a que i (a) e i'(a), pues el objeto a pertenece al registro de lo real.

Así decimos que nuestro campo escópico está en orden en la medida que nuestra propia mirada está de allí excluida. Cuando nuestra propia mirada, que es objeto a, causa del deseo en ese registro, no está extraída del mundo visible, éste se desorganiza, pasamos a ese estado en que otro nos mira con nuestros propios ojos. Recordemos lo siniestro, donde Nataniel ve sus propios ojos en Olimpia.

Hay un Otro «interior» que sólo existe en el fantasma, que tiene que ver con el superyó, que es diferente a la mirada o la voz como objeto a, como voz que buscaría hacerse oír en el decir que invoca el Otro real, no el Otro fantasmático.

Una cosa es la mirada o la voz que invoca al Otro, mirada o voz como objeto a, por lo tanto exterior al Otro, y otra cosa es sentirse mirado o hablado por el Otro.

En el caso Juanito es del caballo que muerde que se trata, como es del perro que muerde -en el caso de la niña que trata la alumna de Ana Freud, y digo esto para indicar que el tema de la devoración siempre está presente en la estructura de la fobia. Como también el tema del crecimiento y la talla, la noción de lo grande y lo pequeño, la noción de lo que está y lo que no está, lo que se está elaborando, como ocurre en el caso de la fobia por la excesiva talla, del caso que también trabajaremos en este seminario.

Respecto a los objetos de la fobia que son animales, diremos que están marcados por ser de la misma naturaleza que los que nos encontramos en los emblemas, en los blasones que distinguen a una familia, es decir, son significantes. Esto lleva a Freud en Tótem y Tabú a decir que tienen una función especial y es que vienen a suplir ese significante del padre simbólico.

No importa por qué la fobia toma la forma de tal o cual animal, no está ahí la cuestión.

Otro aspecto de la fobia lo vemos también en el caso Juanito cuando Juanito juega a la adopción de niños, podemos decir que está en el momento del juego de engaño con la madre, por eso Juanito se sitúa en una posición donde mezcla la identificación a la madre. Todas las relaciones amorosas de Juanito pasan por la adopción, así adopta a una niña a la cual corteja, hija de los propietarios del lugar donde pasan las vacaciones, y también a la hijita de unos vecinos que ama a distancia.

Respecto a la cura diremos que el niño culmina en una cura satisfactoria porque es el padre real el que ha intervenido y por otro lado podemos decir que ha podido intervenir, por tener detrás el padre simbólico que es Freud.

La curación llega en el momento que bajo la forma de una historia articula la castración como tal, es decir cuando el «instalador» viene, se la quita y le da otra «cosita» más grande.

Entre la orgía imaginaria y fantasmática sobre el nacimiento de su hermanita, cuando la madre está embarazada y el advenimiento de la castración articulada, en la cual se reemplaza lo que es real por algo mejor, más grande, lo que acontece es la puesta al día de la castración y es lo que pone a la vez término a la fobia y también muestra aquello a lo cual suple.

Si no fuera tan difícil articular el número tres no habría esa distancia entre lo pre-edípico y lo edípico. Es al abordar ese pasaje que definimos como complejo de castración que Juanito presenta esta suerte de problemática del falo imaginario que está por todos lados y que no está en ninguna parte, como siendo el elemento esencial en su relación con lo que es para él la otra persona y que en principio es la madre.

Vemos al niño desarrollarse de la manera más feliz, pero es después de estos felices antecedentes que surge la pequeña dificultad, la fobia, es decir, que a partir de un momento en este niño se manifiesta un gran horror ante algo, este objeto privilegiado que es el caballo. «Si tu tienes un hace-pipí, le dice el niño a la madre, debes tener un hace-pipí muy grande, como el de un caballo».

Podemos decir que es cuando vemos aparecer en el horizonte el caballo que el niño entra en la fobia. Nos preguntaremos cómo pasa de los momentos felices a la fobia, cómo pasa de la libertad de interrogar por la presencia o la ausencia del hace-pipí, a su padre, a su madre, cómo pasa de la libertad de contar que ha ido al zoológico y ha visto el hace-pipí al león y que lo tenía muy grande, a la fobia. Incluso el niño encontraba un gran placer en exhibirse él mismo, algo que se manifestaba como ofrecimiento a sus amistades y en sus relaciones amorosas.

Ya ha establecido relaciones de interés por unas niñas y distancia con otras, incluso no se comporta igual con las niñas que él considera cultivadas, damas de su mundo y con las niñitas del casero.

Pero qué es lo que acontece para que esta forma abierta y dialogante, que no prohíbe ningún modo de expresión del niño, cambie, ¿qué es lo que se produce? Recordemos que sus padres en la manera de pensar su educación son modernos y permisivos con estas maneras.

Todo comienza cuando el niño produce un sueño, piensa que está con una niña, que es una de sus compañeras de vacaciones. Cuenta que está con la pequeña, luego vuelve a contarlo diciendo que es divertido. Dice «no solamente con Maridla, solo con Maridla». Esto no es concebible sino como siendo el plano de partida de las relaciones del niño con la madre. Esto se produce a los tres años y nueve meses y se nos dice que a los tres años y seis meses había tenido lugar el nacimiento de la hermanita. No solamente solo, sino solo con... es decir, que se puede estar con ella absolutamente solo, es decir, no tener como con la madre, esta intrusa. Podemos decir que Juanito ha necesitado unos meses para habituarse a la presencia de la hermanita.

Esta intrusión real de otro niño en la relación del niño con la madre puede ser un momento crítico, pero debemos poner el acento en ese «solamente solo», es decir, en que sea cual fuere la posición, el niño no está nunca solo con la madre. Debemos recordar la referencia que Freud nos hace acerca de la sexualidad femenina, donde nos dice que el niño siempre es para la madre un sustituto, una compensación, a eso que es lo que falta esencialmente a la madre, y que desde siempre no lo deja jamás solo con la madre, siempre estarán la madre, el niño y el falo. Y será en la medida en que la madre se sitúa y poco a poco es tomada por el niño como estando marcada por esta falta fundamental y de la que él, el niño, no le da más que una satisfacción, provisional y sustitutiva.

Es sobre esta base que se introduce, que se concibe lo que sobreviene con la introducción de la masturbación, este goce real con su propio pene.

El niño tiene que descubrir que es deseado por la madre por algo más allá de él mismo. Pero se trata de saber lo que significa esta sustitución significante, se trata de saber qué es para la madre, y en relación a ese falo que es el objeto de su deseo, cuál es la función del niño. No es lo mismo si el niño es la metáfora de su amor por el padre, que si es la metonimia de su deseo del falo que no tiene y que no tendrá jamás.

La madre de Juanito, habíamos dicho, en principio lo toma como un apéndice, como metonimia del falo, pero esto implica algo muy importante, pues no es en tanto falóforo que es metonímico, sino en tanto que totalidad. Es justamente ahí que se establece el drama. Todo iría bien si se tratara de su hace-pipí, pero no se trata de eso, es él todo entero el que está en causa, y es por estar todo él en causa que la diferencia comienza a aparecer en el momento que entra en juego el hace-pipí real, en el momento que deviene para él un objeto de satisfacción. Es en ese momento que comienza a producirse lo que se llama la angustia, la zona a no franquear. Lo que llamamos angustia se sostiene en esto, es que él puede medir toda la diferencia que hay entre aquello por lo que es amado y que él puede dar, y donde está en una relación donde es fundamentalmente imaginado y lo que puede hacer es imaginarse tal como es imaginado, es decir, pasar por la vía media si podemos expresarlo así.

A partir del momento en que existe como real no tiene mucha elección. Puede imaginarse otro de lo que es deseado y como tal fuera del campo imaginario en que ella podría hasta entonces encontrar satisfacerse por el lugar que él ocupaba ahí.

Freud nos dice que de lo que se trata es de algo que sobreviene de entrada, una angustia, pero ¿angustia de qué? El niño sueña, se despierta bruscamente porque su madre iba a partir, o «Tú vas a partir» le dice al padre. Se trata de algo que es una separación. Es en tanto él está separado de la madre, o cuando está con algún otro, que se manifiestan esas angustias y el sentimiento de angustia se distingue de la fobia.

¿Qué es una fobia? ¿Qué papel juega? Quizás la fobia no sirve para nada, todo hubiera sucedido bien si ella no estuviera allí. Por eso tenemos que preguntarnos qué es la fobia en esta ocasión, cuál la función de la fobia, cuál es la estructura particular de la fobia de Juanito, lo que nos llevará a tener alguna noción sobre lo que es la estructura general de una fobia.

Es diferente la angustia que la fobia, pues la fobia no es tan precisa, en tanto es al caballo marrón, verde, negro, etc., pero al final de la observación es a la mancha negra que el caballo tiene. El padre le interroga: ¿es el hierro que tiene en la boca? «No del todo» dice el niño. ¿Es el arnés? No. Y ese que ves ahí, ¿tiene la mancha? No, no, dice el niño. Y luego un día, fatigado, dice: sí, ese la tiene, no hablemos más. Lo que es seguro es que no se sabe nunca lo que es eso negro que está delante de la boca del caballo.

Hay un elemento negativo, alucinatorio, en esta cabeza de caballo.

Es distinto el sentimiento de angustia ante la idea de que puede ser puesto fuera de juego por la hermanita, que él mismo puede no ser nada, que no es más que eso que tiene aire de ser algo, pero que al mismo tiempo no es nada, y que se llama una metonimia. Pero cuando entra en juego en su existencia la fobia ¿qué ocurre? No siente angustia ante los caballos, es miedo, él teme que ocurra algo real: que los caballos muerdan o que los caballos caigan.

La diferencia que hay entre la angustia que literalmente es algo sin objeto y la fobia, es que para la fobia de lo que se trata no es del todo de la angustia, los caballos salen de la angustia, pero lo que llevan es el temor, y el temor, de una cierta manera, concierne siempre a algo articulable, nominable de real. Esos caballos pueden morder, esos caballos pueden caer, esos caballos pueden conservar en sí mismos la traza de la angustia de la que se trata, y tal vez haya alguna relación.

Lo que hay en Juanito es el temor, pero temor ¿de qué? No el temor al caballo, sino el temor de los caballos, de manera que a partir de entonces el mundo aparece puntuado por toda una serie de puntos peligrosos, de puntos de alarma. Por eso que nos tenemos que preguntar: ¿qué es una fobia, una especia mórbida o un síndrome? No olvidemos que la forma más habitual de presentarse la fobia es la agorafobia, la fobia de castración. En la agorafobia tenemos un mundo puntuado por signos de alarma, y esos signos dibujan un campo, un dominio, introducen en el mundo del niño una estructura, una cierta manera de poner en primer plano la función de un interior y un exterior.

El sujeto antes de habitar el lenguaje, antes de que su habitación sea la habitación del lenguaje, se encuentra en una relación con el espacio.

Hasta ahí el niño estaba en el interior de la madre, viene a ser rechazado o a imaginarse rechazado en la angustia y lo tenemos ahí, con la ayuda de algo, la fobia, que en suma instaura un nuevo orden del interior y el exterior, una serie de umbrales se ponen a estructurar el mundo. Pero como las ciudades, no se construyen de cualquier modo, hay campos trabajados y zonas verdes, por eso Freud nos dice que la fobia está construida delante del punto de angustia.

Transforma la angustia en temor, y el temor es más tranquilizante que la angustia. El temor interviene en el conflicto neurótico como algo que defiende como avanzada y es la fobia la que nos permite articularlo. La cuestión de la fobia se plantea en relación a lo cual ella es llevada a responder.

Recordemos que habíamos dicho que hay un momento en la producción del sujeto en el que la madre simbólica deviene real y el objeto de la satisfacción, el seno, deviene simbólico. Es por esto que aparece el agujero real que es justamente lo que no existe, en tanto es pleno, pues para hacer un agujero en lo real es necesario introducir allí un objeto simbólico.

Para el niño lo más importante es la madre, por eso se dedica a hacerse su objeto de amor, y se va dando cuenta que es como tercero que él se tiene que introducir, que debe ubicarse en alguna parte entre este deseo de su madre y este objeto imaginario que es el falo.

Es por esto necesario que el niño pase por la teoría infantil de la madre fálica, y hay una necesidad estructural y estructurante del pasaje por el complejo de castración. Y es por esto que neurosis y perversión están estructuradas por la misma dialéctica.

Hablamos de la importancia de las teorías infantiles de la sexualidad en el desarrollo libidinal del niño, en tanto actividad de búsqueda concerniente a la realidad sexual que envuelve toda la actividad del sujeto y dirige los afectos o las afecciones del sujeto según líneas de imágenes matrices.

Es por eso que más allá de la forma interrogativa del padre de Juanito, que parece una dirección dada a sus respuestas algo se produce. Más allá de estas intervenciones que Freud cataloga a veces de groseras e incluso de francamente desafortunadas, que en realidad llevan al padre a una serie de malentendidos, más allá de este interrogatorio casi inquisitorial, algo se produce. Algo que está lejos de ser independiente de esta intervención paterna, con todos sus defectos puntuados y señalados por Freud, pues es manifiesto que se ve en el comportamiento y en sus construcciones que Juanito responde a la intervención paterna. Podríamos decir incluso que le vemos «desbocarse» e incluso vemos a la fobia tomar un carácter de aceleración, de hiperproductividad.

El carácter imaginativo no depende del interrogatorio aunque no deja de ser provocada por la pregunta, es decir que aunque provocada por una pregunta, la productividad delirante del enfermo se manifiesta con su forma y su fuerza de proliferación propia, estrictamente, según sus propias estructuras.

En el caso de Juanito más que una producción delirante parece una producción lúdica, más bien parece que Juanito tiene dificultades en rematar el lazo y sostener tal o cual vía en la que se engancha, sin embargo no dejamos de percibir la suerte de necesidad estructural que preside, no sólo a la construcción de cada uno de los pequeños mitos sino también su progreso, su transformación, y no es precisamente el contenido lo que importa, habíamos dicho, sino el paso por el complejo anal y el complejo de castración.

Vemos entonces a Juanito reaccionar a la intervención del padre real y esto es lo que importa.

Sabemos que antes de que estalle la fobia está el nacimiento de su hermanita, pero hace ya 15 meses, también está la intervención del pene real, pero hace ya un año, también gracias a la confianza que tiene con sus padres confiesa su masturbación, pero también hace un cierto tiempo. Todos estos son problemas que Juanito resuelve o no resuelve, son cuestiones por las que tiene que pasar todo sujeto para serlo. También está la cuestión del orgasmo, y no solamente el propio sino el de los padres, en tanto no hay en el pasado de los niños, algo tan difícil de integrar, como las relaciones sexuales entre los padres. Lacan nos habla del carácter aniquilante del orgasmo en el paranoico, en tanto tiene el carácter de invasión desgarrante, de irrupción zozobrante, y que este mismo carácter se presenta en algunos sujetos con la novedad del pene real.

Tenemos a Juanito cuando llega el momento de la aparición de la fobia y vemos que es el padre el que se da cuenta que hay algo que está ligado a una tensión con la madre. Freud sabe de la importancia de la relación simbólica imaginaria del niño con la madre y sabe de la importancia del falo para la mujer. Y no es que las mujeres estén más condenadas que otros a desear lo que no tienen, sino que es por razones del orden de la existencia, de la instancia propia del significante, en tanto es porque el falo tiene en el sistema significante un valor simbólico.

Sabemos que el sistema del significante o el sistema del lenguaje, para definirlo sincrónicamente, o del discurso, para definirlo diacrónicamente, es algo en el que el niño entra de entrada, pero que no entra en toda su amplitud, sino de esa manera puntual a propósito de las relaciones con la madre, que está o no está. Sabemos que la primera experiencia simbólica es algo totalmente insuficiente, en tanto no se puede construir todo el sistema de relaciones del significante alrededor del hecho de que algo que se ama esté o no esté, en tanto no podemos resolverlo con dos términos, pues son necesarios otros términos.

Se trata de saber si son tres, si son cuatro, en tanto el Edipo nos da tres e implica un cuarto pues es necesario que el niño franquee el Edipo, es necesario que el padre intervenga, es necesario que intervenga la rivalidad con el padre y el deseo inhibido por la madre.

Todo se juega en las relaciones con la madre pero también están esas otras nuevas relaciones, como la nueva hermanita que no pega exactamente con el mundo de la madre, pero que le ponen frente al pensamiento de la noción de lo grande y lo pequeño, de lo que no está y de lo que está, también le enfrenta a lo que aparece y a la noción de crecimiento y de la emergencia de la talla.

Frente a su hermanita le vemos planteando: «ella no tiene aún dientes», «ella crecerá», «hay quienes no tienen eso», esto último con la ayuda del padre. Es después de una intervención del padre, que no podemos olvidar que está bajo las instrucciones de Freud, que le insiste sobre que las mujeres no tienen falo, que es inútil que lo busque, es entonces cuando se produce el fantasma de las dos jirafas. Llora, va a la cama de los padres, se le devuelve a su habitación, y al día siguiente se le pregunta de qué se trata, y se trata de un fantasma, se trata del fantasma de las dos jirafas.

Hay una gran jirafa y otra pequeña. El padre la interpreta como si se tratara del padre y la madre. Lo cual se podría discutir, aunque se trata en efecto de retomar la posesión de la madre, frente a la cólera del padre. Cólera que no es real, pues el padre jamás se deja llevar por la cólera, desgraciadamente. Pero Juanito señala: tú debes montar en cólera, tú debes estar celoso.

Recordemos que habíamos dicho que el niño está tomado en el deseo fálico de la madre como metonimia, el niño en su totalidad es el falo, por eso podemos pensar que el niño faciliza, bajo la forma de un doble, la madre toda entera, fabricando una metonimia de la madre. Las dos jirafas, son la madre y él mismo. El pasaje de lo imaginario a la simbólico no puede ser mejor traducido. La jirafa arrugada Juanito la dibuja y arruga el papel, sentándose encima para expresar que se trata de una jirafa arrugada. Esto es del mismo orden que un jirafa con hace-pipí que hacía algún tiempo había dibujado y que para Freud estaba ya en la vía del símbolo. En tanto el hace-pipí era un trazo pero separado del cuerpo de la jirafa.

Vemos a Juanito tratando de buscar una solución pero ¿la solución de que?

Por un lado el pene ha quedado fijado pero aparece lo perforado, sueña que es perforado, la muñeca es perforada, hay cosas perforadas de adentro para afuera, de afuera para dentro. Después aparece un tercer término, es el agujero abierto, se puede colocar y volverla a colocar, es amovible y el niño introduce el tornillo. El instalador o el cerrajero, viene y desatornilla, después el instalador o el fontanero viene y le desatornilla el pene para colocarle otro.

Es con la introducción de este tercer término, agujero abierto, que llega a la resolución del problema. Es a través de la noción de que este falo también es algo que está tomado en el juego simbólico, que puede ser combinado, que está fijo pero que es movilizable, que circula, que es un elemento de mediación. Hasta que el portador sea el padre.

Nos encontramos en la vía por donde el niño va a encontrar su primer respiro, va a encontrar una solución aproximativa del complejo de Edipo.

El objeto que simboliza, de la manera más simple, en esta construcción mítica, el falo, para el niño, es la piedra. La encontramos en todos los lados, en la escena mayor del diálogo con el padre, el verdadero diálogo resolutivo que vamos a encontrar. También está la piedra en el hierro que martillea en el casco del caballo, que también juega su rol en el pánico auditivo del niño. Se aterroriza cuando el caballo golpea contra el suelo con el freno al cual está fijado algo que no debe estar totalmente fijado. En suma es un progreso de lo imaginario a lo simbólico, es una organización de lo imaginario en mito, algo que está en vías de una verdadera construcción mítica, una construcción mítica colectiva. Pero es necesario el paso por una construcción individual.

Lacan nos dice que quizás todos los complejos de Edipo no tienen la necesidad de pasar así por esta construcción mítica, pero todos pasan por la transposición simbólica, porque la presencia del padre debe ser simbolizada por su ser o por su no ser. Es algo de este orden, en lo que está implicado, todo lo que encontramos en el análisis de Juanito.

Otras Conferencias

 

C/ Princesa, 13 - 1º Izq. 
28008 Madrid - Telf.: 91 758 19 40
actividades@grupocero.info